Nuevatribuna

Ni un simple gesto hacia el independentismo

La derecha española como no ha creído nunca en el Estado Autonómico, aprovechará la ocasión para intensificar el proceso de recentralización ya iniciado con los gobiernos de José María Áznar. Una visión uniforme de España. En definitiva, el programa de FAES

No quiero detenerme en las razones que nos han conducido a la situación actual en Cataluña. Es el problema político de más calado en los últimos cien años en el Estado español. Ya hemos escrito bastante sobre sus causas. Es intolerable la actuación del Govern a partir del 6 y 7 de septiembre. Como incomprensible el autismo político del gobierno de Mariano Rajoy. Pero de lo que se trata ahora, lo verdaderamente importante, es una salida razonable de este gravísimo problema. Ser razonable significa dialogar, tender puentes. No lo es la imposición de una paz cartaginesa. Como la impuesta  a Alemania en el Tratado de Versalles después de la Primera Guerra Mundial y que fue la causa la Segunda Guerra Mundial.

Está claro en este momento quién se siente vencedor. Como también que su objetivo es el de humillar al vencido. Ni la mínima concesión para desbloquear el problema. A los vencidos se les tiene que aplastar aplicando  la ley de una manera implacable, y además de someterles al escarnio público. La caricatura como forma de deshumanización. A tal tarea se han sumado con auténtico frenesí la mayoría de los grandes medios de comunicación. Acabamos de comprobarlo con los mensajes de Comín. Por cierto, su captura es un ataque frontal al artículo 18 de nuestra Carta Magna. Pero esta circunstancia es considerada irrelevante, porque por encima de todo debe predominar el derecho a la información. Alucinante. Por supuesto, no han faltado conspicuos y perspicaces catedráticos de Derecho Político para legitimar tal tesis. ¡Qué regocijo en Moncloa, Inés Arrimada y en la mayoría de las televisiones y periódicos de toda España por la muestra de vulnerabilidad de Puigdemont! ¡Qué ejemplaridad de periodismo de investigación! El caso Watergate va a quedar empequeñecido. En un ejemplo de autismo político, piensan que ya está acabado definitivamente el procés, el movimiento independentista  con todos los líderes y las asociaciones ciudadanas de los Jordis.

Ni el mínimo gesto por parte del gobierno hacia el movimiento independentista. Ni por supuesto por Cs. Ambos rivalizan para mostrarse más duros. Psoe y Podemos desaparecidos. La prensa exige sangre.  Los jueces a lo suyo.  Y en política los gestos son muy importantes. Al respecto me parecen muy oportunas las palabras expuestas por Miquel Roca el día 10 de enero en La Comisión para evaluación y modernización del Estado autonómico: “Casi puede ser rebajar la atención de sus señorías, pero a veces en Madrid, en una conferencia o en un coloquio, me han pedido que hable —es curioso— de la situación de Cataluña y yo les cuento una historia. Imagínense a un marido que llega a casa y que al abrir la puerta se encuentra en el recibidor a su mujer, que se ha estado preparando toda la tarde para decirle: Quiero separarme, vamos a separarnos; ya no aguanto más. Y el marido dice, esto que ahora se lleva de otras maneras: ¿Pero tú qué te has creído? Si te vas a quedar sin pensión; yo me quedaré con los hijos; no tendrás mi coche ni segunda residencia, etcétera. Entonces, la mujer va y se pone a llorar. Y le pregunta: Y ahora desgraciada, ¿por qué lloras? Le contesta: Porque yo pensaba que me dirías que todavía me querías. Los gestos son estos. Ya sé que es rebajar, pero los gestos son estos.”    

Por ende, me siento muy escéptico de que se pueda encauzar este problema de una manera razonable,  y por ello hago mías las palabras de Manuel Azaña en el Congreso de los Diputados en su discurso sobre el Estatuto de Cataluña en 1932  “Todos los problemas políticos, señores diputados, tienen un punto de madurez, antes del cual, están ácidos; después, pasado ese punto, se corrompen, se pudren...”

Esa insistencia en la Unidad con mayúsculas, en vez de la unión con minúsculas, desde abajo, para lo único que sirve es para alentar el independentismo. Cualquier persona sensata lo puede ver. Pero la sensatez no es una de las características de la derecha española

Me temo que el problema ya ha superado su punto de madurez. La derecha española nunca aprende  de la Historia. El nacionalismo español nunca ha defendido la autonomía política por convicción, lo ha hecho por resignación. Ahí va una prueba: En unos artículos de José María Áznar escritos en 1979, antes de entrar en política, mostraba su visión del asunto: “En lugar de concebir un plan ­serio y responsable de organización territorial de España, se ha montado una charlotada intolerable que ofende el buen sentido”. Así es imposible la construcción positiva de un Estado Autonómico con horizonte federal, que hubiera podido evitar la expansión, de momento irreversible, del independentismo. Lo expresó muy bien Miquel Caminal, tristemente desaparecido, en octubre de 2013 en un documento interesantísimo Trilogía federal: tres cartas de un federalista catalán: “Aún se está a tiempo de no perder un último tren federal en España, si se quiere evitar realmente la deriva independentista en Catalunya. No debería ser tan inalcanzable en democracia, emprender una reforma constitucional en sentido federal, que como mínimo desarrollara el modelo autonómico, teniendo como referencia el federalismo alemán en su organización institucional, distribución de competencias y sistema fiscal, así como el federalismo suizo, en cuanto al reconocimiento constitucional de las lenguas y culturas. Se puede pedir más, pero esto ya sería un éxito y tendría efectos muy positivos en la desactivación de todos los nacionalismos, central y periféricos, y, en lo principal, conseguiría una mayor identificación y lealtad compartida de los ciudadanos y pueblos de España. Es verdad que persistirían las reivindicaciones nacionalistas finalistas, aquellas que no consiguen satisfacción si no es mediante un Estado soberano e independiente. Pero la turbulencia nacionalista se habría suavizado y, quizá, se habría conseguido aquella rectificación azañista, tan necesaria para que España siga, por fin, el principio que los conflictos en democracia, incluidos los nacionales, se resuelven con más democracia y no con menos libertad”.

Pero la derecha española no quiere saber nada de federalismo. Lo acaban de expresar Pérez Llorca y  Herrero de Miñón en el Congreso. De este último son estas palabras: Yo para la reforma de nuestro sistema autonómico partiría de la negación de la vía federal. No creo que la vía federal sea la conveniente. ¿Por qué creo esto? En primer lugar, porque el federalismo es un concepto muy polémico, con razón o sin ella, para bien o para mal. El federalismo es un concepto de esos que Ortega decía que tienen pico y garras, que levantan ampollas en gran parte de la opinión y entusiasmo en otra parte de la opinión y, a veces, los entusiasmos y las fobias coinciden. Creo que si nos ahorramos el término federal, como nos lo ahorramos ya en el año 1978, damos un gran paso por la vía del consenso, pues es polémico. En segundo lugar, es indeterminado. Y en tercer lugar, es costoso”. Más claro imposible.

Como conclusión final, la derecha española como no ha creído nunca en el Estado Autonómico, aprovechará la ocasión para intensificar el proceso de recentralización ya iniciado con los gobiernos de José María Áznar. Una visión uniforme de España. En definitiva, el programa de FAES. Esa insistencia en la Unidad con mayúsculas, en vez de la unión con minúsculas, desde abajo, para lo único que sirve es para alentar el independentismo. Cualquier persona sensata lo puede ver. Pero la sensatez no es una de las características de la derecha española.