martes. 16.07.2024
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Los podólogos llevan años alertándolo. Un buen calzado puede evitar lesiones que, en ocasiones, son el origen de problemas relacionados con el dolor de espalda. Sin embargo, y a pesar de la insistencia de los especialistas, hasta hace algunos años el calzado de protección era incómodo, de modo que la mayoría de los trabajadores evitaba usarlo.

Con los años esta situación ha ido cambiando. La toma de conciencia, unido al hecho de que los fabricantes hayan invertido en materiales y comodidad, ha generado un boom en el sector. De hecho, en la actualidad encontramos gran cantidad de comercios especializados en este tipo de artículos. El calzado de trabajo en Prolaboral es un ejemplo.

Lo cierto es que los materiales utilizados, la suela o el grado de transpirabilidad del zapato deben ajustarse en todo momento a la labor que se desempeña. No es lo mismo trabajar como agricultor en el campo que estar sometido a altas temperaturas. De igual modo, no necesita el mismo calzado una persona que trabaja frente a un ordenador que el trabajador de un almacén.

Calzado para cada caso

El calzado de seguridad depende en gran medida de la labor desempeñada. Algunos zapatos cuentan con unos materiales más seguros y resistentes que otros. Por ello, los fabricantes han ido adaptando la suela, la puntera o la propia forma con el fin de hacer más llevaderas las jornadas de trabajo.

El calzado de seguridad adaptado a ciertas profesiones debe cumplir unos requisitos que están regulados. Entre ellos, la suela antideslizante pretende terminar con la primera causa de accidente laboral. La protección de la puntera se reguló con el objetivo de evitar el impacto de ciertos materiales.

Un claro ejemplo de esta normativa se puede observar en las botas de forestal, un calzado específicamente diseñado para los trabajadores de los bosques que se mueven por el entorno natural. Con el fin de evitar problemas relacionados con los resbalones, su suela es antideslizante.

La normativa también contempla diferentes tipos de categorías, dependiendo del grado de seguridad. Así, podemos encontrar desde un calzado SB, de seguridad básica, hasta un S5, el máximo grado.

Sin embargo, adaptar el calzado al trabajo no es solo una cuestión de seguridad. En la mayoría de los casos, es la protección y salud del trabajador lo que está en juego. Así, en los laboratorios o entornos encharcados en los que los trabajadores se mueven, el calzado debe caracterizarse por una suela antideslizante y un material ágil.

Las personas que trabajan al aire libre, como agricultores o ganaderos, tiene otras prioridades. Entre ellas, deben protegerse de las condiciones meteorológicas, así como asegurar el tobillo para no sufrir ninguna complicación. Por ello, en estos trabajos las botas de campo son la opción más demandada.

Los trabajos en los que el movimiento es constante precisan comodidad. Sin embargo, los índices de seguridad dependerán de cada trabajo. Los guías turísticos, por ejemplo, necesitan un calzado cómodo como el de las deportivas, mientras que los mozos de almacén precisan de un material resistente para, en caso de caída de algún producto, los pies estén protegidos.

En este sentido, es importante no dejarse llevar por modelos o marcas que estén de moda. La seguridad es lo que está en juego.

Un buen calzado de trabajo evita lesiones inesperadas