martes. 28.05.2024

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Canarias tiene un límite”. Desborde en las islas y eco en la diáspora canaria en Europa. La cabecera de las movilizaciones del 20 de abril funciona porque representa, a la vez, un estado de ánimo y un momento de época. 

En lo concreto, la reivindicación de los límites engloba un hartazgo hacia los alquileres abusivos, la colonización turística de las ciudades, las dificultades para encontrar un empleo, la destrucción del territorio o la necesidad de muchos canarios de abandonar el archipiélago para su desarrollo tanto personal como profesional, entre un interminable listado de cuestiones. En lo estructural, parece revelar algo más profundo: el contrato social canario se ha roto.

El contrato social siempre es un acuerdo (tácito o explícito) entre el bloque de poder y el pueblo porque todo ejercicio del poder requiere, al menos, de cierto consentimiento de los gobernados. Se sostiene sobre un conjunto de consensos que permiten un estado de dominación, convivencia y funcionamiento de las cosas. No engloba sólo las normas escritas sino también los repartos simbólicos de posiciones, las expectativas y las promesas de los sectores dirigentes al pueblo. Cuando funciona define la legitimidad tanto de los límites como de las posibilidades de una comunidad política, mientras que cuando se rompe abre una pugna entre el pueblo y la oligarquía sobre su reescritura.

Los límites son un patrimonio democrático del pueblo. No sólo son deseables, sino que constituyen la protección de la mayoría frente al abuso de las oligarquías

La aceptación del modelo de desarrollo canario reposaba sobre algunos consensos: el pueblo renunciaba a la diversificación productiva a cambio de que el turismo mejorara su calidad de vida, se diferenciaban territorialmente las zonas turísticas y las zonas residenciales y aparcábamos ciertas cuestiones de nuestro carácter archipelágico (reclamación de las aguas o política portuaria) a cambio de los beneficios de formar parte de la Unión Europea.

La ruptura por parte de los sectores dominantes de estos consensos ha cristalizado en un descontento popular que tiene en las movilizaciones del 20 de abril su acto instituyente. 

Una vez agotada la locomotora de la construcción, las cifras históricas de turistas (casi 14 millones) no impiden que los indicadores de pobreza (26,1%), salario medio (1.630 euros mensuales, el segundo más bajo del país) o desempleo (16% a finales de 2023) sean incompatibles con una vida digna, mientras que el coste medioambiental es ya inasumible. La entrada en escena del alquiler vacacional ha convertido edificios de uso residencial en hoteles de facto, contribuyendo a disparar el precio de los alquileres y transformando los barrios en pasajes turísticos frente a la incrédula mirada de los vecinos de toda la vida. Por otro lado, la aventura europea ha alimentado la compra de vivienda por extranjeros que ya supone casi un 30% del total, siendo adelantados sólo por el País Valenciano y las Islas Baleares.

Los límites son un patrimonio democrático del pueblo. No sólo son deseables, sino que constituyen la protección de la mayoría frente al abuso de las oligarquías. Que el descontento se articule alrededor de ellos permite al pueblo canario recuperar la confianza en sus propias fuerzas, tener un diagnóstico compartido sobre lo que está ocurriendo y dibujar un horizonte común hacia el que dirigir sus esfuerzos. 

Desencadenar un momento democrático, nacional y popular es la vía para que la cadena plural de críticas e impugnaciones hacia un modelo que no funciona tome forma de agenda para la transformación integral del archipiélago

Que se hayan colocado sobre la mesa banderas como la moratoria, la tasa turística o la regulación de los alquileres son invitaciones a abrir una gran conversación sobre el rumbo del archipiélago. Toca dos elementos clave para cualquier cambio de modelo: el tiempo (y espacio) para plantear alternativas y la redistribución de la riqueza.

Es probable que entremos en un periodo donde se dispute el sentido del modelo de desarrollo de Canarias. Además de la masiva afluencia de manifestantes, el condicionamiento del debate público en estas claves ya es un éxito del movimiento. Sin embargo, a la airada reacción de los sectores dominantes frente a las reclamaciones le seguirá alguna estrategia de seducción, posiblemente con propuestas que busquen romper el bloque de impugnación y desinflar el descontento.

En este contexto, la clave para que el pueblo obtenga éxitos es la claridad en el rumbo. Si el descontento es el pegamento y el cambio de modelo la aspiración compartida, desencadenar un momento democrático, nacional y popular es la vía para que la cadena plural de críticas e impugnaciones hacia un modelo que no funciona tome forma de agenda para la transformación integral del archipiélago.

Del descontento a la victoria de los nuevos consensos. De la reivindicación de los límites a la gran conversación para dibujar un nuevo modelo. Y del momento democrático, nacional y popular a un nuevo contrato social donde el reparto de la riqueza, la diversificación productiva y el cuidado del territorio sean parte inseparable del futuro de Canarias.

Se abre una ventana de oportunidad inédita y Canarias puede aprovecharla. Esto no ha hecho más que empezar.


David Comas Rodríguez es analista político

Canarias: límites para un nuevo contrato social