viernes. 12.04.2024
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Escena de la obra de teatro 'Orlando' de Virginia Wolf.

“Entonces, puedo deciros que las palabras que a continuación leí eran exactamente éstas: A Chloe le gustaba Olivia… No os sobresaltéis. No os ruboricéis. Admitamos en la intimidad de nuestra propia sociedad que estas cosas ocurren a veces. A veces a las mujeres les gustan las mujeres”, escribe Virginia Woolf, en Una habitación propia. Y es que la lectura hecha por el feminismo de sus obras ha señalado que, tanto en Una habitación propia (1929) como en Tres guineas (1938), censurados en la Alemania nazi, encontramos ideas que son un reflejo del dilema central que afecta al feminismo actual: el debate entre la igualdad y la diferencia. Estas obras, además, abordan la temática del temor a la guerra –Woolf, casada con un judío, temía el avance del fascismo– y las clases sociales. El título de Una habitación propia proviene de la idea de Woolf de que, “una mujer debe tener dinero y una habitación propia para poder escribir novelas”. Es un llamamiento a la independencia económica y social y a la licencia poética y libertad personal para crear arte.

Liberar a la mujer de las excrecencias morales y políticas del patriarcado y a la sociedad de la violencia física y psicológica del fascismo, parece que siguen siendo batallas póstumas que Woolf debe librar como cuando estaba viva

Liberar a la mujer de las excrecencias morales y políticas del patriarcado y a la sociedad de la violencia física y psicológica del fascismo, parece que siguen siendo batallas póstumas que Woolf debe librar como cuando estaba viva. La irrupción de la extrema derecha en las concejalías de cultura de numerosos municipios vaticina actuaciones que parecían desterradas de la práctica política. Intervenciones inaceptables como la que ha denunciado la compañía Teatro Defondo, cuya representación de Orlando de Virginia Woolf prevista para el 25 de noviembre en Valdemorillo (Madrid), dentro del programa del Festival 7 Villas de la Comunidad de Madrid, ha sido cancelada por “decisión del equipo de Gobierno”. La nueva concejala de Cultura y Turismo, Victoria Amparo Gil Movellán, del partido de ultraderecha Vox, ha tomado esa decisión en sus primeras horas en el cargo.

Decía Ortega y Gasset que simplificar las cosas en realidad suponía no haberse enterado bien de ellas. Pensar que la ultraderecha europea es similar al neofranquismo español es una boutade histórico-política. El ministro de Cultura del gobierno de la ultraderechista italiana Meloni, Gennaro Sangiuliano, ha manifestado con relación a la paranoia fascistoide censuradora de VOX: “Soy contrario a cualquier forma de censura. Se puede combatir sobre el plano de las ideas, pero no de la censura”. Hay caminos imposibles de recorrer en un Estado democrático incluso desde la derecha radical a no ser que, como en España, el franquismo renovado ha sido la pulpa nutritiva del régimen del 78. El desparpajo con el que Feijóo miente, oculta sus propósitos en caso de llegar al gobierno y deja que la hegemonía cultural la defina VOX allí donde gobierna en coalición con el partido de Abascal, define la fragilidad democrática de un régimen donde la mentira es capaz de crear prejuicios consistentes. Es algo muy propio de los sistemas fascistas. En el siglo XX, Hitler reivindicaba su derecho a faltar a la verdad al expresar que: “jamás diría una mentira en mi beneficio personal, pero no hay mentira que no esté dispuesto a decir por Alemania”.

“Sánchez o España” un eslogan de ideología puramente franquista, donde Sánchez es la antiespaña, lo antiespañol, enemigo de la nación, de la nación a la hechura de la derecha carpetovetónica. Ese concepto ideológico contra el adversario político, ya se define en los primeros momentos del golpe de Estado fascista contra la República. El coup de force militar del 18 de julio de 1936 fue una operación minuciosamente planificada. En palabras del director del golpe, el general Emilio Mola, una vez declarada la sublevación militar había que "eliminar sin escrúpulos ni vacilación a todos los que no piensen como nosotros.”Ese concepto patrimonialista de la nación siempre ha sido excluyente y antidemocrático.

Cuando Feijóo miente y si resultara que ello no le supusiera coste político alguno, la dicotomía Feijóo o democracia, tendría como perdedora a la democracia.

Virginia Woolf sin habitación propia