miércoles. 24.04.2024

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Resulta muy conveniente para conocernos mejor el recurrir a personas de fuera, que, al no estar inmersos en el fragor de la batalla diaria, les permite tener una visión más imparcial. Ejemplos de tal afirmación son abundantes. Citaré algunos. Gerald Brenan con El Laberinto español de 1943. George Orwell con Homenaje a Cataluña de 1938. Paul Preston con El Holocausto español de 2011; y Helen Graham con la mejor obra sobre la Guerra Civil, Breve historia de la guerra civil de 2011.

Del periodista portugués Gabriel Magalhâes es el libro, Los españoles. Un viaje desde el pasado hacia el futuro de un país apasionante y problemático de 2016. Uno de los aspectos más relevantes que el autor manifestó en la presentación de su libro es que España es un país “de alto voltaje”, atravesado por una línea de tensión y en el que siempre hay una parte que tiene miedo de quedar excluida. En este sentido, revela que siempre que vuelve a su país desde España se “desenchufa” y le invade una sensación de tranquilidad difícil de percibir en el país vecino de Portugal. “En España no se puede estar distraído” y “Es perfectamente posible que todo el mundo quepa, que nadie perciba riesgo de ser excluido, que todos puedan ser tal como es y que el resto se alegre de ello”. La tensión como esencia de lo “español” es clara, nada más hay que repasar nuestra historia, llenas de fratricidas guerras civiles, lo que no impide un optimismo trágico, una valentía desafiante (como la del personaje central de El 3 de mayo en Madrid de Goya) y un realismo pragmático, representado por Santa Teresa. Sobre ese sedimento histórico, que sigue presente, Magalhâes señala unas ideas claves para que España prosiga unida su destino y sin quebrantos. Hace falta consolidar la democracia para construir un espacio donde todo el mundo esté a gusto, ya que esta tradición no está plenamente asentada, como en el Reino Unido o USA. Se ha de crear una ética republicana, una ética para valorar el sentido auténtico de lo público, ausente en nuestro sentir. La tarea educativa es fundamental para contrarrestar el carácter nocivo de la televisión e Internet, como canales de desinformación. La televisión, nos dice, es una máquina perfecta de no pensar; que hipnotiza y adormece el alma de los españoles; por ello preconiza que los canales de televisión públicos y privados ofrezcan contenidos de calidad. Y, por último, nos aconseja “El grupo dirigente que fuera capaz en el ámbito de la lengua de llevar un cambio legislativo modificaría la historia del país y garantizaría la unidad de la nación para mucho tiempo. Este cambio legislativo sería: el aprendizaje en la escuela, además de la materna, de otra lengua peninsular. No habría mejor disolvente para la crispación. “Una fuente de tolerancia” que contrasta con una visión política que se obstina en definir Babel como un anuncio apocalíptico del fin de la unidad de España.

Para la derecha española el poder es suyo. Y por ello, todo vale para conseguirlo, aunque sea provocando gravísimas crisis institucionales

El pasado día 24 de marzo de 2024, el periodista John Carlin publicó una entrevista al expresidente de Uruguay, Pepe Mujica en LaVanguardia. Realiza Carlin un comentario muy claro sobre la extraordinaria crispación en nuestra querida España, “Llevo cuatro días en su país, Uruguay, le digo, y lo que me asombra es la diferencia de tono con lo que vivimos en España, una jaula de locos en comparación. Uno no puede hablar de política sin que, a los cinco minutos, alguien empiece a escupir sangre contra Pedro Sánchez, o Isabel Ayuso, o Carles Puigdemont, o Pablo Iglesias, o Arnaldo Otegi, o alguien. En cambio, aquí en Uruguay, a diferencia no solo de España, pero de casi cualquier país de Occidente, sin excluir a la vecina Argentina, todo es respeto, serenidad, consenso y paz, y los hechos lo demuestran. En los rankings de la ONU y otros organismos internacionales, Uruguay queda segundo en las Américas, solo detrás de Canadá, en democracia, transparencia y seguridad. ¿Cómo han logrado distanciarse de tal manera del mundanal ruido?

La respuesta de Pepe Mujica es clara: “Hace 100 años aquí instauramos la socialdemocracia. El Uruguay tuvo allá por 1910 un proyecto que, usando el lenguaje contemporáneo, llamaríamos socialdemocracia. Entró como un crucero, se quedó y se ancló. Hubo una generación de gente liderada por el presidente José Batlle y Ordóñez que modeló ciertas cosas –como las ayudas públicas, como los derechos de las mujeres– que tiñeron la historia del Uruguay, al punto que los suecos vinieron a estudiarlo y trasplantaron cosas de acá”. Y salvo con la dictadura de 1973 a 1985, ningún gobierno, ni de derechas ni de izquierdas ha tenido la osadía de quitar esas políticas sociales. Y además se instaló la idea hace más de cien años acá de la separación de la Iglesia del Estado. Hoy menos del uno por ciento de la población es practicante, de lejos el índice más bajo de América Latina. Pienso, dice Mujica, que las religiones monoteístas le han hecho un mal a la humanidad de la puta madre. Han generado un fanatismo y una intolerancia en el fondo que se extiende al mundo político”. Tales palabras de Mújica son de profundo calado y sirven para explicar determinados planteamientos políticos. La socialdemocracia ha sido la propulsora del Estado de bienestar con el objetivo de corregir la desigualdad. Es claro, que donde prolifera la desigualdad, hay tensión, hay polarización y la democracia puede sucumbir. En cuanto a la separación de Iglesia y el Estado, es clave también. Sigue diciendo Carlin: “Como feliz consecuencia, me explicaron, en Uruguay los políticos no son cautivos de aquellos antiguos hábitos mentales absolutistas, cargados de indignación moral, que caracterizan a tantos políticos españoles, sean creyentes o no”. Y tal afirmación me parece muy importante para explicar el protagonismo de la Iglesia católica en España, que ha sido un grave impedimento para nuestra modernización. Sobre este tema en este medio he escrito varios artículos. Uno de ellos es el titulado La claudicación del liberalismo español ante la Iglesia católica. La intransigencia de la religión católica sigue vigente e impregna de pleno a los partidos de la derecha española. Estos mantienen un cordón umbilical con la Iglesia católica y siguen sus mandatos. Podemos observar desde la implantación de la democracia cómo las derechas se opusieron sucesivamente al divorcio, el aborto, el matrimonio homosexual y por último a la eutanasia, siguiendo el mensaje de la Conferencia Episcopal. Luego, los políticos de esas derechas, en un ejercicio de hipocresía y cinismo, no tienen ningún problema en divorciarse, abortar, casarse con personas del mismo sexo o la eutanasia. Esta es la derecha, que tenemos. Con estos bueyes hemos de arar.

En un artículo del mismo John Carlin, titulado Para sentir vergüenza como español, me ha impactado e impresionado extraordinariamente el siguiente hecho relacionado con un taxista de Montevideo. Ya conocemos el sentir y pensar políticamente del gremio de la mayoría de los taxistas españoles, que llevan siempre conectada la emisora de la COPE, o al ínclito Federico Jiménez Losantos. No me resisto a relatar una anécdota de un amigo al respecto. Sube al taxi, que llevaba conectada la COPE, del gran Carlos Herrera. Le pidió con respeto que la quitase, porque le molestaba sus comentarios. El taxista, se enfadó. Mi amigo insistió, que la quitase, ya que como cliente tenía derecho a oír o no tal emisora. El taxista más cabreado, le dijo que no. Mi amigo, le dijo que parase que se iba a bajar del taxi. Y así efectivamente lo hizo. No quiero comentar los improperios del taxista. 

Relatada la anécdota, retorno al taxista de Montevideo, según cuenta John Carlin. El contraste con el gremio de los taxistas españoles es impresionante. Es para reflexionar. “Les ofrezco como ejemplo el taxista que me recogió en el aeropuerto. Es un tópico lo del taxista que le explica su país a un periodista extranjero, pero lo curioso aquí fue lo diferente que fue la actitud de mi conductor a la de los miles con los que he conversado por el mundo durante años. Lo habitual son las quejas, casi siempre desde el capitalismo puro que la solitaria profesión de taxista ejemplifica. El que me tocó en Uruguay fue, encima, un exsoldado. Lo más lejos imaginable de un votante de Vox, o de Trump, Claudio me dijo que estaba muy a favor de la llegada reciente a su país de inmigrantes venezolanos y cubanos (“trabajan duro y aportan mucho”) y se extendió con orgullo sobre lo fraternales que son las relaciones entre políticos opositores y lo honesto que es el sistema uruguayo. Mientras hablaba y hablaba se me vino a la mente una frase que oí una vez y pensé: Uruguay debe de ser un país de fanáticos moderados”.

Como colofón, que como español siento una envidia sana, John Carlin refleja un debate entre tres expresidentes de Uruguay. Julio María Sanguinetti, Luis Alberto Lacalle Herrera y José Mujica. He tratado de informarme en diferentes medios uruguayos. He utilizado los diarios el Telégrafo y Ámbito, así refleja la noticia este último.

Convocados por la Asociación de Dirigentes de Marketing del Uruguay (ADM), Sanguinetti (1985-1990 y 1995-2000), Lacalle (1990-1995) y Mujica (2010-2015) participaron este lunes. 18 de marzo de 2024, del almuerzo de trabajo “Una visión de Uruguay, 40 años de democracia. El futuro del país”. En ese marco, los expresidentes pertenecientes a tres partidos políticos distintos -Sanguinetti del Partido Colorado (centroderecha), Lacalle del Partido Nacional (centroderecha) y Mujica del Frente Amplio (izquierda)- coincidieron en que el paso del tiempo los acercó y los llevó a hacer a un lado sus diferencias. “Nosotros estamos acá no porque no tengamos diferencias, las tenemos y son irrenunciables. Estamos porque le conviene a este país, porque esta imagen le conviene y prestigia a este país y somos conscientes de eso”, aseguró Mujica, quien en su discurso dijo que forman “una especie de sindicato raro que no existe en ningún país del mundo”.

Sanguinetti, por su parte, dijo que “no se puede imaginar la sociedad como una homogeneidad” y que Uruguay no vivió enfrentamientos distintos a los que se vivió “en el mundo” y que los puso en veredas enfrentadas pero que “esos enfrentamientos llegaron a otras etapas” en el mundo y en el país rioplatense. A lo que remarcó que la política “es diversidad” y siempre los enfoques “son distintos”, por lo que “la utopía de la unanimidad es un peligro”. Sanguinetti resaltó que es importante “preservar” la capacidad de reconocer los puntos en común que trascienden las banderas. “Lo importante es preservar ese espacio, ese porcentaje indefinido de fenómenos que pueden estar más allá del debate y que en el Uruguay de hoy felizmente están, porque el Uruguay no está en riesgo de (caer en la) ilegitimidad de ejercicio ni está en riesgo la libertad de prensa como en la mayoría de América Latina”, subrayó.

Lacalle Herrera, padre del actual mandatario, Luis Lacalle Pou, reflexionó que si bien cuando uno “está en la cancha” de la “lucha política” se puede ser confrontativo o “duro”, como confesó haberlo sido en su momento, “cuando llega el momento del remanso” se trata de “colaborar buscando los puntos en común para tratar de destilar un poquito de sabiduría” a los que siguen “en la cancha y apasionados”. “La vejez nos achaca reumatismos y problemas en la salud, pero también nos suma alguna responsabilidad, ser una especie de humilde consejo de ancianos, que el mundo después hará lo que se le antoje, pero nuestro papel de ancianos es contribuir a que los que están en la cancha puedan hacer las cosas más fríamente”, coincidió Mujica. Por otro lado, cuestionados sobre los peligros de los roces que se esperan en la campaña política de cara a las Elecciones Nacionales que tendrán lugar el próximo octubre, los expresidentes hicieron énfasis en evitar caer en dinámicas confrontativas como las que suelen alimentar los posteos en redes sociales. “Los protagonistas de la campaña tienen que contar hasta 10 antes de contestar algo que se les atribuye o una crítica”, opinó Lacalle, a lo que Mujica llamó a “mantener la altura” y Sanguinetti pidió no dejarse “arrastrar” por “las marginalidades” y “debates laterales”. De Lacalle destacaría especialmente estas palabras, que toda la derecha española las debería leer y rumiar. Y agregó: Los que somos del oficio sabemos que después del último fin de semana de noviembre va a haber un gobierno que espero que me guste a mí… pero, me guste o no, es el gobierno, y entonces reservémonos por él un poquito de cariño y respeto. También dijo: “Las campañas políticas se han visto no solo sucias, no solo complicadas, sino que pueden hacernos perder de vista lo que importa, que es la bisagra, lo que nos une, esto es la unidad nacional. La unidad nacional se basa en la legitimidad del poder político”.

Esta última parte, que he subrayado y puesto en negrita, tiene plena actualidad en nuestra política actual, profundamente crispada, envenenada y emponzoñada. Dice Lacalle, en noviembre habrá un gobierno, me guste o no, es el gobierno, y reservémonos un poquito de cariño y respeto. Qué contraste más brutal con lo que hemos constatado en nuestra España, ya que el gobierno de Sánchez ha sido declarado desde el primer día por parte de la derecha como ilegítimo. Lo cual es todo un ejercicio antidemocrático. No reconocer a un gobierno surgido de las urnas. Y qué podemos decir del emponzoñamiento de las campañas electorales, que las derechas las han convertido en un auténtico albañal con el eslogan, que pasará a la historia como paradigma de la ignominia política de ¡Que te vote, Txapote!

De esta situación política irrespirable y asfixiante, que ha generado una dramática polarización y crispación, que ha impregnado a la sociedad española, son culpables tanto la clase política de derechas, como buena parte de los medios que la secundan, como auténticos mercenarios.

 Vamos a ver. Una prensa con un mínimo sentido ético no debería tolerar que una presidenta de una comunidad autónoma, llame “hijo de puta” al presidente del Gobierno. No solo lo tolera, sino que ensalza el insulto. Pero qué puedes esperar de unos medios que emiten sin ruborizarse juicios como los que siguen. Un locutor, al que escuchan millones de españoles a primera hora de la mañana, de una emisora propiedad de la Conferencia Episcopal, se atreve a llamar escoria a determinados líderes políticos de izquierda e independentistas. Recientemente le pude escuchar lo siguiente: en Portugal han ganado las derechas, pero los socialistas en un ejercicio de responsabilidad van a permitir que gobiernen. En cambio, aquí en España, Pedro Sánchez no lo va hacer, por el contrario, prefiere gobernar con todas las EXCRECENCIAS del parlamento. Y poco antes en un alarde de retórica, dijo la siguiente perla: Sánchez es como el rey Midas, este todo lo que tocaba lo convertía en oro, Sánchez todo lo que toca lo convierte en odio. Y este caballero, me pregunto, ¿qué predica?, ¿la fraternidad y el espíritu evangélico? No debería tener a su disposición todos los días un micrófono a su alcance. El daño a nuestra convivencia democrática es brutal.

Así hemos llegado a la situación actual. Y hay culpables, que no reparan ni repararán los medios para quitarse del medio el gobierno de Pedro Sánchez. Harán lo que sea. Menos mal que nos queda el ancla de la Unión Europea. Miremos hacia atrás a nuestra historia y veremos grandes semejanzas con nuestro presente. Un artículo del historiador Eduardo González Calleja, Los discursos catastrofistas de los líderes de la derecha y la difusión del mito del golpe de Estado comunista, describe los acontecimientos de 1936 entre febrero, con el triunfo del Frente Popular y julio, con el golpe militar. Sorprenden las similitudes de la actuación de la derecha política y mediática de entonces con la actual. Durante la primavera de 1936, los voceros de las distintas formaciones de derechas, José María Gil Robles y, sobre todo, José Calvo Sotelo, en connivencia con la prensa monárquica, como el ABC o El Debate, señalaron la ilegitimidad del gobierno republicano surgido de las elecciones de febrero, cuestionando primero los resultados electorales del triunfo del Frente Popular, y luego denunciando dos aspectos clave e íntimamente relacionados en la mentalidad del conservadurismo español de los años treinta: su incapacidad para resolver el problema del orden público, que fue sobredimensionado por las derechas, y su papel como antesala de una acción revolucionaria de tipo comunista, pura invención de las derechas.

Como conclusión, para la derecha española el poder es suyo. Y por ello, todo vale para conseguirlo, aunque sea provocando gravísimas crisis institucionales. Y cuando lo alcanza, actúa sin complejos, como estamos constatando en los gobiernos autonómicos de PP-VOX. Decía Antonio Machado: “En España —no lo olvidemos— la acción política de tendencia progresista suele ser débil porque carece de originalidad; es puro mimetismo que no pasa de simple excitante de la reacción. Se diría que solo el resorte reaccionario funciona en nuestra máquina social con alguna precisión y energía. Los políticos que deben gobernar hacia el porvenir deben tener en cuenta la reacción a fondo que sigue en España a todo avance de superficie. Nuestros políticos llamados de izquierda —digámoslo de pasada— rara vez calculan, cuando disparan sus fusiles de retórica futurista, el retroceso de las culatas, que suele ser, aunque parezca extraño, más violento que el tiro”.

 Quiero acabar con una metáfora. ¿En los partidos de fútbol, a quienes les agrada y beneficia más el campo embarrado? Sin ninguna duda, a los que practican el juego sucio. Aquellos que juegan limpio tienen todas las perder. Pero, insisto, ¿quién empezó a jugar sucio? Ahí va un dato: Será difícil encontrar un político en nuestra democracia con tantos y tan truculentos insultos. Ahí van algunos proferidos por Casado: «incompetencia culposa», «hacedor de sainetes», «ineptitud», «chiste de Gila», «fracaso estrepitoso», «bajeza moral», «usar a las víctimas», «chapuzas», «ruina», «usar a los españoles como a perros de Pavlov», «falsario», «negligente», «Gran Hermano», «hipertrofiado», «irresponsable», «caos», «nefasto», «zoco de prebendas», «tomar a parados como rehenes», «fraude», «contratación opaca»…Y últimamente me gusta la fruta. Lo lamentable de la situación política es que se ha llegado a una situación en nuestra sociedad que el insulto, el desprecio al contrincante, considerado, como enemigo da votos. Entonces, ¿qué debe hacer la izquierda? 

España, un país en tensión política permanente. Todo lo contrario que en Uruguay