LUGARES DE UNA BELLEZA SUBLIME

Los tesoros del Teruel que existe

Teruel es una de las provincias más abandonadas y despobladas del interior de España. Sin embargo, es una provincia que tienes una serie de lugares de una belleza sublime. Aquí pretendo que conozcan tres joyas del Teruel que si existe: Cantavieja, el castillo Peralense y Albarracín.

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CANTAVIEJA

Es la capital tradicional del Alto Maestrazgo, hoy es la capital administrativa de esta comarca. Está enclavada a 1.300 de altitud en medio de un paisaje abrupto con grandes barrancadas de gran valor paisajístico.

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Se localizan dos muestras de pintura rupestre en Cantavieja: el Cerradico Casa Granja y la Masía del Tosco. Son cuevas con grabados rupestres, pocetas y cubetas con cazoletas y canalillos cruciformes.

La leyenda nos habla que Cantavieja fue fundada por el cartaginés Amílcar Barca, que la denominó Cartago Vetus.

El enclave urbano fue ocupado después por los romanos y posteriormente por los musulmanes hasta el siglo XII, cuando es conquistado por Alfonso II de Aragón. Años después pasó a pertenecer a la Orden de los Templarios y a la Orden de San Juan de Jerusalén en el siglo XIV, hasta las desamortizaciones del siglo XIX.

Cantavieja fue asediada en el año 1308 durante varios meses hasta su rendición. El historiador Jerónimo Zurita en sus Anales de la Corona de Aragón, decía: “fue contra el castillo de Cantavieja y contra los castillos que estaban en aquella comarca un caballero de mucho uso y noticia de las cosas de la guerra que se llamaba Berenguer de Tobía y tuvo muchos días cercado el castillo; y al fin se rindieron y se les ocuparon todas sus fortalezas y rentas y secuestraron y pusieron en poder de los oficiales reales; y las personas se pusieron en prisión en diversos lugares y castillos del reino”.

El núcleo urbano de Cantavieja se asienta sobre una defensa de piedra natural, un bastión rocoso desde el que puede verse el río Cantavieja.

Su fisonomía presenta un trazado medieval que invita a pasear por sus calles y ver sus rincones típicos y asomarse a sus miradores desde donde podremos ver al oeste la imponente Muela Monchen, al este la Vega de San Antonio y el Rebollar y al sur, la Tarayuela.

Los secretos y riqueza de este pueblo turolense nos muestran un rico y convulso pasado donde Templarios, San Juanistas y Carlistas han dejado su sello y sus recuerdos en forma de edificaciones, historia, gastronomía, caminos y sendas.

Al llegar a la Plaza Porticada podemos observar su solemne iglesia parroquial de la Asunción, que como dice el arquitecto Antonio Nadal: “No hay una igual en Roma”. Es una de las plazas más bellas de Aragón. Está porticada en tres de sus lados y sigue el modelo de la Basílica del Pilar. Se levantó sobre el antiguo templo gótico

Esta plaza porticada es conocida por el nombre de Plaza del Cristo Rey, en ella también podemos contemplar el Ayuntamiento que data del siglo XVI y es uno de los más antiguos de la comarca.

Podemos observar en esta plaza, la Casa Bayle y la casa Rectoral, todos construidos con mampostería y galerías de bóveda de crucería, también en los alrededores hay buenos ejemplos de casas nobles pertenecientes a la aristocracia rural de los siglos XVII y XVIII. Son casas con grandes portaladas, con escudos en el frontispicio y decoradas ventanas enmarcadas en piedra sillar.

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Al cruzar el arco de la Torre que data del año 1612, vemos la casa Bayle que presenta unos balcones con una forja muy bien trabajada. Este edificio fue la residencia del general carlista Ramón Cabrera, Debemos saber que esta zona tuvo una fortísima presencia del carlismo durante todo el siglo XIX.

La iglesia de San Miguel es, del año 1411, de estilo gótico y de tamaño muy pequeño, donde podemos contemplar el sepulcro de alabastro donde descansa el cuerpo de Gonzalo de Funes, Castellán de Amposta de la Orden de San Juan.

El edificio adjunto a la iglesia de San Miguel fue Hospital de San Roque y convento de religiosas hasta principios de la década de los setenta del siglo pasado. Debemos asomarnos al mirador situado en la lateral de la iglesia, pues tendremos unas vistas maravillosas

La iglesia de la Asunción es un ejemplo magnifico de iglesia gótica levantina. Tiene una distribución en tres naves de similar altura que sigue un modelo muy extendido en Aragón, basada en la construcción de la basílica del Pilar de Zaragoza. Esta realizada en mampostería.

Debemos destacar de su exterior el lado de la Epístola, donde encontramos la existencia de un pórtico abierto a la Plaza Mayor formado por tres grandes arcos apuntados de sillería. La portada es sencilla, con arcos de medio punto enmarcados por un orden de pilastras bajo el frontón.

Las naves del interior están separadas por gruesos pilares acanalados que sustentan arcos de medio punto. La nave central está cubierta mediante bóveda de cañón con lunetos, mientras que los laterales lo están con bóvedas de arista.

El crucero presenta una cúpula elíptica sobre el tambor y pechinas decoradas con relieves de los evangelistas y rocalla; al exterior aparece como un volumen octogonal de ladrillo. Dispone de una amplia girola tras la cabecera y de coro a los pies, en el penúltimo tramo de una nave central decorada con pinturas que representan a San Braulio, San Francisco Javier y otros personajes sagrados.

La torre, situada a los pies de la iglesia, da paso a una calle, adoptando la misma solución que las iglesias de la capital turolense. De planta cuadrada presenta en su parte superior dos cuerpos octogonales y un remate piramidal.

Iglesia de la Asunción en Cantaviejaf14

Desde el interior de la Torre podremos ver una de las escuelas más antiguas que se conservan en Aragón y fue construida en el año 1918. Otros tesoros que se conservan son la vajilla que usaban los romeros de San Juan del Barranco o el reloj de pesos con lo que se hacía sonar las campanas de la iglesia.

El torreón, que podemos contemplar en Cantavieja, constituyó la torre vigía del antiguo castillo y también ermita del Santo Sepulcro. Conserva sus antiguas murallas, donde han dejado su rastro los templarios y los carlistas.

El recinto amurallado de Cantavieja se debe a los Templarios y posteriormente en el siglo XIX fue reconstruido por los carlistas, convirtiendo a toda la villa en una plaza fuerte. Hoy es un pacífico solar usado de calvario y en cuyo vértice existió una capilla dedicada al Santo Sepulcro y ha sido restaurada recientemente.

Debemos destacar en el pueblo el museo de las guerras carlista que nos permite descubrir cómo era la vida en aquella durísima guerra civil que vivieron sus habitantes.

El historiador del siglo XIX Buenaventura de Córdoba describe de esta manera la vida en Cantavieja;

«una villa de Aragón, situada en terreno montuoso... cercada de antiguas murallas, y cuya población no baja de 2.000 habitantes. Si el enemigo fortificaba esta villa, fácil le era sujetar las inmediatas y estrechar la línea carlista. Los batallones de Cabrera recibían cada día nuevos refuerzos, y la misma juventud, que miraba con tanta repugnancia el servicio de las armas cuando el gobierno de la Reina hacia un llamamiento para el reemplazo del ejército, alistábase voluntariamente en las filas realistas animada de un mismo espíritu y sentimiento».

Por ello, los carlistas acometieron mejoras en las fortificaciones de la villa y se crearon una academia para la formación de oficiales, dos hospitales y una fundición de la que salieron los dos primeros cañones para el ejército carlista.

¿Cómo fue la vida en Cantavieja en los últimos siglos?

El comercio de lana y la ganadería hicieron que durante el siglo XVIII Cantavieja prosperara económicamente. Son de este siglo algunos de los principales edificios que se conservan, como la ermita de Loreto construida en el año 1700 y el Hospital de San Roque del año 1775. En el año 1745 se amplió la iglesia parroquial de la Asunción. La villa siguió dependiendo de la Orden del Hospital hasta el siglo XIX, cuando con las desamortizaciones de Mendizábal y la posterior de Madoz se crearon los ayuntamientos. Cantavieja se constituyó como ayuntamiento en el año 1834, formando parte del partido judicial de Castellote, para incorporarse en el año 1965 al partido judicial de Alcañiz. 

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Plaza mayor de Cantavieja

Pascual Madoz en su Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España del año 1845 dice de Cantavieja lo siguiente: “situada en un llano, sobre un peñón fuerte que forma un triángulo casi perfecto»— contaba en esa época con 254 casas en su interior, distribuidas en dos plazas principales y varias calles bien empedradas; sólo 154 de las casas estaban habitadas, ya que las otras 104 se hallaban abandonadas al haber sido quemadas en la contienda carlista”.

f12No deje de visitar este pueblo que le encantara y además está elegido entre los pueblos de España con encanto.

CASTILLO PERACENSE

Es uno de los lugares más conocidos a nivel turístico de la comarca del Jiloca, dado su buen estado de conservación y la grandiosidad de su construcción. 

Se encuentra a 1.365 m. sobre el nivel del mar. Su enclave privilegiado le permite dominar el amplio llano del valle del río Jiloca, que se extiende hacia el este, en tanto su lado oeste está protegido por las estribaciones de la Sierra Menera, tradicional frontera entre los reinos medievales de Castilla y Aragón. 

Su impresionante estampa rojiza, que determina el uso de la piedra de rodeno. Se trata de uno de los castillos más originales y mejor conservados de Aragón, así como uno de los monumentos de mayor interés patrimonial y paisajístico de la provincia. El aspecto que mejor define a esta fortaleza, es que en su construcción se aprovechó la topografía natural del terreno. Esta fortificación en los últimos años se ha convertido en uno de los mejores atractivos turísticos de la provincia.

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La fortaleza se asienta sobre una formación rocosa de rodeno fuertemente escarpada, que constituye la prolongación sur de Sierra Menera, junto al cerro de San Ginés. La erosión del propio rodeno permite obtener unas impresionantes vistas del entorno, especialmente del valle del Jiloca. La propia roca sobre la que se asienta el castillo llama la atención, porque tiene formas extrañas y algunas de ellas parecen gigantescas caras en relieve.

Con la expansión del Reino de Aragón hacia el sur del Ebro hacia el Mediterráneo, el territorio de Peracense fue conquistado hacia el año 1150. Es durante la Baja Edad Media cuando su importancia estratégica se acrecienta, por ser una posición limítrofe entre lo los reinos de Aragón y Castilla y de los señoríos de Albarracín, Molina de Aragón y Comunidad de Daroca.

La primera referencia histórica es de época musulmana. Un documento nos habla del fuero de Daroca del año 1142 en el cual el rey de Aragón y conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV (1131-1162), dispone: "que el castillo ganado al enemigo por vecinos de Daroca queda en poder suyo y de su descendencia, mirando siempre por la utilidad del reino y guardando fidelidad al Rey". El enemigo eran en este caso los musulmanes. 

La fortaleza, que podemos ver hoy día, fue edificada hacia la primera mitad del siglo XIV, aunque se tiene constancia de alguna edificación anterior ya en 1284. Parece que fue utilizado en la Reconquista por las tropas reales como punto de partida para la conquista de Albarracín.

Su máximo apogeo fue durante el siglo XIV en el periodo de las luchas entre los reyes de Castilla y Aragón, ya que el castillo se encontraba en la frontera de estos dos reinos. Será en esta época cuando el castillo empieza a tomar su forma definitiva. El castillo aparte de proteger la frontera, servía de cobijo para víveres y soldados, era punto de descanso de las tropas.

La fortaleza se convierte en el siglo XIX en cárcel de la Comunidad de Daroca y fue ocupada entre los años 1830-1833 durante la Primera Guerra carlista por un destacamento militar liberal. Las excavaciones arqueológicas han hallado abundante cantidad de objetos de este período.

Aprovechando un farallón rocoso natural, el castillo fue construido sobre una amplia plataforma cuyos lados norte, sur y este forman un acantilado inaccesible. En el lado oeste, se levantó una muralla en forma de ángulo recto de unos tres metros de espesor, reforzada por tres torreones rectangulares y se excavó un foso para aislarlo mejor de la muela donde se asienta, aunque en la actualidad ha quedado bastante desdibujado por las obras de la carretera de acceso.

La entrada al castillo es un estrecho portillo al borde del precipicio. Hay saeteras y subsisten bastantes almenas.

Sin otras concesiones a la estética que la propia concepción arquitectónica de la fortaleza, el castillo de Peracense es un extraordinario ejemplo de arquitectura militar, sobria y eficaz, adecuado a la función para la que fue construido.

Queda mimetizado con el paisaje de rocas de rodeno de manera que parece formar parte de él, como si de un fenómeno geológico se tratara. Su imagen nos recuerda a un espolón de un barco varado en la montaña, del que destaca la torre principal por su altura y rotundidad.

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La fortaleza de planta cuadrada irregular, ocupa unos 4.000 metros cuadrados y se divide en tres recintos concéntricos escalonados. 

- El recinto exterior es accesible por la puerta abierta en el lado norte y cuenta con una poderosa muralla almenada en ángulo recto protegida del exterior por dos anchos muros jalonado por tres torreones dotado de varias torres y con nivel de saeteras. Es una cuidada, construcción de sillería abovedada y bien conservada. Unas escaleras conducen desde el interior hasta la terraza y los caminos de ronda adyacentes. El foso por el que discurre la nueva carretera, se dispuso en la zona menos abrupta, hacía del lado de Castilla. 

 Esta muralla protege los flancos sur y oeste, ya que los lados norte y este quedan protegidos por los acantilados sobre los que se levanta el castillo. Esta muralla forma un ángulo de recto y posee dos niveles de aspilleras superpuestas, las torres fueron levantadas sobre la propia roca y tuvo que ser parcialmente replicada para formar un foso exterior. 

Tiene una gran explanada, también llamada albacara, que era el lugar donde se protegía la población junto con sus rebaños en caso de peligro. Este recinto era el primer muro de contención ante un posible enemigo. 

La existencia de unas caballerizas situadas en el lado sur y adosadas a uno de los lados de la muralla, nos hace entender que en su interior debían alojarse tropas de caballería, junto con las tropas de infantería habituales del castillo. Los huecos practicados en el muro son los pesebres de los animales. 

La estructura de madera que sustenta su cubierta se apoya en los mechinales de las antiguas vigas, que cubrían estas estancias: el contorno de su planta se apoya en la traza revelada por la excavación arqueológica. 

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- El segundo recinto está formado por una muralla irregular adaptada a la roca. Casi enfrente de la puerta principal encontramos la puerta de acceso al recinto intermedio. Una gran torre de sillería de planta cuadrada protege la entrada. Se trata de una puerta de arco rebajado de sillería de 2,20 metros de anchura. 

Posteriormente, nos encontramos con la plaza de armas, se accede pasando por una puerta protegida por un torreón. Se encontraban las habitaciones de tropa en este espacio, el aljibe principal y también se han descubierto en las excavaciones una capilla y el cementerio. Hay una torre vigía en este mismo recinto, llamada del Hospital, que permite vigilar estos dos primeros recintos así como uno de los flancos del castillo.

La torre dispone de una planta baja y una terraza que sirve para la defensa tanto de esta puerta como de la principal que se encuentra enfrente. En su interior se albergaba el cuerpo de guardia. El portillo de acceso de la torre está rematado por un arco apuntado con las gorroneras de las puertas originales. Su interior se cubre con bóveda apuntada, con una buhedera en su clave y una escalera de sillería interior de peldaños y dinteles monolíticos que conduce a la azotea. 

Entre los alojamientos de los soldados y la torre del cuerpo de guardia se situaba una gran cocina que daba servicio a la tropa. De esta gran cocina sólo quedan unas ruinas. En este recinto intermedio, es donde se sitúa la plaza de armas del castillo. Aquí, se sitúa el aljibe principal. Excavado en el suelo, dispone de una planta rectangular de tres metros de ancho por 5,20 metros de largo y cuatro metros de profundidad, lo que equivale a 60.000 litros de agua. Según cálculos con el aljibe a su mayor capacidad podría abastecer a cincuenta hombres y una docena de caballos durante dos meses. 

Construido con fuertes muros de mampostería y sillar de un metro de grosor en los que se apoyan tres arcos fajones apuntados de sillería, y soportaban una cubierta a dos aguas. Por ambos lados cortos, dos grandes aberturas permitían el acceso al agua. Un sistema de canales y conducciones tallado en la roca servía para conducir el agua de lluvias hasta las distintas partes del castillo. 

La Torre Atalaya o Torre del Hospital es una torre vigía que articula los recintos exteriores e intermedios y domina visualmente uno de los flancos más expuestos. 

Cerca del aljibe se ha encontrado una zona con enterramientos, en este sector se han encontrado además restos de una pequeña capilla y un minúsculo cementerio. Esta circunstancia se debe a que el castillo era autosuficiente en caso de guerra. 

- El recinto más elevado está construido en la punta de un espolón rocoso que domina todos los alrededores. Su construcción se acomoda a las irregularidades de la roca y era el último bastión defensivo y residencia del alcaide. Está configurado en tres terrazas sucesivas hasta la cubierta superior, desde donde se puede dominar visualmente todo el valle del Jiloca. Desde la torre de ingreso se suceden las diversas estancias residenciales y dependencias, así como el sistema de recogida y almacenamiento de las aguas pluviales.

Todo este recinto superior presenta una complicada distribución muy propia para la defensa, pues allí se guardaban las provisiones, el armamento, tres aljibes y todo aquello de valor que pudiera tener el castillo. Era el último reducto defensivo del castillo y el más importante. 

El acceso a su interior se hacía a través de un puente levadizo que se apoyaba en su exterior sobre un andador de sillería macizo al que se accedía por escalones ocultos. Hoy día su acceso se realiza a través de una escalera de madera.

La puerta formada por una pequeña abertura con arco apuntado con grandes dovelas, de 0,70 metros de altura, abierta en la pared, de lo que algunos llaman torre del homenaje y en realidad no es, ya que se trata de un gran muro de defensa. La altura de este muro supera los catorce metros. Hay un matacán volado en la parte superior de este gran muro, que mejora la defensa de la entrada. 

Atravesada la puerta y a través de una escalera excavada en la misma roca, con enjarjes laterales para un rastrillo, nos lleva al recinto alto del castillo. Estrecha escalera por la que apenas cabe una persona, y que es el único acceso al recinto superior. Una primera estancia en la izquierda llamada la covacha hacia las funciones de arsenal. 

Su misión será la de controlar uno de los posibles puntos de acceso por los que las tropas castellanas podían penetrar en Aragón en momentos de conflicto. Pero la existencia de otros puntos cercanos y de más fácil acceso para las tropas castellanas evitó que este castillo fuera atacado o asediado.

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La falsa Torre del Homenaje no posee estancias interiores, funciona como un muro-pantalla construido en sillería de buena factura que defiende el inexpugnable recinto superior. Este muro se acomoda a las irregularidades del terreno y de la plataforma rocosa. Tiene 2,50 metros de espesor y catorce metros de altura.. La otra escalera lleva al llamado Salón principal o residencia del alcaide. 

El salón principal está cubierto con bóvedas de cañón apuntado, que se comunica lateralmente con la cocina. Con toda seguridad acogían al alcaide y a su familia. Se accede por un vano con arco apuntado. 

Esta sala tiene unas dimensiones de 3,70 metros X 11,20 metros y está cubierta con una bóveda de medio cañón apuntado. En su pared sur se abren dos estrechos vanos de aireación, en tanto en la norte dispone de una pequeña sala de 2,80 x 4 metros, tal vez para uso privado del alcaide. Esta sala dispone de chimenea. 

En esta plataforma encontramos unas habitaciones que se corresponden con un antiguo horno, un aljibe y otras pequeñas dependencias. Todas estas habitaciones se adaptan a la compleja orografía del terreno. 

La terraza superior, máxima cota del castillo, se cubría con lajas de arenisca con el fin de recoger agua de lluvia y distribuirla mediante un ingenioso sistema a tres aljibes diferentes situados en esta zona del castillo. 

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En la parte más alta de recinto que llamamos superior, se configura una terraza con cisterna y una azotea de lajas de piedra sobre las bóvedas con un canal central con gárgola en su extremo oriental, que recogía y recoge las aguas de lluvia, conduciéndolas a la cisterna de la terraza situada en un nivel inferior. 

Como este castillo se encontraba en malas condiciones, se iniciaron las obras de restauración a comienzos del año 1987, según el proyecto del arquitecto Pedro Ponce de León, y tras trece años de trabajos quedó totalmente reformado y abierto al público. Hoy se pueden realizar visitas guiadas de especial interés en las que podremos admirar, también algunas de las joyas arqueológicas conservadas en su museo.

No pueden dejar de verlo porque le sorprenderá gratamente.

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ALBARRACÍN

Es una localidad y municipio del suroeste de la provincia de Teruel, en la comunidad de Aragón. Cuenta con 1.097 habitantes según el censo de 2009.

La localidad es Monumento Nacional desde 1961 y se encuentra propuesta por la UNESCO para ser declarada Patrimonio de la Humanidad por la belleza e importancia de su patrimonio histórico.

El casco antiguo se encuentra construido sobre las faldas de una montaña, rodeada en casi su totalidad por el río Guadaliviar. Se encuentra al norte la sierra de Albarracín y al sur los Montes Universales. Parte de su término municipal está ocupado por el Paisaje protegido de los Pinares de Rodeno.

En los alrededores nacen los ríos Guadaliviar, Tajo, Júcar, Cabriel y Jiloca. Su término municipal es, por razones históricas, uno de los más grandes de la provincia de Teruel. En él se encuentran las localidades de: Albarracín (capital del municipio), El Cañigral, las Casillas de Bezas, Collado de la Grulla, Valle Cabriel, El Membrillo, San Pedro y Valdevecar.

Estuvo habitada en la Edad de Hierro por la tribu celta de los lobetanos. Se han encontrado importantes pinturas rupestres de esa época en el Pinar del Rodeno. Durante la época romana se llamó Lobetum, y en tiempos de los visigodos, Santa María de Oriente.

En tiempos de la presencia de los musulmanes en España, la familia bereber Al-Banu-Razín hizo de estas tierras el pequeño reino taifa de Albarracín. De esta familia le viene el nombre actual (Al-Banu-Razín: los hijos de Razín).

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La taifa pasó posteriormente, por cesión o conquista a la familia cristiana de linaje navarro de los Azagra, que mantuvieron de facto la independencia de Castilla y de Aragón desde el año de 1170, llegando a crear un obispado propio. También el poderoso linaje de Lara ejerció su soberanía sobre Albarracín.

Tras el fracaso de conquista por parte de Jaime I en el año 1220, es Pedro III de Aragón quien la conquistó en 1285 tras sitiarla, pasando definitivamente a la Corona de Aragón en el año 1300. Esta serie de hechos políticos tuvieron como base la importancia de la fortaleza y del sistema defensivo de Albarracín.

Fue una antigua sede episcopal hasta que, tras la reconquista de Segorbe por Jaime I el Conquistador, se trasladó a esta ciudad de la provincia de Castellón.

El 21 de junio de 1257 el rey Jaime I concedió en Teruel a la Comunidad de Santa María de Albarracín o Comunidad de Albarracín el privilegio sobre competencia de jurisdicción de sexmeros, asistentes y jurados de dicha Ciudad.

Así al avanzar la conquista cristiana hasta Teruel, en 1171, y luego hasta Cuenca, en 1177. Albarracín ya se había convertido en un estado independiente de Aragón y Castilla, siendo sus señores los Azagra. A estos les sucedieron los Laras y luego el infante de Aragón D. Fernando. Todos fueron auténticos soberanos: Vasallos de Sta. María y Señores de Albarracín. Fue atacada unas veces por Aragón, otras por Castilla y, en ocasiones, por ambos.

No obstante, supo sacar fuerza de la rivalidad de ambos reinos para mantenerse independiente hasta 1379. En este año Pedro IV lo incorpora al reino de Aragón, previo pacto firmado, en Fraga con los representantes del antiguo señorío. En este pacto el Rey recibe el juramento de fidelidad de Albarracín y su Comunidad a la vez que reconoce y jura los Fueros de la Ciudad, según los cuales quedaba poco ligada al poder real, pues conservaba casi total independencia y administrativa.

Esta situación dura hasta el siglo XVI, fue para Albarracín una continua lucha en defensa de sus fueros hasta que en 1598, llega un acuerdo con Felipe II, que supone la pérdida de casi la totalidad de sus libertades y de sus Fueros. Lo poco que quedaba del régimen foral es suprimido por Felipe V, mediante el Decreto de Nueva Planta en 1707. Durante la guerra de independencia, Albarracín y su sierra fueron un nudo de resistencia.

Los franceses bombardearon la ciudad y destruyeron todo el barrio de los tejedores y los batanes y molinos; esto supuso la destrucción de su principal industria también fue Albarracín y su comarca reducto de carlistas. Fue durante la primera guerra carlista cuando perdió a su último Obispo, pasando a ser desde 1851 el Obispo de Teruel a su vez Administrador Apostólico.

El sistema defensivo de la ciudad se compone de tres castillos, el principal, el del Andador y el de Doña Blanca, y dos recintos cerrados por fuertes murallas. El primero de los recintos, que corresponde a la medina o primitiva ciudad musulmana, estaba rodeado por una muralla sin torres y con una sola puerta situada en las inmediaciones de la plaza Mayor.

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Dentro de este recinto había dos castillos, el principal y la Torre de Doña Blanca, que defendía el extremo sur de la ciudad y cuya construcción debió realizarse en tiempos de Jaime II de Aragón, y que mide 18 metros de altura.. El castillo principal era denominada Alcázar y Alcazaba, también ha recibido el nombre de Castillo de Don Jacobo.

El castillo presenta una planta irregular que se adapta a la superficie del terreno. Su acceso se realiza a través de una pequeña cuesta que había traspasado un segundo recinto que lo protegía. A la puerta de la entrada existen los basamentos de una torre albarrana, protectora del castillo. La puerta era también protegida por una potente torre situada a su derecha.

El castillo se alza sobre un peñasco de forma triangular situado en lo alto del recodo que forma el meandro a su paso por la ciudad. Se halla a 1.198 metros de altitud. El castillo ha sido el núcleo origen de la ciudad.

Se supone que el área del castillo era ya habitada en época prehistórica, pero restos de cerámica indican que probablemente también los visigodos hubieran podido utilizarlo como residencia después de la invasión sobre los romanos.

Pero lo que sí es cierto es que el castillo se convirtió en un hisn y fue el centro del reino de Albarracín, fundado por Hudail Ibn Razín que se declaró independiente del reino musulmán de Córdoba aproximadamente en el 1.012.

La independencia supondría una mejora de las instalaciones de la residencia del castillo. La cerámica hallada en sus excavaciones arqueológicas era de tipo andalusí correspondiente a los siglos X y XI.

Antiguamente se accedía a través de tres puertas, aunque hoy sólo queda constancia de una de ellas.

Hay que decir, que es en forma de pequeño talud y en recodo, como caracteriza a las entradas musulmanas. Dispone de once torres, de planta circular y abierta hacia el interior de la fortificación. Sólo una de las torres es de planta cuadrada y corresponde a la era cristiana. Todo el recinto corresponde a una superficie de 3.400 m2.

El segundo recinto posee las murallas más imponentes. No sólo encerraba el caserío de este barrio, sino un amplio espacio de monte que podía servir para refugio de los ganados en caso de peligro.

Su punto más fuerte era la Torre del Andador, construcción del siglo X anterior a la edificación de este recinto exterior. La torre primitiva fue reforzada sucesivamente hasta convertirse en un castillo con su muralla, aljibe y plaza de armas.

Durante el siglo XIV se debió reconstruir la casi totalidad del recinto, dotándolo de fuertes torres, cerradas las del frente norte y abiertas las del oeste, que no son más que pliegues de la muralla, que caso de ser conquistadas por los asaltantes no podían hacerse fuertes en ellas por no tener defensa hacia la ciudad.

Para subir a las murallas, si observamos el plano-guía, tenemos tres caminos. Podemos subir por la calle del Chorro, y una vez llegado a la fuente subir por unas escaleras que nos llevarán al principio del camino. También podemos subir por la calle Subida a las Torres, que arranca desde la iglesia de Santiago. Por último, podemos subir por el Portal de Molina. Desde éste se puede apreciar el sistema defensivo de la muralla, con sus torres escalonando la áspera falda de la montaña.

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Se puede recorrer un tramo de la muralla; junto a la puerta mencionada anteriormente veremos unas pequeñas escaleras que nos llevan a la parte de la muralla que no está almenada, y bajar, el que se atreva, hasta el torreón de la derecha, y desde éste recorrer la primera parte de la muralla este hasta el siguiente torreón. Otra posibilidad es bajar por un camino hasta la otra parte de la muralla este que nos lleva hasta el torreón redondo y más bajo, en el que termina la muralla.

No dejen de visitar este magnificado pueblo que se llevaran una grata sorpresa.