lunes. 04.03.2024

Desde que nacemos, todo lo que tenemos son deudas, y no hablo de las monetarias (esas llegarán después), sino de todas las exigencias que se nos hacen con la promesa de una vida mejor, todo ello para que, cuando hemos terminado la enseñanza obligatoria o el grado de turno, nos lancen a la vida laboral como quien lanza a un chiquillo a un bosque sin ningún tipo de vitualla más que su ingenio y conocimiento.

Ese bosque tiene en su interior numerosos peligros, pues al final, por mucho que estudiemos y nos preparemos para ese anhelado destino, no vamos a llegar, porque es casi imposible que no nos veamos atrapados por un sistema económico que nos oprime y que solo nos trata como lo que somos para ellos, fuerza de trabajo desechable.

Un sistema económico que nos oprime y que solo nos trata como lo que somos para ellos, fuerza de trabajo desechable

La precariedad laboral, el precio abusivo del mercado y los problemas derivados de un sistema que se define como imperfecto, pero que en realidad es inhabitable, hacen que la juventud, que debería ser la etapa en nuestra vida en la que aprendiéramos y decidiéramos que proyecto de vida queremos desarrollar acabe siendo un periodo precario y tortuoso en el que ni siquiera podemos alzar la voz ante las injusticias que vivimos, vaya a ser que nos llamen radicales o “políticamente incorrectos”.

Además, debemos sumar a esto la presión de nuestros mayores, que en muchos casos no son capaces de ponerse en nuestra piel o en nuestra situación socioeconómica para comprender que todos los problemas que tenemos tienen un denominador común, el sistema económico capitalista.

Sin la eliminación de esta precariedad y todo lo que ello conlleva, el sistema democrático falla irremediablemente

Todo esto nos lleva a algo, si cabe, más profundo, y es que sin la eliminación de esta precariedad y todo lo que ello conlleva, el sistema democrático falla irremediablemente y lanza a parte de la juventud a los discursos vacíos o populistas.

Como socialista y demócrata creo firmemente que la juventud solo va a ser libre cuando tenga independencia económica y conciliación para poder conjugar su inserción al mercado laboral con su proyecto de vida deseado y con la participación, si quisiera, de la construcción de su propio futuro.

El primer paso para la emancipación de la juventud y sobre todo, de la juventud trabajadora radica en la transformación o revolución del sistema capitalista hacia otro modelo económico que no nos trate como mera fuerza de trabajo, sino como individuos libres, con anhelos, ilusiones y con deseos de un futuro.

Esta mera columna es un cumulo de pensamientos que quería dejaros aquí, porque me da la sensación de que no soy el único que cree que las cosas pueden cambiar y que deben hacerlo si queremos tener un futuro.

 

Juventud, divina precariedad