sábado. 25.05.2024

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La actividad física (AF) es una intervención no farmacológica comúnmente recomendada para prevenir y tratar una variedad de afecciones que conllevan dolor crónico. Al mismo tiempo, se observa que la prevalencia del dolor crónico y las molestias musculoesqueléticas disminuye con niveles más altos de AF en estudios de cohortes. Existe cierta evidencia sobre una respuesta inhibidora del dolor inmediatamente después de una sesión aguda de ejercicio. Este fenómeno se conoce como hipoalgesia inducida por el ejercicio (EIH de sus siglas en inglés). Aunque la evidencia es escasa, los resultados de estudios experimentales indican que la presencia de dolor crónico puede reducir la eficacia de la EIH; es decir, reducir los efectos potenciales del ejercicio sobre la sensibilidad al dolor. Al igual que en el ejercicio agudo, niveles más altos de AF habitual también se asocian con una menor sensibilidad al dolor experimental; así algunos estudios han sugerido que la sensibilidad individual a algunas pruebas sensoriales cuantitativas del dolor tiene valor predictivo para el desarrollo y la progresión posteriores del dolor crónico. En resumen, la escasa literatura en este campo indica que una reducción en la sensibilidad al dolor podría ser un posible mecanismo a través del cual niveles más altos de AF habitual podrían modificar el riesgo o la progresión del dolor crónico.

Los estudios anteriores sobre la AF y la sensibilidad al dolor suelen emplear muestras pequeñas y homogéneas de sujetos jóvenes, sanos o de un solo sexo. En una revisión de incluyendo 15 estudios de entre 6 y 67 participantes, los atletas tenían una tolerancia al dolor significativamente mayor que los controles normalmente activos, pero los datos fueron menos uniformes con respecto a los umbrales de detección del dolor. Varios de los estudios fueron muestras de un solo sexo y la mayoría se realizaron con estudiantes <30 años. Dos estudios posteriores (n = 53 y n = 36) respaldaron aún más dicha asociación con la tolerancia al dolor en los atletas en particular. Sin embargo, existe poca investigación básica para describir la relación entre la AF habitual y la tolerancia al dolor en la población general. 

Los investigadores sugieren que aumentar la actividad física podría ser una estrategia potencial para aliviar o evitar el dolor crónico

Un nuevo análisis de datos de más de 10.000 adultos muestra que las personas que eran básicamente activas tenían una mayor tolerancia al dolor que las que eran sedentarias, y que las que tenían un mayor nivel de actividad tenían un mayor nivel de tolerancia al dolor. Anders Årnes, del Hospital Universitario del Norte de Noruega, Tromsø, y sus colegas presentan estos hallazgos en la revista de acceso abierto PLOS ONE el 24 de mayo de 2023.

Para ayudar a aclarar la relación entre la actividad física y la tolerancia al dolor, Årnes y sus colegas analizaron datos de 10.732 adultos noruegos que participaron en un gran estudio de encuesta de población, el Estudio Tromsø, que se realiza periódicamente en Noruega. Los investigadores utilizaron datos de dos rondas del estudio Tromsø, una realizada entre 2007 y 2008 y la otra entre 2015 y 2016. Los datos incluyeron los niveles de actividad física auto informados de los participantes y sus niveles de tolerancia al dolor, evaluados en una prueba que consistía en sumergir la mano en agua fría.

El análisis estadístico de los datos mostró que los participantes que informaron ser básicamente activos en cualquiera de las rondas del Estudio Tromsø tenían una mayor tolerancia al dolor que aquellos que informaron un estilo de vida sedentario en ambas rondas.

Los participantes con niveles de actividad total más altos tenían una mayor tolerancia al dolor, y aquellos que tenían una mayor actividad en 2015/2016 que en 2007/2008 tenían un nivel general más alto de tolerancia al dolor.

El análisis no mostró una relación estadísticamente significativa entre el nivel de actividad y los cambios en la tolerancia al dolor entre las dos rondas del estudio. No obstante, sugiere que permanecer físicamente activo, volverse activo o aumentar la actividad está relacionado con una mayor tolerancia al dolor.

Sobre la base de sus hallazgos, los investigadores sugieren que aumentar la actividad física podría ser una estrategia potencial para aliviar o evitar el dolor crónico.

Investigaciones futuras podrían ayudar a confirmar si existe realmente una relación causa-efecto entre la actividad y la tolerancia al dolor y evaluar posibles aplicaciones terapéuticas.

Los autores añaden: "Hacer o mantenerse físicamente activo con el tiempo puede beneficiar su tolerancia al dolor. ¡Hagas lo que hagas, lo más importante es que hagas algo!”.


Datos clave del estudio:

  1. El estudio analizó datos de 10.732 adultos noruegos, mostrando que las personas básicamente activas tenían una mayor tolerancia al dolor que las que tenían un estilo de vida sedentario.
  2. 2. El aumento de la actividad física a lo largo del tiempo se asocia con un mayor nivel general de tolerancia al dolor.
  3. 3. La investigación sugiere que aumentar la actividad física podría ayudar a aliviar o prevenir el dolor crónico, aunque se necesita más investigación para confirmar una relación causal.

Por último, compartir esta reflexión de un proverbio japonés: “Sólo en la actividad desearás vivir cien años”.

Los estilos de vida activos aumentan la tolerancia al dolor