lunes. 04.03.2024
pellets_galicia
Foto: diario Público

El anuncio comenzaba con una música épica mientras los dos vaqueros montaban rutilantes corceles por valles verdes, salpicados de hermosas cabañas, donde las leñadoras tendían la ropa en el campo. Ambos recordaban los tiempos cuando eran más jóvenes y se podía saborear la libertad de recorrer toda aquella comarca sin apenas franquear ningún cercado. En silencio recordaban la despreocupación de la infancia y sus hilitos de plastilina. Quizá la libertad era algo más que una palabra. Nada podía manchar ya, la sensación de haber vívido allí sus mejores años, y por lo tanto, nada ni nadie podía eclipsar su eterno deseo a postularse a concentrar todo el poder y la inconmensurable belleza de aquella tierra de suprema calidad.

Los vaqueros, sentados sobre sus caballos se pararon un momento a fumar un cigarro, al tiempo que las gaviotas surcaban el cielo formando figuras como si fueran sonrisas en un pentagrama celestial. En lontananza, una chimenea soltaba su fino hilo de humo entre el canto de los niños y las chanzas joviales de los octogenarios.

Un tibio rayo de sol se atrevía a desafiar las sempiternas nubes del invierno, mientras ambos vaqueros de soslayo contemplaban a una tierna abuelita que agasajaba, en el porche de su cabaña, con los dulces y amargos frutos del mar, a su nieto jovencito. Entonces, cuando las pequeñas barcas de pesca se volvían rápido a la costa ante la inminencia del temporal, un adolescente besaba a una hermosa jovencita que le correspondía con el más bello gesto de amor, mientras el chico le susurraba al oído;

__Venga, por favor, dulce Galicia tienes que raspar rápido esa basura de plástico de tus zapatos.

No mires abajo cuando la gaviota azul te invite a votar al final de la tierra dorada