jueves. 04.06.2026
CONFLICTIVIDAD LABORAL

Los trabajadores de Unidad Editorial se movilizan contra la congelación salarial de más de 15 años

El conflicto laboral en Unidad Editorial vuelve a ocupar el primer plano tras el anuncio de movilizaciones por parte de los trabajadores del grupo editor de El Mundo, Marca y Expansión.
Huelga contra el ERE de Unidad Editorial. Foto: CCOO Madrid

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Los empleados denuncian que llevan alrededor de quince años con los salarios prácticamente congelados, en un contexto de inflación acumulada que ha reducido de forma drástica el poder adquisitivo de las plantillas. La situación ha reabierto un debate histórico en la compañía: cómo compatibilizar la supervivencia económica de uno de los grandes grupos periodísticos españoles con unas condiciones laborales que, según los sindicatos, se han deteriorado de manera constante desde la crisis financiera de 2008.

El caso de Unidad Editorial refleja, en realidad, la crisis general de la prensa española durante las dos últimas décadas

La historia reciente de Unidad Editorial está marcada por sucesivos expedientes de regulación de empleo (ERE), despidos colectivos, ajustes salariales y ampliaciones de capital impulsadas por su matriz italiana, RCS Mediagroup, para evitar el deterioro financiero del grupo. Desde hace más de una década, la empresa vive un proceso de transformación permanente motivado por el desplome de la publicidad en papel, la caída de ventas de periódicos impresos y la lenta transición hacia un modelo digital rentable.

El primer gran ajuste llegó en plena crisis económica mundial. En 2009, Unidad Editorial aprobó un ERE que afectó a unos 180 trabajadores, aunque inicialmente se llegó a plantear la salida de hasta 400 empleados. Además de los despidos, la dirección aplicó recortes salariales a los sueldos más altos y congeló revisiones ligadas al IPC para el conjunto de la plantilla. (Economía Digital).

Aquella medida marcó el inicio de una larga etapa de recortes. La empresa justificó las decisiones por la caída abrupta de la inversión publicitaria, especialmente en prensa escrita, y por la necesidad de garantizar la viabilidad del grupo. Sin embargo, para muchos trabajadores, esos sacrificios temporales terminaron convirtiéndose en una situación estructural que nunca se corrigió cuando mejoraron parcialmente las cuentas.

Huelga contra el ERE de Unidad Editorial. Foto: CCOO Madrid
Huelga contra el ERE de Unidad Editorial. Foto: CCOO Madrid

En 2012 la situación financiera alcanzó uno de sus momentos más delicados. RCS Mediagroup, propietario de Unidad Editorial, tuvo que inyectar 500 millones de euros mediante una ampliación de capital para evitar la quiebra técnica de la empresa española, lastrada por varios años consecutivos de pérdidas. (El País) La operación reflejó la gravedad del deterioro económico del grupo editor, que acumulaba enormes dificultades para sostener la rentabilidad de sus cabeceras tradicionales.

Ese mismo año comenzaron nuevos planes de ajuste. Diversos medios especializados informaron de que la dirección estudiaba un nuevo ERE con hasta 200 despidos en áreas corporativas y en medios como Marca y Expansión debido al hundimiento del mercado publicitario. El sector de la comunicación sufría entonces uno de los peores escenarios de su historia reciente, con una rápida migración de lectores e ingresos hacia plataformas digitales y gigantes tecnológicos.

El episodio más traumático llegó probablemente en 2016, cuando Unidad Editorial acometió uno de los mayores recortes de plantilla de su historia. Inicialmente se plantearon hasta 224 despidos, aunque tras las negociaciones con los representantes de los trabajadores la cifra final se redujo a alrededor de 160 salidas. El ajuste afectó de manera directa a las redacciones de El Mundo, Marca, Expansión, Radio Marca y otras publicaciones del grupo.

Los sindicatos denunciaron entonces un “desmantelamiento progresivo” de la compañía periodística. El impacto fue especialmente duro porque supuso el cierre de delegaciones, la pérdida de periodistas veteranos y una fuerte reducción de recursos en distintas áreas informativas. Además, el ERE se producía después de años de congelaciones salariales y de un ambiente laboral muy deteriorado por la incertidumbre permanente.

Las cifras reflejan el alcance de la reducción. Según distintas informaciones publicadas durante aquellos años, la plantilla global pasó de más de 2.000 trabajadores antes de la crisis a 1.400 empleados tras los sucesivos ajustes. La transformación del grupo no terminó ahí. En 2021 la empresa volvió a ejecutar otro ERE que afectó finalmente a 67 trabajadores de la sociedad principal de Unidad Editorial, aunque inicialmente la propuesta contemplaba cerca de un centenar de despidos.

A pesar de los recortes, la compañía ha intentado acelerar la transición digital. El crecimiento de las suscripciones online de El Mundo y el desarrollo de nuevos contenidos audiovisuales han permitido mejorar algunos indicadores financieros en los últimos años. En 2022, según datos difundidos por RCS Mediagroup, Unidad Editorial alcanzó un EBITDA superior a 40 millones de euros y logró aumentar sus ingresos digitales.

Sin embargo, la mejora operativa no se ha traducido, según los trabajadores, en una recuperación salarial significativa. Los sindicatos sostienen que las plantillas han asumido durante años el coste de la reconversión del negocio mientras la carga de trabajo aumentaba de manera notable debido a la reducción de personal y a las exigencias de producción digital continua.

El malestar actual se centra precisamente en esa contradicción. Los representantes laborales denuncian que muchos empleados han perdido una parte muy importante de su capacidad adquisitiva debido a la inflación acumulada durante quince años sin revisiones salariales acordes al coste de vida. En términos reales, esto supone una reducción considerable del salario efectivo, especialmente tras la fuerte subida de precios registrada en España desde 2021.

La dirección de la empresa, por su parte, insiste habitualmente en que el sector sigue afrontando enormes desafíos estructurales. Aunque las audiencias digitales crecen, los ingresos derivados de internet todavía no compensan plenamente el desplome histórico del negocio impreso. Además, la competencia con plataformas tecnológicas y redes sociales sigue reduciendo el peso publicitario de los medios tradicionales.

El caso de Unidad Editorial refleja, en realidad, la crisis general de la prensa española durante las dos últimas décadas. La digitalización ha transformado radicalmente el modelo económico de los periódicos. Cabeceras históricas han tenido que reducir plantillas, cerrar delegaciones y modificar profundamente sus estructuras para sobrevivir en un entorno dominado por Google, Meta y las grandes plataformas digitales.

Pero también pone de manifiesto un conflicto cada vez más visible en el sector: el choque entre la necesidad empresarial de contener costes y las reivindicaciones de periodistas y trabajadores que consideran que han soportado durante años una pérdida continua de derechos laborales y salariales.

Las movilizaciones anunciadas en Unidad Editorial simbolizan ese desgaste acumulado. Después de quince años de ajustes, ERE y congelaciones, parte de la plantilla considera que ha llegado el momento de exigir una redistribución de los resultados obtenidos con la recuperación digital del grupo. El desenlace de este conflicto será observado con atención en todo el sector mediático español, donde muchas empresas afrontan problemas similares y donde las tensiones laborales podrían intensificarse en los próximos años.

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