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sábado. 02.07.2022
FALLECE LUIS ARAGONéS

Luis Aragonés: El 'atlético' que cambió el fútbol español

Por Antonio Mora Plaza | Es inevitable que la muerte del sabio de Hortaleza concite más reacciones de todo tipo que la muerte de dos grandes poetas, como ha ocurrido recientemente.

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Es inevitable que la muerte del sabio de Hortaleza concite más reacciones de todo tipo que la muerte de dos grandes poetas, como ha ocurrido recientemente. No debemos ni siquiera lamentarlo, porque cada uno tiene su Olimpo y la justicia para esto no tiene su venda en los ojos. Reconozcamos que el futbol, este deporte que se juega con una pelota en los pies –de ahí lo de football- tiene algo especial que no tienen otros deportes. Para empezar es el deporte de los pobres, porque con algo redondo y cuatro palos o piedras ya puedes jugar. Nada comparable a la natación o a la gimnasia, que son deportes para ricos o, al menos, para países ricos. Son dos ejemplos. Los niños y niñas del Tercer Mundo, aunque a veces estén en el Primero, son felices e iguales dando patadas a eso redondo que los de barriadas llamábamos pelota y los finolis le llamaban balón. Y esa felicidad de los pobres que puedan tener los que apenas tienen para alimentarse y cobijarse ya podrá ser arrebatada por los 85 millonarios del mundo que ganan tanto y tienen tanta riqueza como los 3.750 millones más pobres. Eso no quita para intentar quitarles gran parte de esa riqueza, si puede ser por la vía pacífica. Cuando eso niños pobres sean mayores quizá ya no puedan ser de nuevo felices y casi seguro que la inmensa mayoría no podrán salir de la pobreza, pero nadie, ni siquiera esos 85 millonarios, les podrán arrebatar la alegría y despreocupación cuando correteaban con otros niños y niñas detrás de la pelota o cosa redonda. Esto es el futbol. También que es un juego de equipo, donde el egoísmo se ve menguado por la inevitable solidaridad.

Hay que destruir y enterrar el tópico incardinado en la izquierda ideológica de que a los futboleros, a los que nos gusta este deporte, sufrimos las consecuencias del pan y circo, el panem et circenses romanos, y zarandajas de tal jaez. Se es listo, enterado, culto, inteligente o no, independientemente de que disfrutes jugando o sólo viendo el deporte de Messi, Maradona, Cruyff, Valerón, Pelé o Zidane. No se es más listo por no gustarte o despreciarlo o depreciar a los que nos gusta, y luego votar a Fabra –el tuerto con cara de mafioso-, apoyar al Gallardón homicida de los derechos de las mujeres, a los que intentan acabar a mordiscos con el Estado de Bienestar, al Zaplana que venía a la política “a forrarse” (ver caso Naseiro), a los que se cargan la negociación colectiva, a los que condenan a los pensionistas a subirles un 0,25% en sus pensiones. Son sólo ejemplos. Los asalariados, mujeres en edad fértil y pensionistas que apoyan o votan a estos son los verdaderos zoquetes y no los que nos gusta el futbol. A mí me gusta y disfruto del juego de la Roja y de otros equipos que juegan parecido, y eso no me impide leer a Kant –aunque no esté seguro de entenderle-, entusiasmarme con los razonamientos de Cantor para arribar a los conjuntos transfinitos, deleitarme con la música de Mozart, seguir, en la medida que puedo, ese mundo extraño y sorprendente de la física cuántica o disfrutar con la literatura de Borges y sus jardines, laberintos y eternos retornos. Son sólo algunos ejemplos. La vida y el tiempo dan para ambas cosas y para mucho más.

Luis, antes Zapatones, ahora y para siempre sabio de Hortaleza,  cambió la historia del futbol de la selección, dejamos de ser el país que caía siempre en cuartos –lo cual no era exactamente cierto- para ser modelo de juego y con la carga menor posible de divismo. A los que nos gusta el futbol, pero que también nos gusta la ciencia, nos gustaría que los españoles votaran a los partidos que tuvieran en un altar a la ciencia, la investigación, la cultura, el arte; que votaran a los partidos que defienden el Estado de Bienestar desde lo público, que no menoscaban el Estado de Derecho, que no consideran que la democracia es un mero sistema electoral. La culpa, querido Horacio, no es de nuestra estrella, sino nuestra. Y para nada por ello nos distrae, ni oscurece, ni nos ofusca el futbol, aunque haya habido intentos y los hay permanentemente de utilizar el futbol -o cualquier cosa- para enterrar cualquier atisbo de sentido crítico del poder, sea político, empresarial o religioso. Para eso hicieron los cuarenta años de dictadura, asesinando, exiliando, encarcelando a cientos de miles de españoles, apoyados por otros cuantos millones de españoles, digámoslo todo. Porque nuestros enemigos no son simplemente los Rajoy, Aguirres, Gallardones, Aznares, Bonos, Roucos y demás caterva, sino que lo son nuestros vecinos que los votan y los apoyan, los que se consideran herederos de la dictadura, y muchos de ellos son tan zoquetes como el que más, aunque no les guste el futbol. Por todo ello, gracias Luis por hacernos un poquito más felices a los que nos gusta el futbol pero que también otras muchas cosas. Gracias.

Luis Aragonés: El 'atlético' que cambió el fútbol español