martes. 23.04.2024
imaginacion_realidad
Imagen: Pixabay

La muerte de la popular artista Sinéad O'Connor trajo consigo, desde finales del pasado mes de julio, una cascada de informaciones relacionadas con la brutal existencia de la irlandesa que, a menudo, sorprendía por sus demandas y supuestas salidas de tono y, en este sentido, Laura García Higueras recordaba en elDiario.es del 27 de ese mes que se trataba de "una artista muy politizada y contestataria; y su carrera no solo estuvo marcada por la música".

Lo cierto es que hay mucha... contaminación: "La artista explicó en su autobiografía que, además de los abusos que sufrió, las exigencias de la industria musical fueron determinantes a la hora de complicar su estado de salud. Afirmó que las discográficas habían querido etiquetarla como una 'loca' en la época en la que gozó de más éxito, para poder vender -y aprovecharse- de su imagen transgresora".

"Pero -concluye- logró volver a resurgir" y "quizás por ello es un buen momento para reivindicarla aplicándole el estribillo de su canción más emblemática: 'Nada se compara a ti'. En definitiva: las dificultades del artista para sacar adelante sus ofertas están de moda, pues, sin ir más lejos, ese mismo día, Rocío Cruz informaba acerca de ello en Público: "La derecha y la ultraderecha han iniciado una ola de censura cultural en varias comunidades de España. Alberto González, asesor jurídico de la Organización por la Libertad Artística (OLA), asegura a Público que la censura es una herramienta para controlar el imaginario colectivo y la capacidad crítica de la ciudadanía".

Es más: "El asesor jurídico de OLA opina que la censura ataca lo monetario y a la contratación". ¿Queda claro? Paciencia, lector: en El mundo, novela recientemente reeditada por Alfaguara, Juan José Millás ya se expresaba alrededor de 2007 de este modo: "Cuando empecé a crecer, ya estaba todo roto: rotas las vidas de mis padres, eso era evidente, y rotas las nuestras, que habíamos sido violentamente arrancados de la clase social y del lugar al que pertenecíamos". "Pronto -asegura Millás- se nos notificó un secreto: nosotros no pertenecíamos a la clase social de los chicos que jugaban en la calle. No debíamos mezclarnos con ellos".

Clases sociales, abusos afectivos y laborales, desviación mediática de la realidad más inhumana son, hoy mismo, algunas de las cabeceras de los diversos medios. ¿Hasta cuándo? El Mundo, La orquesta roja (también acaba de fallecer Gilles Perrault y Txalaparta reeditó la novela recientemente)... son lecturas que pueden servir al lector menos embrutecido a modo de herramienta con la que defenderse de la realidad más violenta reflejada en los dichosos medios de comunicación. Cierto: no estamos solos, pero... ¿sabemos lo que queremos?

Bueno, el pasado 12 de agosto, Carlo Frabetti recordaba en Jot Down que "se lamenta Hans Schnier, el protagonista de Opiniones de un payaso, de que la suya es una profesión en la que solo hay lugar para los mejores: o eres el número uno o no eres nadie". Y, vaya, "si tienes la suficiente lucidez como para darte cuenta de que no eres el mejor y no te resignas a convertirte en un mero jornalero del payasimo más comercial, la frustración puede acabar en niveles insoportables".

Como puede comprobarse tras la lectura de estas y otras sugestivas lecturas, una cosa es la leyenda mediática y otra... la realidad. El día a día real y verdadero.

Leyenda mediática y realidad