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sábado. 13.08.2022

Las nóminas salariales, las deudas de proveedores y la realización de los proyectos de investigación están amenazadas.

Vivimos tiempos de zozobra en nuestra Universidad, víctima anticipada de los recortes sociales que se derivan de una desordenada reducción del déficit público. Es cierto que los recortes en la Enseñanza Secundaria se han situado en primera línea de la preocupación ciudadana, pero el sistema educativo es un conjunto cuyas máximas posibilidades científicas y sociales se alcanzan precisamente en el nivel de la Universidad. No puede silenciarse, por tanto, lo que está ocurriendo en nuestra Universidad, sobre todo porque estamos en una Región en la que los déficits históricos son más graves y de mayor calado social que ese déficit económico coyuntural que tanto preocupa ahora.

En efecto, la Universidad de Castilla-La Mancha se encuentra estrangulada económicamente. Nunca fue deficitaria, hay que subrayarlo, ha gestionado con notable eficacia y sin deudas los recursos públicos recibidos. También es cierto que, sin que hubiera incrementos de títulos, el gobierno autonómico, desde 2004, aumentó en un 60% el presupuesto de la universidad, lo que ha permitido una mejora importante de todos los servicios de docencia e investigación, y también ha servido para sobrevivir en este año de 2011 en el que sólo se ha recibido del gobierno autonómico el dinero para pagar la nómina de julio de 2011, que correspondía a diciembre de 2010.

Pero lo importante es que se le deben a la Universidad las cantidades aprobadas para el presupuesto de 2011 por las Cortes regionales. Y una universidad no funciona sólo con las nóminas. Tiene que gastar, sí, gastar, en investigación, en actividades científicas y educativas, en laboratorios, en bibliotecas, en mejora de recursos para la docencia, en intercambios académicos, y todo esto se ha ido pagando en estos nueve meses del 2011 gracias a que había superávit en la tesorería universitaria porque se había hecho una buena gestión en los cursos anteriores. Pero esto se está agotando, prácticamente se puede decir que se ha terminado, se ha llegado al punto de asfixia económica.

Por eso es urgente recordar que la Universidad en nuestra Región es una auténtica locomotora para el desarrollo económico y social (los datos lo confirman). Sin duda, es el mayor centro de I+D+i, la empresa de más sólida envergadura social e histórica de una Comunidad Autónoma que siempre estuvo postergada. En muy pocos años, en apenas dos décadas y media ha acortado una distancia de siglos con respectos a otras universidades. En nuestras aulas se sientan por primera vez los hijos y nietos de aquellas generaciones que no pudieron tener un título universitario porque nuestras provincias estaban olvidadas y silenciadas. Además, esos jóvenes salen hoy preparados y con capacidades para afrontar los retos del siglo XXI. Sin complejos y con unos saberes que les permiten estar en un nivel europeo sin precedentes en nuestra tierra.

En conclusión, toda la enseñanza debe ser objetivo prioritario para un gobierno que quiera el progreso de sus ciudadanos, y en nuestro caso es precisamente la universidad regional la que se encuentra en un punto peligroso de retroceso. Ha costado mucho alcanzar la solidez y el prestigio logrado en poco tiempo. Ahora mismo, las nóminas salariales de los profesores, de los becarios y del PAS, las deudas de proveedores y la realización de los proyectos de investigación están amenazadas. Importantes investigaciones ya comprometidas no pueden llevarse a efecto porque sigue sin transferirse a las cuentas de la universidad las cantidades aprobadas por las Cortes de Castilla-La Mancha. Las contratas y subcontratas de vigilancia, de limpieza o de seguridad ven su personal diezmado, y el servicio reducido a un simulacro de prestación. Esta situación debe de ser solucionada de modo urgente, porque no hay que olvidar - aunque eso resulta obvio - que la Universidad es un servicio público de interés general cuyo mantenimiento es un deber para los gobernantes, con independencia del color político.

No es posible permitir por más tiempo esta situación, ni guardar silencio sobre la misma. Hay que plantear a la ciudadanía de Castilla-La Mancha y a todos los universitarios, también a sus organizaciones representativas y a las autoridades académicas, que sólo estando unidos en este momento podremos defender la calidad y el avance de nuestra Universidad. Es la institución que más debe unirnos en un momento de crisis. Así podremos lograr que el gobierno autonómico cumpla con lo que, sin duda, es su obligación constitucional, legal y estatutaria, la de costear la Universidad que es de todos los castellano-manchegos. No podemos quedarnos en silencio ni quietos ante el peligro cierto de degradación inconcebible de una de las grandes realizaciones democráticas de la Comunidad de Castilla-La Mancha. Debemos salvar la UCLM.

ANTONIO BAYLOS | Catedrático de la Universidad de Castilla-La Mancha
JUAN SISINIO PÉREZ GARZÓN |  Catedrático de la Universidad de Castilla-La Mancha
JOAQUÍN APARICIO | Catedrático de la Universidad de Castilla-La Mancha
BRUNO CAMUS | Catedrático de la Universidad de Castilla-La Mancha
NICOLÁS GARCÍA RIVAS | Catedrático de la Universidad de Castilla-La Mancha
FÉLIX JALÓN | Catedrático de la Universidad de Castilla-La Mancha
PUBLIO PINTADO SANJUÁN | Catedrático de la Universidad de Castilla-La Mancha

La crisis de la Universidad de Castilla-La Mancha
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