Los socialistas contra la primera guerra balcánica
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de 1912, de 'El Socialista'
El Partido Socialista Obrero Español (PSOE) desempeñó un papel central en la promoción del antimilitarismo dentro del contexto español que abarcó desde el conflicto de la Guerra de Cuba hasta el estallido de la Gran Guerra. Su posición se inscribió dentro de la línea general que habían mantenido los partidos socialistas agrupados en la Segunda Internacional, la cual se caracterizaba por una clara oposición a los enfrentamientos bélicos.
En este marco, el PSOE puso un énfasis particular en denunciar y subrayar los conflictos militares que afectaban directamente a España, como fue el caso de la guerra mencionada al inicio, pero puso especial atención, y de manera crítica, al conflicto que supuso la Guerra de Marruecos. Sin embargo, a pesar de centrarse en esas confrontaciones, tampoco dejó de lado otros conflictos que tuvieron lugar durante los años del periodo de entreguerras, tratando de mantener una postura coherente frente a todas las situaciones bélicas que se desarrollaron durante ese tiempo.
En el presente artículo, se aborda con detenimiento un evento muy concreto: un mitin que tuvo lugar en la Casa del Pueblo de Madrid a principios del mes de noviembre del año 1912. Esta reunión se organizó con un propósito claro y determinado, que fue protestar enérgicamente contra lo que se conoce como la primera Guerra Balcánica, conflicto que se desencadenó precisamente en un momento en que la Segunda Internacional estaba inmersa en un proceso de intensa movilización y activismo para hacer frente a las tendencias bélicas que se estaban manifestando en Europa.
Para entender el contexto del mitin, es importante recordar que en el año 1908 el Imperio austro-húngaro tomó una decisión unilateral y polémica, al proclamar la anexión de los territorios de Bosnia y Herzegovina, lo cual generó una tensión considerable en el panorama internacional. Esta medida provocó movilizaciones importantes en Rusia, que actuó con el doble objetivo de intentar frenar la influencia austríaca y, a la vez, sacar provecho de la evidente debilidad del Imperio turco en ese momento.
Como resultado de esta dinámica, Rusia promovió la formación de una coalición conformada por pequeños Estados de la región, lo que culminó en 1912 con la creación de la llamada Liga Balcánica, integrada por Serbia, Bulgaria, Grecia y Montenegro. No mucho después, en octubre de ese mismo año, estalló la primera Guerra Balcánica, enfrentando a la coalición de la Liga contra el Imperio turco. Este conflicto fue breve pero intenso, finalizando con la derrota rotunda de las tropas otomanas.
Desde el punto de vista estratégico, Rusia logró uno de sus principales objetivos, que consistía en debilitar aún más al Imperio turco. Al mismo tiempo, los miembros de la Liga Balcánica consiguieron ampliar sus territorios respectivos, aprovechando la oportunidad para expandirse a costa del Imperio derrotado, que perdió prácticamente todos sus dominios europeos en esta confrontación.
El mitin en cuestión se celebró en el salón principal de la Casa del Pueblo y formaba parte de una campaña más amplia que había sido promovida por la Internacional con el fin de denunciar y movilizar contra la guerra en general, así como frente a la creciente tendencia belicista que demostraban las grandes potencias europeas. La organización y coordinación del mitin corrieron a cargo de la Agrupación Socialista Madrileña, y la sesión fue presidida por Mariano García Cortés, figura destacada en la dirección y el activismo socialista de aquella época.
El evento comenzó con una intervención a cargo de las Juventudes Socialistas, un sector que siempre mantuvo, en todos los partidos socialistas, un profundo espíritu antibelicista. Esta actitud se fundamentaba en la realidad de que eran precisamente los jóvenes quienes, en mayor medida, eran destinados a las guerras.
En el caso de España, durante mucho tiempo, el reclutamiento afectó de manera particular a los hijos provenientes de las clases sociales más humildes, quienes no podían eludir el servicio militar obligatorio. En esta ocasión, el orador encargado fue Luis Mancebo, quien no solo expuso con claridad la postura antibelicista y crítica que sostenía el socialismo frente al conflicto, sino que también explicó los orígenes y causas del enfrentamiento allá en los Balcanes. Mancebo no dejó de enfatizar el papel fundamental que la clase trabajadora desempeña en las guerras, lamentando cómo aquella es “sangrada estérilmente” en beneficio de intereses ajenos, y apelando a la necesidad urgente de unidad entre los trabajadores para resistir y evitar futuras luchas armadas.
El siguiente orador fue Julián Besteiro, quien desarrolló un discurso profundamente analítico con la intención de arrojar luz sobre la compleja situación que se vivía en los Balcanes y sobre la política internacional del momento en general. Siguiendo fielmente la doctrina socialista, Besteiro relacionó el conflicto bélico con los llamados “delirios” imperialistas propios de la “clase capitalista”. Según la teoría socialista imperante, las grandes guerras se percibían como el preludio inevitable de revoluciones profundas y transformadoras.
Por ello, Besteiro mantuvo que Europa estaba al borde de cambios sociales y políticos de gran calado. Explicó que las potencias principales provocaban los conflictos armados empujadas por la codicia y la ambición territorial, pero, irónicamente, también los temían, dado que estos enfrentamientos podían desencadenar las revoluciones que amenazaban sus sistemas de dominación y poder.
Además, Besteiro se ocupó de explicar en detalle la denominada “paz armada” que caracterizaba a los años previos a la Primera Guerra Mundial, marcada por una carrera armamentística sin precedentes entre las potencias europeas. Destacó especialmente el papel protagonista del poderío naval británico y de la pujante capacidad industrial alemana que alimentaba esta competencia militar. Asimismo, expuso la deriva colonialista de dichos países, ejemplificando con los movimientos de liberación que se estaban dando en regiones como China y Persia, donde el control imperialista de las grandes potencias estaba siendo cuestionado.
Respecto al conflicto balcánico en particular, el catedrático desgranó el papel que jugaban los distintos protagonistas en aquella compleja contienda. En primer lugar, señaló cómo Austria se presentaba, al menos formalmente, como garante teórico de los derechos del Imperio otomano sobre sus territorios, mientras que Rusia se autodefinía como defensora y protectora de los pueblos eslavos.
No obstante, Besteiro desmontó esta máscara destacando que Rusia se comportaba en realidad como el principal verdugo de esos mismos pueblos que afirmaba defender. Criticó con gran dureza a Fernando de Bulgaria, al que calificó como un tirano todavía más despótico que el zar Nicolás II de Rusia. Según expuso, Fernando habría manipulado hábilmente a su pueblo para enfrentarlo contra los turcos, un hecho que respaldó mostrando fragmentos extraídos de la prensa de la época que reflejaban dicha manipulación política y social.
Para clausurar el mitin, tomó la palabra Pablo Iglesias, figura central y veterana del socialismo español, quien, como era costumbre en sus intervenciones, resumió con precisión y claridad el ideario socialista respecto a la guerra. Iglesias insistió en la importancia de aprender de los acontecimientos que estaban sucediendo, con el fin de impedir que se reprodujeran hechos bélicos similares en el futuro.
Reconoció que, aunque la fuerza del socialismo en España aún era reducida y limitada, confiaba en la fuerza colectiva de los socialistas en Europa, quienes, a su juicio, representaban una garantía imprescindible para evitar que las potencias pudieran avanzar más allá en sus pretensiones codiciosas y agresivas. Presentó al socialismo como una fuerza política y social cada vez más decisiva, tanto dentro de los países como en los propios ejércitos. Subrayó la necesidad de evitar que la situación terminara derivando en una conflagración generalizada en todo el continente europeo, un peligro que, como es bien sabido, se convertiría en una realidad lamentable poco después.
Sin embargo, y aunque el mitin fue un reflejo del esfuerzo internacionalista, también es cierto que, finalmente, el movimiento socialista global fracasaría en su intento de evitar el estallido definitivo de la guerra.
Una vez finalizado el acto, los socialistas que asistieron alcanzaron un acuerdo para aprobar una resolución estructurada en tres puntos principales. El primero de ellos expresaba una clara protesta contra la guerra, calificada directamente como el resultado de la “codicia” inherente a la burguesía dominante. En el segundo punto se reiteraba la solidaridad de todo el socialismo español con la lucha internacionalista para evitar la continuidad y expansión del conflicto bélico. Finalmente, en el tercer punto, se acordó comunicar formalmente estos acuerdos a la Segunda Internacional para contribuir a la campaña internacional contra la guerra.
La crónica detallada del mitin puede encontrar su consulta en el número 1387, del 8 de noviembre de 1912, del periódico El Socialista. Para quienes deseen obtener una visión más amplia y de conjunto sobre el periodo histórico que comprende este tipo de movilizaciones y el contexto de las tensiones internacionales, se recomienda la obra de Pierre Renouvin titulada La crisis europea y la Iª Guerra Mundial (1904-1918), publicada por Akal en 1990, que ofrece un análisis riguroso y profundo de aquellos años complejos.