HISTORIA DEL SOCIALISMO

La peculiaridad laborista, según Luis Araquistáin

Número 6.405 de 'El Socialista' del 20 de agosto de 1929
Luis Araquistain publicó un artículo en agosto de 1929 muy ilustrativo sobre este particular, además de ofrecernos una opinión sobre el mismo y sobre la influencia del laborismo.

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@Montagut | El Partido Laborista fue un partido con una peculiar composición, ya que estaba formado por grupos, partidos, sindicatos y sociedades, de forma muy distinta a los partidos socialistas continentales. Luis Araquistáin publicó un artículo en agosto de 1929 muy ilustrativo sobre este particular, además de ofrecernos una opinión sobre el mismo y sobre la influencia del laborismo. Este trabajo trata de este artículo, en un contexto de fuerte interés por el laborismo por parte de los socialistas españoles, como lo demuestra la constante preocupación sobre su evolución que le dedicaron las páginas de El Socialista durante la década de los veinte, así como por la situación política británica. El laborismo se situó en uno de los pilares del bipartidismo y alcanzó el poder en esa década, asuntos que no podían dejar de interesar al PSOE, asunto que merece un estudio monográfico.

Araquistáin opinaba que el Partido Laborista se había convertido en una especie de crisol de hombres y mentalidades dispares

Como es sabido, el Partido Laborista nació en 1900. Araquistain expresaba que hasta entonces los trabajadores británicos votaban a liberales y conservadores, aunque en la última década del siglo XIX la conciencia de clase no despertó políticamente, aunque, bien sabemos que habría que tener en cuenta el anterior cartismo. En todo caso, se creó el Comité de representación obrera para el Parlamento, que condujo al proceso de formación del Partido Laborista.

Razón tenía nuestro protagonista cuando afirmaba que no había en el mundo nada equivalente al Partido Laborista que, en su opinión no era un Partido en sí, o al menos no lo era como el PSOE o el SPD, añadiríamos nosotros, sino una confederación de partidos socialistas y sindicatos profesionales. Cuando se creó el Partido ingresaron en el mismo la Federación Socialdemócrata, la Sociedad Fabiana y el Partido Laborista Independiente, tres grupos con diferencias significativas. La Federación era marxista y el grupo más antiguo, pero no era el más influyente, ni era la que más afiliados había aportado. Además, añadía Araquistain, el laborismo británico era poco dado a concepciones teóricas sobre la historia (entendamos por materialismo histórico) y la lucha de clases. El autor pensaba que en eso estaba la clave para entender el fracaso del comunismo en el Reino Unido.

Había, por lo tanto, lores socialistas y obreros lores. La aristocracia y la clase media se sentían atraídos por el laborismo

La Sociedad Fabiana era un grupo de intelectuales, profesores y escritores. Procederían de la burguesía. Los fabianos darían mucha importancia en relación con el futuro del socialismo a la élite directora, en expresión de Araquistáin, para la “conducción inteligente” de la clase trabajadora. La Sociedad buscaría crear un grupo de expertos para el gobierno de las distintas administraciones, y llenar de socialismo las entidades de enseñanza y culturales británicas, especialmente las universidades, así como los partidos políticos. Los fabianos no eran marxistas, pero estaban consiguiendo sus fines de que los núcleos de poder político, educativo y cultural se llenaran de ideas socialistas reformistas a través de una estrategia suave, sin solemnidad y “con humor”, aludiendo al caso de Bernard Shaw.

La función del Partido Laborista Independiente habría sido conseguir destacar en el laborismo a los hombres más preparados de la clase obrera, aludiendo a Ramsay MacDonald y Snowden, que habían terminado por ser los líderes del laborismo. Por otro lado, el Partido Laborista Independiente, siempre según Araquistáin, había conseguido crear el nexo entre los intelectuales no fabianos y los medios obreros. El Partido Laborista Independiente defendería un socialismo radical y combativo, siendo la izquierda del laborismo, frente al modelo fabiano. En este grupo estarían líderes como James Maxton, Ponsonby, Oswald Mosley (antes de que derivara al fascismo, añadiríamos nosotros), entre otros, así como muchos jóvenes universitarios, y liberales pacifistas que se habían enfrentado al hecho de que su país entrara en la Gran Guerra. Según el socialista español los líderes como MacDonald y Snowden habían terminado por separarse del Partido Laborista Independiente por creer que su misión estaba ya cumplida después de la declaración de socialismo del Partido Laborista en 1918.

Arquistáin pensaba que la clase obrera había adquirido una especie de conciencia aristocrática, de clase elegida, de pertenecer a una nueva aristocracia, no vinculada a la sangre o al dinero, sino al trabajo

Por fin, integraba el Partido Laborista la mayor parte de los sindicatos británicos. En principio, la afiliación fue colectiva, es decir, partidos, sindicatos y sociedades, aunque desde 1918 se permitía la afiliación individual. Ese sería otro motivo, siempre según nuestro analista, para justificar la no existencia ya del Partido Laborista Independiente, aunque, como bien sabemos duraría mucho tiempo aún. El año 1918, por lo tanto, fue decisivo para la Historia del laborismo, porque se asumió en el Congreso un programa donde se hablaba de socialismo, y que fue reformado en 1928. Entre ambos programas se había producido el primer Gobierno laborista de 1924 y la huelga general de 1926, dos acontecimientos que habrían influido en los líderes del laborismo. Araquistáin, en consecuencia, comparaba ambos programas. En los dos se reclamaba la socialización de las minas, de los transportes, de la electricidad y de las compañías de seguros. En algunas cuestiones el de 1918 parecía más radical al pedir la abolición de la Cámara de los Lores, una petición que desaparecería en el de 1928, al comprobar, siempre según el autor del artículo, que dicha Cámara podía ser útil al laborismo en momentos de no mayoría. En otros puntos era más radical el segundo, como cuando se reclamaba un control nacional del Banco de Inglaterra. Araquistáin pensaba que el programa de 1918 era más utópico que el de 1928. El de 1918 hablaba de un partido de clase, llamado a reemplazar a los otros partidos y a las otras clases en la dirección del Estado y en la transformación de la sociedad. Araquistáin afirmaba que el Partido Laborista había caído en ese momento en la concepción catastrofista que durante más de medio siglo supuestamente había alimentado al socialismo continental. En cambio, en 1928 se hablaba en nombre de la nación, y el Partido Laborista aspiraba a ser un partido de mayoría nacional y de todas las clases.

En relación con lo expuesto, Araquistáin opinaba que el Partido Laborista se había convertido en una especie de crisol de hombres y mentalidades dispares. En el mismo, los obreros habrían evolucionado del apoliticismo o de una fe en los viejos partidos hacia el socialismo, mientras que los intelectuales socialistas habrían hecho su propia evolución psicológica hacia la clase trabajadora. Había, por lo tanto, lores socialistas y obreros lores. La aristocracia y la clase media se sentían atraídos por el laborismo. En este sentido, sabemos de los debates en la opinión pública británica sobre el acercamiento de miembros de la aristocracia y de las clases altas hacia el laborismo, asunto que hemos estudiado monográficamente. Por otro lado, Arquistáin pensaba que la clase obrera había adquirido una especie de conciencia aristocrática, de clase elegida, de pertenecer a una nueva aristocracia, no vinculada a la sangre o al dinero, sino al trabajo. En este sentido, a Araquistáin le interesaba mucho cómo el Partido Laborista estaba consiguiendo influir en las capas sociales fuera de sus límites, y para ello, además aportaba los datos de aumento de su afiliación desde 1910, aludiendo también al optimismo que transmitían sus líderes. Lo importante para nuestro analista no era tanto que el laborismo estuviera intentando imponer por ley el socialismo, sino que lo estaba implantando en la conciencia general.

Hemos consultado el número 6405 de El Socialista del 20 de agosto de 1929. Sobre Araquistáin es, sumamente interesante el estudio preliminar que Ángeles Barrio Alonso realizó en la edición facsímil de la Polémica de la Guerra de nuestro protagonista, y que la Fundación Francisco Largo Caballero publicó en 2008, porque expone las ideas de nuestro protagonista en cada etapa.