sábado 31/10/20
ANALISIS HISTÓRICO/PSICOLÓGICO

El complejo de Diógenes

diogenes alejandro magno
La charla de Alejandro Magno con Diógenes. Una obra de Achilles Vassiliou en la plaza central de Kalamia Corinto. (Wikipedia)

Diógenes nació en Sinope (Grecia) en el año 413 A.C. Tuvo una infancia sin necesidades, ya que su padre era un banquero importante de la ciudad. En su adolescencia los griegos estaban en guerra con los persas y Sinope era una ciudad abocada a caer en manos persas. Diógenes y su padre acudieron al oráculo y este les indicó que debían hacer algo para que la administración de la ciudad no les resultara sencilla a los persas, por lo que acuñaron mucha moneda falsa y la pusieron en circulación. La conquista persa se demoró, y la administración griega se percató de la falsa moneda. Como castigo les impuso el exilio a Atenas. En Atenas, Diógenes quiso hacerse discípulo de Antígenes, que era un filósofo perteneciente a la escuela cínica, pero este le rechazó argumentando que un cínico se dedica a vivir la vida, no a tener aprendices. Aun así, Diógenes le persiguió día y noche hasta que puso tan nervioso a Antígenes que este le amenazó con un bastón, Diógenes le ofreció su cabeza para que le diera con él, y así fue como Antígenes le aceptó. Tras lo aprendido con Antígenes, Diógenes comenzó a impartir su filosofía por las calles de Atenas. Argumentaba que el único camino en la vida era la austeridad extrema y la mortificación. Vivía en la calle, dormía al aire libre tapado por su capa y tenía por casa un barril, estas dos eran las únicas posesiones materiales de Diógenes. Diógenes no dejó escrita ninguna obra, ya que su vida era su obra. Un día se puso a masturbarse en el Ágora, quienes le reprendieron, tuvieron una de sus “cínicas” respuestas: “Ojalá frotándome, terminara con el hambre de una manera tan dócil”. En otra ocasión un adinerado hombre de la ciudad le invitó a su mansión a comer. Cuando iba a empezar a comer le advirtieron que esa era una casa decente y que no podía escupir en el suelo, Diógenes le escupió en la cara al hombre adinerado y argumentó: “No he encontrado un sitio más sucio donde hacerlo”. Se le considera el más destacado filósofo del cinismo.

Trabó cierta amistad con Platón, que le llamaba “Sócrates delirante”. En cierta ocasión ambos discutieron sobre lo que realmente era un hombre, Platón sentenció diciendo que el maestro Sócrates había definido al hombre como un “bípedo implume”. Días después de esta discusión, Diógenes fue al mercado robó un pollo, lo desplumó y lo soltó en una de las clases de Platón a sus discípulos mientras gritaba: “¡Maestro, aquí tienes un hombre!” Diógenes era amante de los perros, tenía muchos y paseaba con ellos por Atenas. A él se atribuye la frase: “Cuanto más conozco al ser humano, más quiero a mi perro”.

Diógenes era también conocido por su trato con los vagabundos de la ciudad. Un día, uno de estos vagabundos se acercó a él y le preguntó por qué la gente le daba limosna a los pobres, pero no se la daba a los filósofos, Diógenes de una manera “cínica” contestó: “Eso es porque piensan que en algún momento ellos pueden acabar siendo pobres pero nunca piensan que van a ser filósofos”.

En uno de sus viajes, Diógenes fue apresado por unos piratas y fue vendido como esclavo. Cuando le pusieron a la venta, un comprador se acercó a él y le preguntó que qué sabía hacer, Diógenes respondió “Mandar. Comprueba si alguien quiere comprar un amo”. Fue comprado por un tal Xeniades de Corinto, que al comprobar que era un hombre sabio le hizo tutor de sus dos hijos y acabó liberándolo.

El resto de su vida la pasó en Corinto exponiendo su filosofía a sus habitantes. Un día Alejandro Magno y sus ejércitos llegaron a Corinto. El magnífico general vio a Diógenes arengando a las masas y quedó tan impresionado con la oratoria y la sabiduría de este hombre, terminado su discurso Alejandro se acercó a él maravillado y dijo: “Señor, me he quedado completamente impresionado con usted. Me gustaría ayudarle. ¿Puedo hacer algo por usted?” A lo que Diógenes contestó: “Sí, muévete un poco hacia un lado que me estás tapando el sol”. La respuesta fue tan sorprendente, que Alejandro Magno dijo: “Si algún día tengo que regresar a la tierra, le pediré a los dioses que no me conviertan en Alejandro, sino que me conviertan en Diógenes”.

Los primeros estudios del complejo de Diógenes datan de los años setenta del siglo XX. Se ha descrito fundamentalmente en ancianos, aunque existen algunos casos en la literatura en personas más jóvenes. Describe un patrón de conducta caracterizado fundamentalmente por un extremo abandono del autocuidado, tanto la higiene como la alimentación y la salud (viviendo en condiciones higiénicas insalubres), acumulación de basuras y objetos inservibles, autonegligencia, marcado aislamiento social y sin conciencia de enfermedad. No está reconocido en los manuales diagnósticos internacionales y puede aparecer en distintas enfermedades psiquiátricas y neurológicas. Se han descrito dos tipos de Síndrome de Diógenes según su comportamiento respecto a la acumulación de objetos: el tipo Activo o recolector de objetos que acumula en su domicilio y el tipo Pasivo que, pasivamente, se deja invadir por el acúmulo de sus propias basuras. Existen autores que denominan al tipo Activo “Síndrome de Acumulación” y describe a personas que suelen acumular objetos inservibles por si acaso los llegan a necesitar en un futuro, pero no acumulan basura ni heces. Tratan de mantener estas cosas en orden pero cuando el volumen de objetos es muy grande, el desorden se apodera de la vivienda y sin querer comienzan a acumular basura. A diferencia del complejo de Diógenes, los que padecen de acumulación compulsiva no descuidan su higiene personal ni su aspecto, por lo que cuando salen a la calle no llaman mucho la atención, solo son percibidos como personas poco sociables. En algunos casos la acumulación compulsiva puede terminar en Síndrome de Diógenes. Cuando la vivienda está atestada de objetos, se comienza a acumular la basura, y la persona comienza a descuidar su higiene personal.

En España, se calcula una prevalencia de 1,7/1.000 de los ingresos en personas mayores de 65 años y una incidencia de unos 1.200 nuevos ingresos/año. La mayor parte de los casos descritos se refieren a personas ancianas (promedio 75 años). Entre un tercio y la mitad cursan con demencias (habitualmente se asocia a alteraciones frontales en las demencias frontotemporales) o de algún tipo de trastorno mental (más frecuentemente esquizofrenia).

Por último, una reflexión cínica de Diógenes que se adapta como anillo al dedo en los momentos que nos ha tocado vivir: “las mordeduras más peligrosas son las del calumniador entre los animales salvajes y las del adulador entre los animales domésticos”.

El complejo de Diógenes
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