viernes. 01.03.2024
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Fachada de la sede del PP en noviembre de 2023.
 

Aunque soy partidario de coger las encuestas con pinzas, me identifico mucho con la idea general que transmite la encuesta sobre “hábitos democráticos” publicada esta semana por el CIS. Es más, pocas veces me he sentido tan dentro de la corriente.

En dicha encuesta, al parecer, casi el 90% de los encuestados (¿casi el 90% de los españoles?) dice que “habría que hacer algo para reducir la crispación”. Remite así a un concepto con el que uno se topa cada día cuando accede a un medio de comunicación, cuando discute con un montón de gente, incluso cuando se mira al espejo por las mañanas: el hartazgo.

Me confieso harto. Harto de defensores del pacto y el consenso que no llegan a pactos ni a consensos, harto de defensores de la división de poderes que deslegitiman al Ejecutivo porque no están en él, al legislativo porque son minoría y al judicial de facto, dejándolo pudrirse a los ojos de todos con la esperanza de obtener beneficios de la podredumbre. Harto de conspiraciones judeo-masónicas (ahora se llaman bolivarianas) en boca de quienes conspiran a la vista de todos. Harto de jueces que hacen protestas políticas a la puerta de los juzgados y después se rasgan las vestiduras cuando se les acusa de tomar partido. Harto de la gente que cree y profesa que para ganar las elecciones lo que hay que hacer es someter a los ciudadanos a una continua tempestad de mentiras, gritos, amenazas, censura y, en definitiva, a esa tensión de la que los españoles dicen estar hartos en esa encuesta.

Pero tengo que decir que también estoy harto de los que se encogen ante la crispación y creen que podría merecer la pena perder las elecciones para recuperar la paz de los cementerios. Harto de los que quieren diferenciarse a toda costa aunque eso sea al precio de someter a la ciudadanía a una larga pesadilla de desmantelamiento social, censura y abandono de los servicios públicos. Harto de los que creen que las elecciones europeas son un buen momento para votar lo que te da la gana porque supuestamente no nos jugamos nada. Harto de los que creen que no importa votar en Galicia porque van a ganar los de siempre. Harto de los que piensan que todo está muy mal pero ellos no pueden hacer nada. De los que dicen en la encuesta del CIS cosas visiblemente contradictorias con lo que luego hacen en las elecciones, en la barra del bar y en el comedor de su casa, porque si de verdad el 90% de los ciudadanos quisiera una fiscalidad justa y mejorar la lucha contra la violencia de género el parlamento no tendría el aspecto que tiene hoy.

Sí, habría que hacer algo para reducir la crispación, y ustedes saben muy bien qué es. Y, por favor, no se enfaden conmigo: yo también estoy harto de mí.

Hastío