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jueves. 18.08.2022

“Galgos o podencos”

La crisis del PP es el resultado de una serie de despropósitos que se inicia con la mala elección de sus líderes y acaba con la pésima gestión de sus dirigentes.
casado
 

“El hombre mediocre solo tiene rutinas en el cerebro 
y prejuicios en el corazón!”.

José Ingenieros


Los folletines, o “las novelas por entregas”, como se les llamaba, surgieron en el siglo XIX en Europa; se trataba de una escritura más industrial que literaria. Fueron un modelo de literatura masiva ante la necesidad de facilitar a las clases sociales menos favorecidas una literatura que estuviera a su alcance y que, además, les permitiera olvidar los problemas de la época, tanto políticos como sociales. Eran historias poco planeadas que podían modificarse al depender de la aceptación o rechazo del público; se publicaban como cuadernillos o como faldones en la prensa; sus autores, dependiendo de la aceptación o rechazo popular, rellenaban el relato con diálogos innecesarios o narraciones farragosas para ampliar las páginas; beneficiados por sus escritos, escribían tan rápido a causa de la urgencia de la edición que los folletinistas se llamaban a sí mismos “escritores al vapor”. El final de la novela, dependiendo de las circunstancias e interés de los lectores, podía acabar como comedia, drama o tragedia. Yo mismo, de pequeño, veía cómo semanalmente venía el repartidor a entregar el siguiente capítulo, que dejaba a mi madre y a mis tías con las ganas de despejar, con la entrega siguiente, el suspensivo final del capítulo anterior. Se podrían comparar con las series televisivas actuales en las que los guiones se van adaptando, alargando o no, según el interés de los espectadores.

En los análisis históricos, la cercanía del tiempo y la precipitación quitan perspectiva para analizar con objetividad lo que está sucediendo en el presente, pero, con la mirada del presente, la crisis surgida en las entrañas del Partido Popular entre Génova y la Puerta del Sol está resultando un folletín, como los seriales referidos en las novelas por entregas. Hoy conocemos el confuso y último capítulo de la serie, pero ¿cuántos faltan aún por conocer? El drama que vive estos días el Partido Popular se va desarrollando en forma de tragedia. Ningún partido llega a semejante situación de la noche a la mañana. Su caudal político, como “un IBEX35 democrático en tiempo de vacas flacas”, está cayendo en picado. Quizá ha llegado el momento de asumir que la crisis que atraviesan, más que de contratos nada éticos, de espionajes sospechosos o de egos disparados por la ambición de poder, sin dimitir por ahora los unos o la otra, sí es hora de asumir que han llegado a dirigir el partido una serie de políticos y políticas demostradamente mediocres. Es el resultado de una serie de despropósitos que se inicia con la mala elección de sus líderes y acaba con la pésima gestión de sus dirigentes. El Partido Popular, a través de su historia, ha adolecido de capacidad de autocrítica; el pensamiento crítico requiere un esfuerzo persistente para examinar la gestión a la luz de la transparencia con la toma de decisiones que lo evidencien y no con el ocultamiento y la mentira. Se ha ido creando, ya desde Hernández Mancha, pasando por Aznar, Rajoy y ahora Casado o Ayuso, una forma de hacer política, ya en el gobierno ya en la oposición, en la que los mediocres se han convertido en sus dirigentes por su verborrea parlanchina, pero con escasez de proyectos sólidos y sociales y una forma de comunicar y gestionar la política “pendular”, escorada casi siempre a la derecha y a la ultraderecha, en la que no importa la verdad sino aquella frase o cita que concite el aplauso de los suyos; a lo que hay que sumar el serio problema de sus votantes, a veces idólatras y otras, iconoclastas; éstos les seguirán votando hagan lo que hagan, aceptando resignados o complacientes la corrupción porque son “de los nuestros”. Se han acostumbrado a la mediocridad hasta decantarse por aceptarla como el estado natural del partido; aunque no puedo ni debo ignorar el encomiable plantel de políticos populares, serios y competentes, que rechazan estar en el escenario. La representación de un disparatado capítulo de esta novela por entregas la vimos el domingo pasado, día 20, en la manifestación ante la sede del PP en la calle Génova: “idólatras de Ayuso” e “iconoclastas de Casado”. Como dijo ese del que usted me habla: “¡Vaya tropa!”.

Decía Paulo Coelho que cuando has defendido públicamente tus ideas, si no quieres cabalgar en la contradicción, si aspiras a la claridad moral y que otros no te critiquen y te pasen factura, debes vivir, desde la transparencia, de acuerdo con ellas. En tiempos decadentes e inestables el desafío fundamental que deben enfrentar con responsabilidad quienes dirigen la sociedad consiste en recuperar la confianza en el sistema constitucional que nos hemos dado para que vuelva a funcionar de una manera democrática. Si en democracia los políticos tienen el deber de caminar hacia una integración diferenciada y plural de proyectos de igualdad y mejora para todos, tal como se están comportando en esta legislatura, nos están conduciendo a la polarización entre ciudadanos y a la confrontación de proyectos que, en lugar de sumar, restan. Se dan la espalda quienes debieran darse la mano para hacer políticas democráticas, no en beneficio propio ni de partido, sino para solucionar los problemas de los ciudadanos, a los que casi se les obliga a alistarse en trincheras, con ideas y argumentos del pasado. 

Pero lo realmente inaudito que está sucediendo estos días es la polarización y confrontación cainita que se está dando, no entre partidos distintos sino la implosión y más que posible ruptura en un mismo partido, resultando ya imposible apaciguar su estallido y acallar la nueva serie de “novela por entregas”. El primer capítulo lo protagoniza la presidenta madrileña Díaz Ayuso, con un narcisismo victimista sin límites, una incontinencia verbal insultante y leyendo -cuando no lee, apenas enlaza bien dos frases con sentido y lógica- una “catilinaria” contra el presidente de su partido por el ya conocido y dudoso contrato “de las mascarillas” en beneficio de su hermano; se ha despachado bien contra Pablo Casado con el fin de rentabilizar en beneficio suyo, ocultando la verdad, la duda de la legitimidad ética de tal contrato. El segundo capítulo, como respuesta a la “catilinaria” de Ayuso, lo representan el presidente popular y su secretario general Teodoro García Egea, patéticos e incapaces de contener el desconcierto y el vacío de poder que han generado en su partido. 

La radicalidad verbal que los líderes populares han ido utilizando de forma permanente en sus críticas al presidente del Gobierno, señalándolo como autor de todos los males de España; al utilizar ese término insultante y despectivo de “el sanchismo”, no sólo ha enrarecido el debate político en el Parlamento del Estado y en la Asamblea de Madrid, sino que, en estos momentos, como un “boomerang”, se ha vuelto en su contra. A punto de cerrar estas reflexiones, ignoro cuál será el final de este bochornoso y descontrolado espectáculo. Pasado un tiempo, con la indolencia y el escaso acierto con el que actúa la justicia, sobre todo con algunos, es posible que los “Carromero”, los “Díaz Ayuso, Isabel y Tomás”, el testaferro de la empresa “Priviet Sportive” y cuantos han jugado en este tablero o participado en este engaño, dejarán de estar ya en los medios sin sentencias, pero también sin dignidad. Nos hemos acostumbrado al ruido, mas, al bajar el telón, no todo se olvida. 

diaz ayuso

Tenemos memoria de que la señora Díaz Ayuso, aunque salga indignamente ganadora, con ese gesto displicente de quien mira con superioridad por creerse arropada popularmente, huérfana de pensamiento crítico, está demostrando no tener ni el perfil ni la talla para ser la política que necesita Madrid y el Partido popular; tenemos memoria de que el presidente popular Casado, el perdedor con seguridad, con su gestión de veleta, sin llegar a percibir cómo este conflicto se le estaba yendo de las manos, poniendo en tela de juicio su propia autoridad dentro del partido, dando por buenas las explicaciones de Ayuso, cerrando el expediente informativo que el día anterior había anunciado y abierto su secretario general, Teodoro García Egea, ha plegado velas, a cambio de nada. ¡Qué poca cintura política han demostrado al no ser capaces de argumentar a los suyos y explicar a la ciudadanía lo que es legal de lo que es éticamente incorrecto! Cada cual tiene el derecho de suicidarse a su manera, lo malo es que ese suicidio nos afecta a todos ya que dejar a la sociedad sin oposición no es honesto democráticamente y mucho menos cuando ni siquiera existen entre ellos discrepancias ideológicas sino una codicia desmedida de poder. 

Cargar el peso de las culpas sobre Casado y Egea no significa exonerar la cínica y ladina gestión de Ayuso y su “conducator” en la sombra

Para juzgar la calidad de la política hay que aceptar que existen malas políticas, que hay gestiones que son incomprensibles e inaceptables, aunque criticarlas signifique directamente denunciar que hay políticos que no valen, que son prescindibles, incluso, que deben dimitir o exigirles que dimitan; eso no significa ofender su dignidad sino respetar la dignidad de los ciudadanos a los que han prometido servir. En los próximos capítulos de este folletín o “novela por entregas”, iremos viendo el desenlace de tan pésima gestión. Cargar el peso de las culpas sobre Casado y Egea, merecidamente en estado de debilidad, no significa exonerar, por mucho que aplaudan y vitoreen unos cuantos fanáticos, la cínica y ladina gestión de Díaz Ayuso y la de su “conducator” en la sombra, Miguel Ángel Rodríguez, auténtico muñidor político de esta “guerra popular”. Alguien le ha calificado de “Maquiavelo” entre bambalinas, en esta tragedia shakesperiana. Demasiado honor llamar Maquiavelo a un miserable calumniador, condenado por un juzgado de Madrid como autor de un “delito continuado de injurias graves realizado con publicidad” al fallecido doctor Luis Montes anestesista español, coordinador del Servicio de Urgencias del Hospital Severo Ochoa de Leganés. Maquiavelo, figura relevante del Renacimiento italiano, fue un diplomático, filósofo político y escritor, considerado padre de la Ciencia Política moderna con su tratado de doctrina política “El príncipe”. Sí le cuadra a “MAR”, en cambio, el peyorativo y despectivo adjetivo de “maquivélico”, que seguro, como Díaz Ayuso, se irá de rositas, cuando es evidente su deleznable y falta de ética gestión. 

Con excesiva moderación se ha manifestado el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, la semana pasada desde Bruselas y en una rueda de prensa el pasado lunes en el Palacio de la Moncloa junto a la primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, al afirmar sobre la crisis popular que “no es un debate edificante el que estamos viendo”, pero reclamando, a su vez, respeto para lo que considera una cuestión interna del principal partido de la oposición; es importante que resuelva “cuanto antes” su crisis interna porque la “estabilidad” que necesita España también la aporta el principal partido de la oposición. 

Quien, en cambio, contempla la situación con un silencio sospechoso, es Santiago Abascal, aunque internamente, como señala la prensa alemana desde un análisis psicológico, él y Vox están de “schadenfreude”, término alemán que se compone de “schaden”, que significa desgracia y “freude”, cuyo significado es complacencia; su definición, por tanto, consiste en la complacencia que se puede llegar a experimentar cuando se observa la desgracia ajena; en español emplearíamos “regodeo”. Y lo más preocupante para muchos españoles, es que algunas encuestas comienzan a dar la razón a Vox, pues el efecto inmediato de este desgarro, esta guerra abierta dentro del partido popular, puede ser una notable subida de la ultraderecha que sobrepase a la derecha del Partido Popular en una dinámica parecida a la experimentada por Italia y Francia: dinamitar la derecha liberal tradicional y afianzar su extremismo nacional-populista, de infausto recuerdo y nefastas consecuencias. Lo podremos ver en breve si al final el señor Mañueco, sin sentido de Estado y carente de sensatez y dignidad, asume en su gobierno en Castilla-León la presencia con poder de Vox. Habría que criticar su falta de clarividencia política y recordarle a él y a quienes por ambición precipitaron las elecciones lo del “cuento de la lechera”.

En la literatura universal hay fábulas que precisan de una explicación, no es el caso de la fábula de Los dos conejos, de Tomás de Iriarte, cuya lectura tiene una explicación meridiana. Según la fábula, ambos conejos perdían el tiempo mientras elucubraban, pasmados, si los perros que les perseguían eran “galgos o eran podencos”; no llegaron a percibir el riesgo y el peligro que les acechaba, hasta sucumbir ante ellos. No son tiempos estos para debatir ni analizar si “unas mascarillas” las han comprado “los galgos o los podencos” y quién ha mentido o quién se ha beneficiado indebidamente con su venta; sin confiar demasiado, debería ser la fiscalía quien investigue y la justicia quien sentencie; mientras, quienes amenazan nuestro modelo de convivencia por esta irresponsable guerra interna de los líderes populares, es la posible llegada a gobiernos autonómicos o estatal del peligroso e indeseable partido Vox. Estos sí que son los galgos o podencos que pueden engullir las libertades que hemos ido conquistando con la lucha y el honesto esfuerzo de millones de ciudadanos españoles. 

Aunque he utilizado en algún otro artículo, sin saber aún esta noche del martes 22, en la que cierro estas reflexiones, cómo se desarrollarán los siguientes capítulos de la presente “novela de enredos populares por entregas”, considero inteligente finalizar con esta frase de Sófocles: “El futuro nadie lo conoce, pero el presente avergüenza a los dioses”.

“Galgos o podencos”