martes. 27.02.2024

En los últimos años, tras la pandemia del COVID, al mundo del trabajo se le han ido incorporando conceptos y anglicismos que inspiran un sinfín de artículos, conferencias y seminarios, impartidos por especialistas en la materia y que sirven para dar una pátina de modernidad y erudición a quien los utiliza: “Workaholis”, “Burnout”, "Side hustle". Y a mediados de 2020 aparece el concepto, ampliamente comentado por los medios, de “Great resignation”, en castellano “La Gran Dimisión”.

Desde hace pocos días ha aparecido en numerosos artículos y reportajes, en la mayoría de los medios de comunicación, un nuevo concepto: quiet quitting”, que en castellano sería algo así como “la renuncia silenciosa”. ¿Qué es el “quiet quitting”? Dejando sofisticaciones a un lado, digamos que sería “hacer lo justo para no ser despedido”, muy parecido a nuestra conocida exclamación que dice: “¡cabrones!, me engañaréis en el salario, pero en el trabajo no”. 

Quiet quitting” es un concepto que ha nacido en TikTok, Instagram o Twitter, y que las redes sociales no han dejado de expandir, de hablar de él. Un fenómeno que expresa una actitud que, dicen, está calando en las nuevas generaciones. Un hecho que debería llenar de preguntas a los dirigentes empresariales. La primera que se deberían hacer es si no han exagerado demasiado su ambición mientras ha despreciado y depreciado el valor del trabajo. Preguntarse si en realidad ese hacer lo mínimo quizás no es pereza, sino una respuesta a los trabajos de mierda, a los jefes abusivos y los bajos salarios. Deberían preguntarse por qué una parte importante de la juventud ha decidido pasar del espejo en el que se miraban hace unas décadas, cuando seguían con pasión las biografías y los libros de autoayuda de los líderes empresariales, los triunfadores, llenos de mensajes que les espoleaban a darlo todo en el trabajo, a perder horas de sueño, a concentrarse en construir una carrera profesional para llegar a ser jefes. Quizás la respuesta la encontraran en las deficientes condiciones de trabajo que han ofrecido, los bajos salarios, la enorme cantidad de horas extras sin pagar en multitud de empresas, la eventualidad permanente, en los tantos años de trabajos en prácticas no remuneradas, en los falsos becarios...

Frente a quiet quitting: salarios justos, participación, formación, conciliación vida laboral y personal,…, humanización del trabajo y sindicalización

La mayoría de los artículos y reportajes sobre este nuevo fenómeno, el “quiet quitting”, se centrarán en consideraciones sobre la sicología de las nuevas generaciones, nos dirán que las causas las deberemos buscar en niños y niñas mimadas que han abrazado la ley del mínimo esfuerzo, y que por ello hacen solo lo justo y no se comprometen con su trabajo. Pocos, como ya está sucediendo, se detendrán en resaltar, o al menos preguntarse, si este fenómeno no es la lógica expresión de la frustración y el desencanto provocado por la falta de estímulos. Si no es el resultado lógico de la erosión de los derechos laborales con los que se ha castigado a la gran mayoría de trabajadores y trabajadoras jóvenes. Y si no es también una expresión del generalizado debilitamiento que ha vivido el movimiento sindical, lo que ha provocado en amplios colectivos la respuesta individual en lugar de la respuesta colectiva que es la sindicalización

Es más cómodo explicar la desafección hacia su trabajo de amplios colectivos de la juventud como el fruto de una tendencia de la personalidad imperante en las nuevas generaciones, y menos como expresión de sus malas condiciones de trabajo, del sentimiento de escasas expectativas de promoción laboral y social. 

Quizás podremos encontrar una mejor explicación a este nuevo fenómeno que constituye el “quiet quitting” si atendemos a lo que nos dice el nuevo estudio de Randstad, publicado en Business Insider, en el que muestra que la generación más joven está priorizando su propio bienestar y su salud mental, prefiriendo renunciar a un trabajo insatisfactorio antes que seguir siendo infeliz. Y lo que nos advierte la investigación de Harvard sobre “la renuncia silenciosa”, que apunta a que las causas no responden tanto a la falta de voluntad de un empleado de trabajar más duro porque es más bien consecuencia de los malos gerentes de las empresas.

Así que frente a quiet quitting: salarios justos, participación, formación, conciliación vida laboral y personal,…, humanización del trabajo y sindicalización.

Ante el fenómeno “quiet quitting”, humanización del trabajo