jueves. 30.05.2024

Decíamos ayer que con la llegada del buen tiempo llegan las ferias a esta piel de toro, sacada del mito de Zeus que disfrazado de ese animal rapta a la bella Europa y la lleva a Creta, donde el toro se considera figura divina, adorado y venerado como dios de la fertilidad.

Las grandes ferias acaban de iniciarse con la de la Magdalena de Castellón, que se sigue celebrando estos días. Como si de una ola se tratase, antes de que se deshaga una, viene otra, y aun sin terminar la de Castellón, comienza la de la vecina Valencia. Del 13 al 21 de marzo celebra la capital del Turia la feria de Fallas, una de las primeras y más importantes ferias de España en esta recién estrenada primavera. Y es que la primavera, ni que decir tiene, llega antes a las tierras que baña el Mediterráneo que a otro sitio, donde a veces se hace esperar y tardan en revivir los campos atenazados todavía por los rigores del invierno. Porque no otra cosa es la primavera sino el renacimiento de la vida. Los animales, las plantas, el campo silvestre o labrado, incluso el ser humano, parece que vuelven a la vida después del aletargamiento del invierno, donde todo queda dormido, paralizado, parado, como muerto. De la noche a la mañana, mientras poco a poco se alargan los días y se acortan las noches, muchos animales migratorios regresan a sus antiguos nidos, los caminos se pueblan de flores y los campos se visten de verde, y en los árboles surgen  los primeros brotes y las primeras hojas, y los animales se multiplican. ¿Qué eso sino el renacer de la vida?  Y quienes primeros lo celebran son los habitantes en torno al Mare Nostrum a los que bendice este mar con sus frutos y baña cálidamente su clima.

Nacer y vivir en torno al Mediterráneo es un privilegio, significa estar tocado por los dioses. La mitología lo atestigua a partir de una realidad que supera cualquier razonamiento. Como no hay filosofía ni religión que pueda explicar el alcance de este hecho, la vida tal cual se presenta en torno a las riberas de este pequeño/gran mar, es menester recurrir al mito y desentrañarlo para tratar de ver las razones y las causas de tal privilegio, y elevar a categoría divina lo que el hombre no alcanza a razonar pero experimenta en su carnes y en su espíritu. La deidad que escenifica, adora y teme, que admira por su poder y le sobrecoge por su belleza, es el toro. Y junto al toro, el fuego purificador, símbolo de nueva vida, y arma para alejar peligros, desde enfermedades a luchas entre etnias o religiones por conquistar un terreno que los hombres podían compartir y no quieren, necios e ignotos de lo que tienen entre manos.

Desde que en remotas fechas la humanidad descubriera el poderío del fuego, no ha dejado de utilizarlo por una u otra razón. Hizo de él un aliado y un arma, y con él y por él se erigió sobre el resto de los seres y se proclamó rey de la naturaleza, porque pensaba que lo dominaba. Hasta que cayó en la cuenta de que jugar con fuego era  muy peligroso y acabó por hacer del fuego un utensilio más, una demostración de fiesta y un rito de purificación. Y así, a esa toma de conciencia, se ha venido a sumar el sentido del fuego como espectáculo desde que los árabes lo introdujeran, proveniente de la China y el lejano Oriente, a Occidente, a  España en concreto, donde lo acoplaron, y lo moldearon. De arma de batalla, pasó a ser juego y espectáculo grandioso, atracción de gentes que reunidas en torno a la pólvora abren de esa manera sus fiestas, como un anuncio en el cielo de que en ese lugar durante esos días, se celebra algo grande, la fiesta patronal. Fuego y fiesta, toro y lucha. Características presentes como en ningún otro lugar de la península en el Levante español, empezando por Valencia con sus famosas Fallas, y acabando en Alicante, con las hogueras de San Juan.

ESTA FERIA AUMENTA LA EXPECTACION

De las Fallas y la feria en torno a ellas, como un complemento más, seguiremos hablando. Antes, como es preceptivo en un periódico de información, adelantamos los carteles taurinos que conforman esta Feria de Fallas de Valencia que se celebra entre el 13 y el 21 de marzo. Una feria que ha despertado y aumentado un 10 % su expectación, por varias razones, entre ellas, la vuelta a los ruedos, después del 20 años, de un torero de la tierra, Vicente Ruiz, el Soro, que después de un duro calvario reaparece para ocupar un lugar que no debió perder, y otra razón es que otro torero de la tierra, Enrique Ponce, celebra este año su 25 aniversario de alternativa. Las entradas se encuentran a la venta desde primeros de este mes, y ya hay colas para adquirirlas. No faltan otros ingredientes para las buenas expectativas de esta edición de la feria de Fallas, como es el doblete de figuras como Morante, y el Juli. Y la tradicional corrida de rejones con seis rejoneadores, seis.

La feria de Fallas se compone, además de la mencionada de rejones, de 7 corridas y  3 novilladas, una de ellas, sin picadores. Se trata de ver a veteranos y figuras junto a chicos que empiezan y que en esta feria pueden dar el salto definitivo, al menos para augurarles una buena temporada y pasar a preparar la alternativa.  

Calendario (Primera Parte)

FERIA DE FALLAS DE VALENCIA

Viernes, 13: Ganadería: Fuente Ymbro

Juan Bautista, Jiménez Fortes, Jesús Duque

Sábado, 14: Ganaderías: Victoriano de Río y Cortés

Morante de la Puebla, El Juli, Daniel Luque

Domingo 15: Ganadería: Núñez del Cuvillo

El Fandi, S. Castella, Román

Lunes 16: Ganadería: Juan Pedro Domecq

V. R. El Soro, E. Ponce, J.M. Manzanares

Martes 17: Ganadería: Alcurrucén

J.J. Padilla, Miguel Abellán, Diego Urdiales

Las Fallas, fuego y fiesta