sábado. 02.03.2024
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Este febrero de 2024 estamos afrontando unas elecciones al parlamento de la comunidad autónoma de Galicia que se presumían decididas hace meses y que de repente parece que pueden dar sorpresas.

El domingo 18, muchos gallegos acudirán a sus urnas electorales en las 5 provincias de Galicia, y digo cinco ya que, a Pontevedra, Lugo, Ourense y A Coruña hay que sumar la provincia exterior.

Según los datos del INE en 2023, hay más de medio millón de gallegos y gallegas en el exterior lo que daría a esta provincia ficticia la tercera posición en esta región por encima de Lugo y de Ourense.

Tras la derogación del voto rogado y lo apretado de las encuestas, el voto de la diáspora se antoja una pieza clave en estas elecciones autonómicas.

Recordemos que en los comicios de 2020 las sacas provenientes de Buenos Aires podrían haber alterado el reparto de escaños en Pontevedra a pesar de que en aquella ocasión poco más de 12 mil votantes ejercieron su derecho a votar desde el exterior.

Aquel 2,69% de participación será multiplicado por varias veces en estas elecciones y su impacto puede que esta vez sí que influya en el resultado fina. Ya hubo impacto en las elecciones generales de julio con un asiento ganado por el PP en Madrid a través del voto de los madrileños por el mundo.

En aquel 2020 el voto rogado seguía impidiendo votar a mucha gente y además se sumó la COVID-19, que en abril de ese año campaba a sus anchas y mantenía a la población encerrada en sus casas.

El CRE de Buenos Aires por aquel entonces lanzo un comunicado en el que se dirigieron “al gobierno de España impulsados por el clamor general de la ciudadanía vasca y gallega residente en el exterior, que ha visto frustrados sus esfuerzos para poder emitir su voto desde los países donde residen. Esta problemática, que se inscribe dentro de las complicaciones permanentes para votar desde que se impulsó la reforma de la LOREG en el año 2011, se ha visto agravada por las condiciones imperantes en el marco de la pandemia de Covid-19”.

En aquel comunicado añadían: “sí instamos con toda nuestra firme voluntad y la autoridad que nos da ser simples portadores de la voz de los ciudadanos a que se arbitren todos los medios para que los votos válidamente emitidos que aún se hallan demorados por simples problemas de logística sean reconocidos”.

En 2024 sin pandemia y sin voto rogado se espera que la participación suba y mucho.

Los principales partidos ya han puesto sus maquinarias a trabajar y esperan recoger lo mucho sembrado durante los últimos lustros, aunque bien es cierto que su inversión para conseguir votos pasa principalmente por las grandes plazas en Latinoamérica, olvidándose de los grandes núcleos urbanos en Europa, donde el voto es mas critico y se divide mucho más.

El panorama en Galicia muestra bastantes diferencias con el del resto del país y a un PP que no puede contar con el apoyo de la banda de Abascal debido a su falta de presencia en esta comunidad autónoma, se suma que el segundo partido en las encuestas no es el PSOE sino el Bloque Nacionalista Galego (BNG) con una candidata que podría hacer historia.

A la falta de punch del PSOE se suma una división a su izquierda (no nacionalista) con un SUMAR y un Podemos que quedarían fuera del Parlamento por su empeño en rememorar a aquel Frente Popular de Judea discutiendo con el Frente Judaico Popular y facilitando la decisión a muchos y muchas votantes a la hora de decantarse por el BNG…y esto seguirá así hasta después de las elecciones europeas, y quizás tras estas elecciones decidan comenzar a tomar decisiones maduras y dialogar o simplemente desaparecer.

Los programas electorales están disponibles en multitud de medios y en muchos de los debates se habla poco de los programas y mucho de temas “importantísimos” para Galicia como puede ser Catalunya y se llega a presentar a candidatos amenazando con que si unos no salen, gobernarán en Galicia el señor Otegi y Puigdemont.

Sin ser yo gallego, creo que preferiría una campaña en la que los partidos se partieran la cara por una comunidad autónoma como Galicia y por presentar planes de futuro y crecimiento en la segunda comunidad mas envejecida del país y desde la que sigue emigrando a día de hoy, con provincias como Ourense que están en lo mas alto de perdida de capital humano.

La espada está en todo lo alto y desde la diáspora se va a echar de menos a Antonio Rodríguez Miranda que ha dejado su papel como Secretario General de Emigración para pasar a, seguramente, ocupar un escaño en el Parlamento Gallego.

Para muchos, incluso los que quizás no compartimos muchas de las posiciones del partido en el que milita, nos gusta reconocer el trabajo continuo, las ganas, y las ideas que ha dejado en su trabajo desde 2012 hasta 2020 como la cara visible de Galicia ante la diáspora, y sus aportaciones en foros como el Consejo General de la Ciudadanía Española en el Exterior (CGCEE) donde siempre ha dejado claro su interés en atraer a su ciudadanía de vuelta a Galicia y en no dar la espalda a sus emigrantes.

Las elecciones son una herramienta importante en manos de la ciudadanía.

Primero por poder elegir a unos u a otros, pero también por mostrar el interés en ser parte importante en las decisiones de tu tierra a través de la participación.

Una baja participación, sin la excusa de la COVID19 y del voto rogado, sería otra oportunidad perdida por parte de la ciudadanía en el exterior, y solo con un incremento en la participación llegaremos a ser tenidos en cuenta y a poder tener una voz alta y clara…y si la emigración no lo logra en la comunidad con más emigrantes de España difícilmente lo logrará en ningún otro lugar. 

Las elecciones gallegas y el voto exterior