jueves. 30.05.2024
voto exterior

Justo después de cada elección general que tenemos en nuestro país comienzan las quejas y las peticiones de cambio de sistema.

Estas opiniones favorables al cambio suelen venir en muchos casos por parte de los dos partidos mayoritarios o de aquellos partidos de ámbito nacional que quedan fuera al no llegar al mínimo porcentaje en ninguna de las provincias de nuestro estado.

Yo como residente en el exterior, como muchos emigrantes, evidentemente aprovechamos para abrir el melón de la circunscripción exterior esperando que de una vez algún partido comience a trabajar por un debate sobre una propuesta para mejorar la representación, pero ya he explicado nuestra posición ampliamente en artículos previos.

Como ciudadano que reside en Reino Unido desde hace más de un cuarto de siglo, cuando se critica el sistema español y comparo el reparto de escaños con el sistema uninominal británico veo claramente, que aun sin ser perfecto, hay sistemas muchos peores.

Hace ya cuatro años explicaba en otro artículo que “en Reino Unido, donde hay 650 demarcaciones electorales, hay 650 escaños a repartir. El sistema es uninominal y el escaño se concede a la lista más votada, lo que se significa que hay una mínima representatividad y una máxima estabilidad”.

Para los dos partidos mayoritarios esto significa que en la mayoría de las circunscripciones el escaño a repartir lo gana con facilidad uno de ellos.

En ese artículo allá por julio de 2019 con titulo “¿Y si redefinimos la palabra 'democracia'? articulaba varios de los problemas de Reino Unido de esta manera:

“Los verdes podrían contar con más de una decena de escaños en un sistema como el español, y el partido nacionalista escoces podría bajar su representación a casi la mitad. Los Liberal Demócratas también multiplicarían su número... Y por otro lado, con el sistema británico, Ciudadanos tendría una representación prácticamente nula al no salir como lista más votada en ningún municipio de importancia”.

Leeds, ciudad en Yorkshire en la que vivo esta dividida en 6 demarcaciones (Centro, Este, Noreste, Noroeste, Oeste y Pudsey). En todas menos una de ellas gana el partido laborista, siendo el partido conservador el ganador en Pudsey.

Con el sistema español el reparto seria sin duda mas equitativo pudiendo entrar en la ecuación otros partidos como los liberales demócratas…y este efecto se extendería en el sur, feudo tradicional conservador, donde el tinte azul en los mapas electorales se difuminaría al entrar en el reparto otros partidos que lograran un importante porcentaje de votos aun sin ganar.

En el sistema actual y dada la diferencia que existe entre los ganadores y perdedores en algunos asientos “seguros” hace que la atención pase a centrarse en los “marginal seats”.

Estos asientos marginales son los escaños que pueden bailar de una a otro partido dada la escasa diferencia entre los votantes de una u otra opción haciendo posible el cambio de mando. La clave en la mayoría de las elecciones está en ganar esos escaños.

La representación que Ciudadanos tuvo, o la que VOX o Podemos tiene en España quedaría aun mas mermada al no salir como lista ganadora en ningún municipio de importancia.

Desde 2019 las cosas han cambiado poco o nada y aun con sistemas diferentes y ninguno perfecto, si podemos decir que hay muchos puntos en común que dificultan la participación ciudadana.

Por aquel entonces propuse una nueva definición de democracia:

“Democracia es una forma de organización social que atribuye la titularidad del poder a las élites sociales y económicas, y excluye a los inmigrantes, así como a los emigrantes.”

Tras la polémica suscitada por ciertos partidos en España bien podríamos incluir en la ultima frase otro colectivo a ser excluidos que son las ciudadanas y ciudadanos de la España periférica y que desde Madrid tratan de empujar fuera de la discusión democrática…parece que si no llevas pulserita o defiendes una lengua propia no puedes ni debes tener voz en el Congreso de los Diputados.

Justamente los partidos que se quejan de la presencia de partidos nacionalistas promueven un nacionalismo de otras épocas y en su idea de estado español no entran lenguas cooficiales ni plantearse un debate, que debería haberse tenido, sobre un modelo de España en el que todos y todas estén a gusto.

La ley D’Hondt no es perfecta y quizás haya que recalcular la asignación de asientos, así como quizás rediseñar las circunscripciones e intentar que el reparto sea más proporcional y evite que haya las variaciones actuales en la que un voto pueda valer hasta cerca de 4 veces más por votar en Soria o Teruel que si votas en Madrid, Barcelona o Valencia.

O quizás hay que aceptar que nuestro país tiene una serie de singularidades que hacen que nunca vaya a haber un sistema a gusto de todos los partidos.

La representación multicolor en el Congreso demuestra la pluralidad de puntos de vista y ya quisiéramos en Reino Unido tener la opción de poder votar a más de dos o tres partidos con posibilidades de lograr una representación en la Cámara de los Comunes.

Que la lista más votada no tenga opción de formar gobierno no muestra problemas del sistema, y en algunos casos solo puede atribuirse a la inoperancia y falta de dialogo. Cuando se queman puentes con formaciones políticas con discursos de “ellos contra nosotros” y ridiculizando o criminalizando a opciones políticas que representan a cientos de miles de votos, se llega a lo que hemos llegado…y se parece bastante más a lo que una democracia debería ser que aquella que nos han querido vender con solo dos partidos cortando el bacalao.

Quizás quieran remodelar la ley D’Hondt cuando encuentren un modelo que pueda obligarnos a retornar a un bipartidismo que solo algunos “nostálgicos” echan de menos y que nos empujaban a estar en un péndulo perpetuo de políticas que destruían lo que el otro había construido abocándonos a no avanzar.

En un modelo de gobierno que cuente con tantos partidos hace falta compromiso, escuchar y borrar las líneas rojas.

Un sistema electoral justo. ¿Para quién?