martes. 21.05.2024
Ruinas del Templo de Artemisa en Éfeso
Ruinas del Templo de Artemisa en Éfeso

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Continuando con lo mencionado en el artículo anterior, y por considerarlo de máximo interés, voy nuevamente a transcribir varios pasajes de lo escrito por el doctor en psiquiatría José María Manzano Callejo publicado en este periódico con el título "Emoción versus razón en la toma de decisiones", en los que se dice:

"Lo único que sabemos con seguridad es que la emoción no está separada de la razón, como se creyó durante tantos años. Está comprobado que el sistema límbico en el que se desarrollan las emociones y el córtex, donde opera la razón interactúan constantemente influyendo permanente en nuestro cerebro. No hay actividad cerebral sin emoción o razón sin emoción: las dos están presentes en cada decisión.

Según algunos especialistas en neurociencias, tomamos la mayor parte de nuestras decisiones guiados por el sistema límbico, donde residen las emociones, y luego las justificamos mediante la razón.

De acuerdo con esta idea, muchas de las decisiones que creemos abordar de un modo racional analizando los elementos que intervienen y llegando a una solución objetiva, podrían haber sido tomadas de manera refleja, automática, sin que nos demos cuenta. Al parecer, luego buscaríamos los argumentos para sustentar eso que ya hemos decidido de manera ‘inconsciente’.

El problema con esta generalización es que pone al ser humano en un lugar de muy poca libertad. Es como si de repente ya no tuviéramos el poder de elegir, porque una especie de caja negra en nuestro interior se encarga de decidir por nosotros ante cada posibilidad. El cerebro racional sólo es responsable de entre el 5 y el 10% de nuestra toma de decisiones. "Las emociones tienen una profunda influencia en nuestras decisiones y no somos conscientes de ello [1].

El cerebro racional sólo es responsable de entre el 5 y el 10% de nuestra toma de decisiones

Por otra parte, según el profesor Baba Shiv, docente de Marketing en la Escuela de Negocios de Stanfordafirma que:

 "El intelecto frío y sensato no es el único mecanismo que interviene en la toma de decisiones. Shiv lo demostró en un estudio que involucró a bebedores de vino y los procesos neuronales utilizados para distinguir diferentes cosechas. A los sujetos se les dijo que probarían cinco cabernets sauvignons diferentes, cada uno identificado por su precio.

De hecho, sólo se utilizaron tres vinos: dos se sirvieron dos veces y cada uno estaba marcado con un precio falso que oscilaba entre 5 y 90 dólares. Mientras los participantes probaban cada vino, Shiv monitoreaba su actividad cerebral. "Lo que me intrigó fue que la gente juraba que cuanto más caro es el vino, mejor sabe".

Eso es exactamente lo que encontraron sus resultados: "El área del cerebro que codifica el placer muestra una mayor activación cuando el cerebro piensa que está probando un vino de mayor precio que cuando está probando un vino de menor precio". 

A este respecto si con una capacidad de razonar y decidir que en la mayor parte de los casos "El cerebro racional sólo es responsable de entre el 5 y el 10% de nuestra toma de decisiones".

Hemos de colegir que si en función de que la mayor parte de las conclusiones que podamos adoptar no están fundamentadas en un proceso cognitivo, como consecuencia de que en los seres vivos lo que impera es un comportamiento que ya en el artículo primero de esta serie, Richard Dawkin denominó en su obra "El gen egoista" [2] como la supervivencia de lo estable, debido a que los humanos utilizan su capacidad cognitiva para valorar lo que representa esta supervivencia, las decisiones que tomemos por un "yo" que está fundamentado en un subjetivismo que por serlo carece de emotividad, el cerebro racional tiene una mayor participación en las decisiones que ese 5 y ese 10% que se le atribuyó en el párrafo anterior. Es más, si las funciones a desarrollar por ese gen egoísta intervienen un subjetivismo y un objetivismo puestos al servicio de lo que hayan de ser nuestras decisiones, nos encontramos con que el sujeto que hace mal uso de ellas, no sólo arruina lo que debería ser su sentido de la vida, sino que trunca el de todos aquéllos con los que tiene que relacionarse. En este contexto, en muchas ocasiones, su evolución y su conducta comporta un egoísmo [3] con el que se manifiesta un excesivo amor por sí mismo y se ocupa únicamente de lo que beneficia sus propios intereses, sin prestar atención a las necesidades de los demás; como un excesivo amor a sí mismo representa para la sociedad un trastorno de la personalidad que según el concepto darwiniano de la evolución de las especies tiene que ser considerado como involutivo.

 Según el artículo de Juan Armando Corbin "Los diez tipos de personalidad", recogidos de la Revista Psicología y Mente, son los siguientes: Paranoide de la personalidad, Esquizoide, Esquizotípico, Antisocial, Límite de la Personalidad, Histriónico de la Personalidad, Personalidad Narcisista, Personalidad por Evitación, Personalidad Dependiente y Personalidad Obsesiva -Compulsiva. 

El capitalismo salvaje es el resultado de un síndrome relacionado con el Complejo de Hydris; un trastorno de la personalidad que bebe de las turbias aguas del individualismo desbocado

Considerando la falta de especificidad con la que en este artículo se describen estos diez tipos de personalidad, a mi entender, con independencia de que estos síndromes son manifestaciones, que aunque involutivas, son consecuentes con el proceso lineal que se deriva tanto de los genes heredados, como de la naturaleza del entorno (incluyendo la vida familiar y las experiencias sociales), por estimar que los más relevantes en lo que se refiere a las formas con las que trabar un diseño de lo que haya de ser nuestro sentido de la vida, vamos a considerar lo que para este diseño representa lo que conocemos como personalidad narcisista; un tipo de síndrome que en lo que en esta serie se contempla como darwinismo capitalista es incompatible con lo que representa la evolución darwinista. 

A este respecto he encontrado en los trabajos realizados por el doctor en psiquiatría José María Manzano Callejo, las especificidades que en el ámbito del narcisismo, en psicología se conoce como el Complejo de Eróstrato [4] y el de Hybris [5]. 

Eróstrato ha quedado en la historia como un joven de la ciudad de Éfeso, que en el año 365 a.C., ante sus deseos frustrados de no haber alcanzado la popularidad que él pretendía, prendió fuego a una de las 7 maravillas del mundo: el templo de Artemisa.

En cuanto al trastorno de la personalidad denominado Complejo de Hybris, este síndrome se refiere a aquellos sujetos que personifican la transgresión de las normas admitidas por la comunidad. Son aquéllos que se han convertido en individualidades. Y esto, en función de que son seres que ni pueden sentir empatía, ni como consecuencia de considerase como poseedores de unas excelencias subjetivamente asumidas, implícitamente consideran que están por encima de lo que representan los miembros de una comunidad. Constituyen unas singularidades que, al sentirse superiores a lo que puedan ser los demás, contemplan como algo natural el explotarlos, sin llegar a poner en peligro la continuidad de seguir utilizándolos. 


[1] La utilización de estas emociones y la conducta que de ellas se derivan son  una táctica bien conocida por nuestros políticos para evitar que no nos acostumbremos a utilizar nuestra capacidad de razonar. Para que no podamos discrepar con la realidad que ellos nos instilan. A diferencia de los análisis que se mantenían en el Ágora de Atenas, estos políticos al servicio del capitalismo, han conformado a través de los medios de desinformación, un Ministerio de la Verdad que nos hace creer que 2+2=5. Así que no es de extrañar que el porcentaje del 5 al 10% de decisiones que tomamos, en lugar de ser llevadas a la práctica haciendo uso de nuestra capacidad intelectiva, esté determinado por los medios empleados para que ésta no se manifieste.  
[2] El egoísmo constituye una metáfora con la que Richard Dawkins explica que la probabilidad de que un gen prospere depende de su capacidad de adecuación al medio. Mediante esta idea pretendía poner fin a algunas confusiones con las que demostrar determinadas características físicas o conductuales de los seres vivos.
[3] La palabra proviene del latín ego, que significa “yo”, y se compone con el sufijo -ismo, que indica la actitud de quien solo manifiesta interés por lo propio.
[4] En psicología se habla del Complejo de Eróstrato para definir una personalidad de escasa autoestima con deseo de fama, notoriedad y de alguna manera búsqueda de la inmortalidad, dispuestos a realizar cualquier cosa para alcanzar estas metas. El Complejo de Eróstrato se refiere a la idea de buscar atención y reconocimiento a través de acciones extremas y a menudo destructivas. Es una manifestación en su grado más intenso de la necesidad de algunos individuos de ser recordados y admirados, incluso a costa de la moralidad y la ética. 
[5] El capitalismo salvaje es el resultado de un síndrome relacionado con el Complejo de Hybris; un trastorno de la personalidad que bebe de las turbias aguas del individualismo desbocado; es la pretensión de eternizar o que los bienes representan para el avaro; es la personificación del egoísmo. Este síndrome es cada vez más frecuente en nuestra sociedad occidental neocapitalista; y es especialmente visible en USA, donde una gran parte de la población carece de cobertura sanitaria, por la famélica sanidad pública de ese país

El darwinismo capitalista (VI)