jueves 20/1/22
Ecologia_2

 

Mi sufrido lector, ¿se ha preguntado alguna vez el porqué de los colores elegidos por cada formación política?. ¿Es fruto del azar, o tiene un origen y un significado?

Veamos los tres colores más representativos: el color rojo es un color fuerte asociado a deseo y pasión. Representa en general, a los partidos de izquierda, cambiando la intensidad de la tonalidad, a más izquierda más intensidad de la tonalidad. En origen parte de la Revolución francesa; los caídos republicanos querían honrar así a sus muertos con el color rojo de su sangre derramada para derrocar a la Monarquía. El color azul simboliza responsabilidad, poder y seguridad. Se asocia a los partidos de política liberal conservadora, aunque este color comenzó siendo en la Revolución Francesa un color republicano. En el siglo dieciocho, los Tories ingleses (conservadores) escogen este color como símbolo del Orden y de la Monarquía. En el siglo XX se apropiaron de él movimientos de tipo fascista. Finalmente, el color verde representa la naturaleza, la armonía el crecimiento, la fertilidad y la frescura. Lo incorporan movimientos o partidos ecologistas debido al predomino de este color en la naturaleza y sobre todo en las plantas.

Si bien en España el movimiento y los partidos con esta ideología va a más, el nivel de compromiso con lo verde en nuestro país sigue siendo más bajo que en el norte y centro de Europa. En Alemania, Los Verdes constituyen la tercera fuerza política del país. Pero Alemania no es el único lugar de Europa en el que Los Verdes cuentan con un peso específico en la política del día a día; así, Austria, Luxemburgo, Finlandia, Suecia, Bélgica e Irlanda y en menor medida en Francia (a nivel de política local).

La sostenibilidad es una solidaridad intergeneracional que, dentro de la justicia social, busca un ritmo adecuado de crecimiento de la comunidad, respetando las limitaciones de los recursos naturales.

La Psicología Ambiental, muy unida a la Psicología Política, me atrevería a decir que es una rama de ésta que, puede contribuir al aumento del desarrollo sostenible. Así, esta disciplina trata de explorar y analizar aspectos conductuales en los diferentes encuadres, ya sea, calles, hospitales, edificios, colegios, medios de trasporte o espacios naturales entre otros. Estudia, por tanto, la interacción entre la conducta humana y el ambiente, tanto el natural como el creado artificialmente por el hombre.

En un informe de la World Commission on Environment and Development de finales del siglo XX se definió el desarrollo sostenible, como el proceso por el cual se busca satisfacer nuestras necesidades actuales sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras, para poder satisfacer las suyas. La sostenibilidad es una solidaridad intergeneracional que, dentro de la justicia social, busca un ritmo adecuado de crecimiento de la comunidad, respetando y tomando conciencia de las limitaciones de los recursos naturales.

Con los patrones actuales de consumo en las sociedades occidentales y algunas orientales (no lo olvidemos), el desastre medioambiental no es una profecía, es una realidad, que ya estamos notando. Las predicciones científicas han avanzado en un reciente estudio que para el año 2100 un 10% del planeta sufrirá los efectos de dicho cambio. El impacto de este calentamiento global aporta datos como que el hielo ártico ha disminuido un 12% por década, mientras que las mareas de las costas aumentan una media de 3,3 milímetros por año desde 187. Este cambio climático ha marcado que el año 2020 ha sido el segundo año más caluroso de la historia, sólo 2016 fue un poco más cálido. También este cambio climático está provocando acontecimientos meteorológicos extremos, Así mismo, especies vegetales y animales tienen migraciones imprevisibles de un ecosistema a otro, con los daños que esto produce en la biodiversidad. Las predicciones científicas han avanzado en un reciente estudio que para el año 2100 un 10% del planeta sufrirá los efectos de dicho cambio. Todo esto se traduce en un aumento de la aparición de fenómenos meteorológicos más violentos, sequías, incendios, la muerte de especies animales y vegetales, los desbordamientos de ríos y lagos, la aparición de refugiados climáticos y la destrucción de los medios de subsistencia y de los recursos económicos, especialmente en países en desarrollo (JM Manzano, Nueva Tribuna 6 de enero de 2022).

Como no es posible mantener los actuales patrones de la sociedad de consumo occidental y algunas sociedades orientales, insisto, y extenderlos para el resto del mundo, esa calidad de vida tendría que estar basada, no en la defensa de privilegios adquiridos ni en la acumulación de la riqueza, sino en un equilibrio social y ambiental fundado en la solidaridad y en la equidad.

El desarrollo sostenible está estrechamente ligado a las conductas sustentables (término admitido por el DRAE) que las personas llevan adelante y que vienen configuradas por acciones individuales específicas, relacionadas con intereses como el ahorro de recursos limitados, el consumo y reciclaje de productos ecológicos, el control de la contaminación o la reducción de residuos, tal como lo expresan Blas y Aragonés, en una publicación de finales del siglo XX.

Por último, compartir esta reflexión de Hipólito Taine:”el arte es como un naranjo, que precisa un suelo y un clima adecuado para florecer y dar fruto”.

En torno a los movimientos políticos de los verdes