miércoles 27.05.2020

La crisis sanitaria evidencia la necesidad de otra perspectiva en el trabajo, especialmente en los cuidados

La crisis sanitaria evidencia la necesidad de otra perspectiva en el trabajo, especialmente en los cuidados

La celebración del Día Internacional de las personas trabajadoras el primero de mayo nunca antes tuvo una situación tan excepcional como la que se está viviendo estos días, en los que la forma de trabajo ha tenido que adaptarse a la situación de confinamiento en los hogares. En estos momentos no es posible hablar de trabajo como tal, sino que es necesario hablar de teletrabajo, que ha sido la vía de escape que han encontrado muchas empresas para no cesar su actividad durante el estado de alarma.

Sin embargo, esta adaptación al teletrabajo ha resultado ser un arma de doble filo para las mujeres, con ventajas y claros inconvenientes que de no ir acompañados por ciertas medidas y un cambio cultural en el rol de los cuidados dentro del hogar, terminarán –y de hecho ya lo hacen- penalizándolas doblemente.

Está claro que el teletrabajo puede ser una salida a esa flexibilidad de la jornada que demandan en gran medida las mujeres en sus puestos de trabajo, para poder dedicarse al cuidado de menores o de otras personas dependientes. Trabajar desde casa tiene sus beneficios y puede ayudar a una mejor conciliación de la vida laboral y familiar, siempre y cuando haya una corresponsabilidad real con la otra persona de la familia, “lo que requiere un cambio de estereotipo en los roles de cuidados de las personas, siempre asociados a las mujeres” declara Elena Blasco Martín, secretaria confederal de Mujeres e Igualdad de CCOO, en entrevista con AmecoPress.

Ella misma señalaba las ventajas y desventajas que podía tener el teletrabajo, pero aseguraba que “en estos momentos no se puede hablar de teletrabajo, ya que no tiene nada que ver lo que podría ser el teletrabajo con este “teletrabajo de emergencia”, que se ve gravemente afectado por la situación de confinamiento y requiere lidiar con muchas más cuestiones nada fáciles”.

Lo cierto es que el cierre de centros educativos ha supuesto una gran incógnita para muchas familias a la hora de encontrar el tiempo necesario para el cuidado de sus hijos o hijas. Ello, compaginado con el teletrabajo y con una “educación online” que, sin duda, han tenido en cierta manera que apoyar o supervisar, ha podido ser en muchos casos una fuente de estrés y problemática que sin ninguna duda ha recaído más en las mujeres a causa de los estereotipos de género y el cuidado de la casa y el ámbito familiar.

Para observar cómo ha sido esa corresponsabilidad en las tareas del hogar de manera precisa, dos investigadoras y profesoras de economía, Lídia Farré, de la Universidad de Barcelona y Libertad González, de la Universidad Pompeu Fabra, han realizado una encuesta dirigida a las familias en España con el objetivo de conocer la situación de los hogares durante este periodo de confinamiento. En particular, les interesaba saber cómo se han adaptado las personas con hijos a cargo, en términos de su actividad laboral y de las tareas domésticas, incluyendo el cuidado de menores, con particular atención a las desigualdades de género.

Lo primero que hay que destacar del estudio es que no se trata de una muestra representativa de los hogares españoles. La participación ha sido voluntaria, y por tanto, los resultados sólo se aplican a esta muestra (auto) seleccionada, cuyos resultados han aportado importante información.

Los datos seguidamente comentados son los recogidos durante la primera semana de encuesta, del 4 al 9 de abril. El análisis está centrado en hogares formados por parejas de distinto sexo con hijos, atendiendo a su situación laboral y la de su pareja. Antes del confinamiento, el 93% de los hombres en los hogares encuestados declaraban estar trabajando, comparado con el 84% de las mujeres, es decir, la tasa de ocupación era 9 puntos porcentuales mayor entre los hombres. En estas parejas, el ingreso de la mujer representaba de media el 41% de los ingresos totales del hogar.

Teniendo en cuenta estos datos, Elena Blasco Martín teme que la crisis del COVID-19 empeore la situación de desempleo y endurezca las barreras para la participación laboral de las mujeres: “Además de su nivel de desempleo estructural, estamos viendo cómo la pérdida de empleos afecta a las mujeres por dos grandes motivos. En primer lugar, como efecto de la destrucción de empleo en sectores feminizados y de empleo estacional: trabajadoras de comercios, escuelas, comedores infantiles, hoteles, restaurantes, del sector cultural, del sector de ocio, empleo del hogar, etc. Y también, por efecto de la falta de corresponsabilidad, por la necesidad de atender a menores, mayores y personas enfermas, ante el cierre de centros educativos, con especial incidencia en las que tienen menores a cargo”.

Justamente en el tema de la conciliación centraron su estudio ambas investigadoras, que trabajaron por conocer la distribución de las tareas domésticas entre los miembros de la pareja, antes y después del confinamiento. Las preguntas de la encuesta querían conocer la persona que se encarga de: la limpieza del hogar, hacer la compra, lavar la ropa, hacer la comida, y el cuidado de los hijos.

La figura 2 muestra el porcentaje de hogares en que cada tarea es realizada siempre o la mayoría de las veces por la madre, el padre, o los dos por igual. Por ejemplo, en el 48% de los hogares la mujer es quien suele encargarse de la limpieza, mientras que en el 4% es el hombre, y en el 37% el hombre y la mujer se lo reparten por igual (en el 11% de los hogares la limpieza la realiza una tercera persona).

Antes del confinamiento, lo más común en los hogares encuestados era repartirse a partes iguales las actividades de ocio con los hijos, y en menor medida la compra, mientras que la mujer era la principal responsable de la limpieza, la ropa, la comida, y las actividades educativas con los hijos. Durante el confinamiento (figura 3), el cambio principal es que ahora el hombre pasa a ser el principal responsable de la compra (en el 38% de los hogares encuestados). Los cambios van en la dirección de una distribución de tareas más igualitaria (figura 4), aunque se mantienen diferencias grandes: no hay ninguna actividad salvo la compra en la que el hombre sea de media el principal responsable. Incluso en el caso de la compra, la actividad más “masculina”, sólo en el 38% de los hogares es el hombre el que se encarga la mayoría de las veces.

Según cuenta Lídia Farré, en entrevista con AmecoPress, “este resultado ha recibido diversas interpretaciones. Una de las más extremas sería que se están acentuado los roles de género y que por tanto el hombre es el que sale a buscar provisiones mientras que la mujer se queda en casa a cargo de la familia y el hogar. Otra interpretación está relacionada con el hecho de que salir de casa en estos días tiene asociado un riesgo. Diversos estudios demuestran que los hombres presentan una menor aversión al riesgo que las mujeres y por esos participan más en esa actividad. Por último, podría ser que de entre las tareas que analizamos en el estudio (limpiar la casa, organizar la ropa, hacer la comida, ir a la compra, ayudar a los hijos a hacer los deberes, realizar actividades lúdicas con los hijos), ir a hacer la compra sea la más fácil de aprender”.

Así mismo, el estudio también documentaba diferencias muy importantes por nivel educativo. Antes del confinamiento, las mujeres con nivel educativo alto (con título universitario) dedicaban mucho menos tiempo a las tareas de la casa (excepto el cuidado de hijos), sobre todo limpieza y comida, comparado con las de nivel educativo más bajo. Los hombres de nivel educativo alto se encargaban en mayor medida de la comida, mientras que la limpieza en hogares de parejas universitarias la realizaba una tercera persona en muchos más casos.

Teletrabajo y corresponsabilidad

Con el confinamiento, las tareas se reparten más que antes en las parejas de nivel educativo bajo, sobre todo la compra y la ropa. Más hombres se encargan de la compra, mientras que la ropa se reparte de manera más igualitaria. Estos cambios son menos pronunciados en las familias de nivel educativo alto, aunque la limpieza también se reparte más por igual (en vez de externalizarse), y los hombres pasan a encargarse más de la compra.

Dado que el estudio mostraba que la tasa de ocupación es más baja para las mujeres que para los hombres (93% hombres – 84% mujeres), las investigadoras miraron por último al reparto de tareas en familias en las que los dos miembros de la pareja han mantenido su trabajo durante el confinamiento, y donde por tanto podría esperarse un reparto más equilibrado.

Puede observarse (figura 5) que los patrones son similares a los de la muestra completa. Las mujeres se encargan mayoritariamente de la ropa y la comida, los hombres se encargan de la compra, y la limpieza y el cuidado de los hijos se reparten de manera igualitaria en muchos hogares (sobre todo las actividades de ocio), mientras que en muchos otros éstos son también competencia de la madre. Hay muy pocos hogares en los que los padres sean los principales encargados de la limpieza, la ropa o el cuidado de los niños. Quitando la compra, es mucho más común que la mujer sea la principal responsable de todas las tareas que el hombre. Es decir, las mujeres asumen más peso en las tareas de casa durante el confinamiento, incluso en familias en las que padre y madre siguen trabajando.

“Así pues- explica Lídia Farrer - mientras que el cierre de los centros educativos y las dificultades para externalizar los servicios domésticos han representado un incremento (sin precedentes) de las responsabilidades familiares, éstas siguen repartiéndose de manera desigual entre hombres y mujeres, lo que sugiere que las mujeres tendrán más dificultades para conciliar el nuevo escenario laboral y familiar”.

Por otro lado, Elena Blasco Martín también señalaba un aspecto muy importante en el caso del teletrabajo, ya que ante este escenario tecnológico, la brecha digital afecta de manera más pronunciada a las mujeres. Refiriéndose a las familias con un solo ordenador, explica que ya no solo perjudica la falta de medios si no la falta de la alfabetización digital necesaria para utilizarlos: “Es preocupante que en plena digitalización de la economía, en plena era tecnológica, las mujeres nos quedemos atrás. La educación debe contribuir a cerrar las brechas, a corregir las desigualdades, por supuesto también las de género. Esto se percibe en que no solo persiste el alejamiento de las niñas y jóvenes en estudios y carreras de ciencia y tecnología, sino que esta distancia ha aumentado. La matriculación en la actualidad en ingeniería informática en España está en un 80% hombres y menos del 20% mujeres“.

Ya de por sí el el panorama de las mujeres ante el mercado laboral en España se resume en que tienen menor acceso al empleo que los hombres y que sus condiciones son en general peores; mayoría en el paro, en la temporalidad, en el tiempo parcial, discriminación salarial y en general salarios más bajos; y en que su presencia laboral está condicionada doblemente por la segregación: sectorial y ocupacional. Por ello, desde CCOO, Elena Blasco demanda “tomar más medidas para garantizar que la protección social llega a las personas que más lo necesitan, a los grupos más vulnerables, entre los que hay mayoría de mujeres. Entre ellas está la Renta Mínima Garantizada, demandada por CCOO desde hace años, o cualquier otro subsidio económico que resuelva las situaciones vulnerables detectadas, que esperemos que este gobierno de coalición tenga en cuenta. Y, sobre todo, hace falta que las respuestas a la crisis tengan en cuenta la necesaria perspectiva de género”.

Además, no hay que olvidar que ante esta crisis las limpiadoras, cuidadoras, médicas, auxiliares sanitarias, policías, cajeras de supermercado... en general las mujeres trabajadoras son las que se encuentran en primera línea de quienes siguen desempeñando con compromiso y solidaridad sus labores en tareas esenciales. En muchos casos se ven obligadas a hacer malabares para compaginar un improvisado régimen de teletrabajo con las labores de cuidado, y, al mismo tiempo, en términos laborales y económicos, serán las más damnificadas por esta pandemia.

Un nuevo modelo

Lo cierto es que esta crisis sanitaria pide a gritos para crear otro modelo de sociedad, que solo será capaz de crearse si se atiende a las lecciones aprendidas. La revalorización del trabajo de los cuidados, desempeñados mayoritariamente por mujeres, muchas veces desde la economía informal y en sectores laborales con condiciones deplorables, debe ser uno de los primeros puntos a tener en cuenta en ese cambio. Así lo decía Elena Blasco Martín, que cree que es preciso “dar la valoración económica y social que corresponde a todas esas profesiones y sectores feminizados que antes no se tenían en cuenta y ahora se han descubierto esenciales. Es preciso también plantear otro modelo económico y social, con los ejes transversales de la igualdad, la corresponsabilidad, la solidaridad y la sostenibilidad, si queremos salir de la crisis con una sociedad justa, igualitaria y sostenible“.

Poniendo la mirada en el futuro, la crisis que se avecina también es importante. A pesar de que todavía no hay datos representativos para analizar el impacto de la crisis sobre el mercado laboral y su impacto sobre la desigualdad de género, está claro que el sector servicios va a ser uno de los más perjudicados y al mismo tiempo es uno de los más feminizados. Lídia Farrer concluía que de ser así “la situación laboral de las mujeres empeorará considerablemente. Sin embargo, la implantación del teletrabajo (tanto para hombres como para mujeres, y distinto del que en estos momentos se conoce) y el incremento de la participación masculina en las tareas domésticas podrían fomentar un cambio en los roles de género y avanzar hacia un modelo familiar más igualitario en cuanto a la conciliación de la vida familiar y la laboral. Esto tendría un impacto positivo sobre las perspectivas laborales de las mujeres y podría reducir la desigualdad de género en el largo plazo”.

Elena Blasco Martín, por su parte, recordaba que para que la crisis no afecte de manera más pronunciada a las mujeres “el feminismo deberá estar en primera línea de debate, en el centro de las políticas y las medidas a tomar cuando la situación se normalice y la crisis empiece a notarse en el mercado laboral y en el ámbito social. Solo así podrán tomarse las medidas necesarias y adecuadas para no acentuar la desigualdad entre hombres y mujeres”.

Foto: Figuras Blog Libertad González - Redes Sociales CCOO Fuente Ameco Press
 

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