sábado. 20.07.2024
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Este es un consejo destinado a franceses en concreto y europeos en general. No soy un fanático de las artes marciales, pero conozco lo suficiente una de sus más conocidas especialidades, el judo, técnica defensiva que sustenta su eficacia en aprovechar la potencia del agresor. El judoca utiliza la fuerza loca con la que el atacante desea desbaratar la resistencia del defensor para salir airoso del embate. El practicante del judo sabe que cuanto más feroz y  destartalada sea la agresión, mayores son las posibilidades de éxito propio.

¿Me he vuelto un vigoréxico suporter del deporte porque sí? Pues no, lo que ocurre es que ahora tras la andanada derechista que iba a asolar la escena de Europa y oscurece Francia, se impone una reacción igual y de sentido contrario por parte de las fuerzas comprometidas con la democracia y la justicia social. Tomando el ejemplo de la reagrupación de progreso en Francia, sería bueno articular otras agregaciones del mismo tipo a distinta escala nacional e internacional, y aprovechar el momento como hacen los judocas.

La ultraderecha ha exprimido hasta el máximo las temáticas que podían asistirle en su descerebrado ataque a la razón

Tengo la impresión de que la ultraderecha ha exprimido hasta el máximo las temáticas que podían asistirle en su descerebrado ataque a la razón: inmigración y seguridad, con escaso recorrido para ambas alucinaciones. La suplantadora inmigración se está convirtiendo en una apuesta por acoger e integrar nuevos ciudadanos capaces de soportar el entramado económico e institucional de Europa y de otros espacios desarrollados. La seguridad ha dejado de ser una amenaza bélica genérica para ser percibida como la punta del aguijón de los poderes autoritarios constituidos en sus reservas de Israel o Rusia. La nación y su defensa étnica o militar ha dejado de tener ninguna pertinencia, y la mayoría de los europeos han votado para conformar un Parlamento y una Comisión ajena a esta manera de entender los conflictos sociales del siglo XXI.

El fracaso relativo del intento de la ultraderecha debería suponer algo más que un simple alivio momentáneo y conformarse con continuar otros años a la espera de que su proyecto se desvanezca por sí solo. Creo que utilizando la filosofía del judo, deberíamos todos embarcarnos en una lucha contra factual para aprovechar el caos mental que abate a quien golpea en el vacío. Particularmente contra quienes durante mucho tiempo han estado a los mandos de la política social y económica europea que no han sabido sobreponerse al shock de austeridad impuesta a partir del 2008 generadora de pobreza, injusticia, desigualdad y rencor, los motores que han propulsado al neofascismo europeo. Todo aquello que la Comisión no se atrevió a emprender por temor a pasarse en la superación de la austeridad debe ponerse en marcha multiplicando sus efectos y potencialidades: crecimiento económico, reparto justo de la riqueza y servicios públicos para compensar los desequilibrios.

En esto España puede ser tenida como ejemplo, el boom económico que sorprende a especialistas y profanos no tiene explicación más ajustada que el abandono del control salarial a la baja mantenido durante los gobiernos del PP estimulando subidas graduales, y desarrollo de mecanismos de interlocución y diálogo social para adaptar la realidad laboral a nuevos retos. No digo que Yolanda Díaz dé el perfil de judoca con aspiraciones olímpicas, pero hay una parte de la dulzura que desprende que está relacionada con ello, doblegar sin forzar (de nada ministra comunista).

No digo que Yolanda Díaz dé el perfil de judoca con aspiraciones olímpicas pero hay una parte de la dulzura que desprende que está relacionada con ello, doblegar sin forzar

Lo que sí quiero decir es que el escenario español es una imagen válida para analizar lo que sucede en otros ámbitos, particularmente en el europeo, que ha sufrido un empobrecimiento inducido que no ha servido más que para garantizar ganancias a corto plazo de inversores audaces y financieros piratas, que finalmente no han temblado ante la posibilidad de impulsar a grupos y partidos totalitarios, dispuestos a acabar con principios democráticos si fuere necesario, pues lo único que buscan es mantener su riqueza en corto mediante sucesivos recortes de impuestos.

En Europa y en el mundo entero la ultraderecha se siente conmocionada, en lo más álgido de su protagonismo mediático no avanzan, más bien retroceden aquí, en América y en Asia. Cuando aspiraban a dar la puntilla definitiva al perverso modelo social cimentado sobre la justicia social, las poblaciones les dan la espalda. Claro que le dan la espalda quienes pueden, no solo quienes pueden formalmente votar, sino aquellos que han conseguido un mínimo de independencia y dignidad. Este es el combate, conseguir ampliar el número de personas en todo el mundo que alcancen el empoderamiento suficiente para poder rechazar a un mesías de la autoridad como la única salida posible.

Ahora que bracean con la mirada perdida, ahora que no pueden sostener por más tiempo su profecía del miedo es el tiempo de consolidar lo más propio del ser humano, independencia económica que propende a la independencia de juicio. Para evitarnos más sustos es necesario que la Comisión practique J(EU)DO, restablezca los criterios históricos de reparto de la riqueza, fortalezca los servicios públicos y sitúe la educación en la ciencia como spin de su desarrollo.   

Para transitar del consenso neoliberal de Washington de 1989 a la declaración neo keynesiana de Berlín del 2024 se requiere disciplina, autocontrol y desmadejar al oponente, un Osae Waza de libro vamos. 

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