viernes. 01.03.2024
amor

Necesitamos tu ayuda para seguir informando
Colabora con Nuevatribuna

 

Morimos de amor, nos elevamos por él, ascendemos tan alto que la contemplación en semejante perspectiva sólo es comparable al vértigo del descenso que se produce luego. Sufrimos y disfrutamos en bucles sucesivos que nos arrastran a extasiarnos y equivocarnos de nuevo como si de la inhalación de una droga suculenta se tratase. Es un sentimiento que ya desde antiguo preocupó a sabios e intelectuales por su implacable repercusión sobre los ánimos y vidas de los humanos. Pero, ¿amamos bien? ¿Sabemos en qué consiste el verdadero amor?

Platón (S. V a. C.) en uno de los diálogos de madurez, el Banquete, expuso toda su sabiduría al respecto y una recopilación de sus explicaciones puede ayudarnos a entender la complejidad de aquello que tantas veces inspira a escritores y poetas. Nos sorprende, en primer lugar, que el amor tiene para los griegos tintes intelectuales y que tiene que ver, muchas veces, con la relación que se establece entre maestro y discípulo. Aparecen, de esta manera, ingredientes que con frecuencia olvidamos en las relaciones actuales: el cultivo de la mente, la mejora en la profundización de uno mismo, el avance en la adquisición de conocimientos, la admiración de la persona amada que puede ayudarnos a ser mejores..., ¿resistirían el filtro de una relación interesada o superficial, de las relaciones rápidas o esporádicas que el ritmo de vida actual provoca?

Según Platón, el amor ha de guiar a todos aquellos que deseen vivir noblemente, es él quien posibilita que sintamos vergüenza ante las acciones feas y posibilita también el deseo de honor. Eros es capaz de inspirar valor (¿qué no somos capaces de hacer por amor?) y se muestra eficaz para asistir en la consecución de virtud y felicidad.

Pero, no todo amor es hermoso por igual ni digno de ser alabado, sino solo aquel que nos induce a amar bellamente. No todo amor vale, es necesario, pues, aprender a amar. Un amante que se enamora más del cuerpo que de la mente, sería un amante vulgar, no se enamora de algo estable y cuando “se marchita la flor, sale volando”. Solo el amor que persigue hacernos mejores, aquel que va en busca de la virtud sería digno de halago. Diríamos hoy que no basta con quedarse en lo físico, en la apariencia, que lo importante de verdad estaría en los valores de la persona, en cómo sea su interior.

Respecto al mito de que las personas fueron cortadas en dos mitades (tal vez de ahí provenga el anhelo todavía actual de encontrar a nuestra “media naranja”), se explica que es normal, por tanto, buscar cada uno su otra mitad para unirnos en una sola naturaleza. Amar sería como aspirar a ser uno fundiéndonos con nuestro amado. Pero, solo lo que nos es afín podría proporcionarnos plena felicidad, poniendo en cuestión la creencia más que frecuente respecto a la atracción de los opuestos, ¿estaríamos en realidad mejor con alguien totalmente diferente a nosotros?

En absoluto el amor ha de hacer sufrir según la sapiencia platónica (y siempre será bueno escuchar a los clásicos). El amor origina bienes de todas clases, produce “la paz entre los hombres, la calma tranquila en alta mar, el reposo de los vientos y el sueño de las inquietudes”. Nos vacía de extrañamiento y nos llena de intimidad, nos quita aspereza, nos da mansedumbre. Ofrece cordialidad, nunca hostilidad. No queda hueco pues para ese amor erróneo que produce dolor e intranquilidad como ha llegado a decir la letra de alguna canción: “dicen que se sabe si un amor es verdadero, cuando duele tanto como dientes en el alma”.

Para Platón, la vista del entendimiento empieza a ver agudamente cuando la de los ojos empieza a perder su fuerza (o “lo importante es invisible a la vista”). Esforcémonos en encontrar la verdad de un sentimiento profundo, cuando es noble, que mira hacia el interior nuestro y del otro, que se refiere al entendimiento y no a las apariencias, que debe atender a la honestidad, que nos debe enriquecer como seres humanos, que nos mejorará y en el que no debemos encontrar nunca sufrimiento.

Además, aprovechemos también para desterrar el equívoco concepto de lo que sea el “amor platónico”, pues vemos que en realidad se trataría de un amor basado en la belleza de carácter, en la inteligencia, un amor puro, basado en la virtud. Tal vez por ello se popularizó como inalcanzable, aunque se ha quedado simplemente ahí, sin profundizar en su auténtico sentido.

Amar implica una responsabilidad, responder a las necesidades del otro con respeto, confianza y comprensión

Y, acercándonos un poco más a las aportaciones contemporáneas, el psicoanalista alemán Eric Fromm (1900-1980), describió la facultad de amar como un arte que, como tal, necesita primero de una adecuada comprensión de la teoría para poder pasar después a la práctica. Nadie nos puede enseñar dicha práctica, se trataría de ir empeñándonos en su dominio a través de la disciplina, la concentración, la paciencia y la preocupación. Es algo laborioso que hay que trabajar y hacer crecer y no un sentimiento que de repente nos posee sin que nosotros podamos hacer nada por evitarlo. Maravillosos son también los conceptos de preocupación y cuidado que Fromm asocia de manera absolutamente necesaria al acto de amar. Amar implica una responsabilidad, responder a las necesidades del otro con respeto, confianza y comprensión. Si amo a otra persona, la amo tal como es. Se trata de un acto de creatividad en el que hemos de esmerarnos y que resulta fundamental para el ser humano, ya que solo así puede superar el dramático sentimiento de aislamiento y separación que nos distancia de nuestros semejantes y tantos sufrimientos provoca.

El amor no es algo que nos aborda, no podemos permanecer pasivos, sino que se trata de una fuerza de transformación, algo que hemos de poner en práctica con motivación, amabilidad y compasión para unirnos a los demás. Solo de este modo demostramos el compromiso necesario para cultivar relaciones conscientes y satisfactorias que nos acerquen de verdad al otro con una intimidad profunda y aceptando nuestra diversidad.

Así que, después de toda esta reflexión, ¿no creéis que nos queda mucho por aprender todavía en este tema? ¿no creéis que nos queda mucho por amar?

Amor ¿platónico?