Miércoles 26.06.2019
¿DE LA CRISIS A LA RENOVACIÓN?

Los grandes retos del sindicalismo europeo: afiliación, representación y movilización

Los sindicatos europeos están sometidos a una considerable presión. Su estatus como pilares de un “modelo social” ha sido socavado por la globalización y el neoliberalismo.

La crisis económica añadió dificultades, en muchos países ha conducido a severas medidas de austeridad y servido como pretexto para ataques radicales a las instituciones de la negociación colectiva

Un informe, elaborado por el Instituto Sindical Europeo y recogido por la Fundación 1º de Mayo, muestra la diversidad de los sindicatos europeos y los desafíos a los que hacen frente tras la crisis y las políticas de austeridad puestas en marcha por todos los gobiernos. El estudio elaborado por Magdalena Bernaciak, Rebecca Gumbell-McCormic y Richard Hyman (*) concluye que “los sindicatos no están condenados por fuerzas externas a continuar su declive y alcanzar eventualmente la irrelevancia”; y afirma que “contra todas las adversidades, todavía tienen posibilidades de opciones estratégicas”.

La diversidad de los sindicatos en Europa

La mayoría de los países nórdicos –Suecia, Dinamarca, Noruega y Finlandia- poseen sistemas de relaciones laborales basados en compromisos de clase institucionalizados entre las organizaciones de trabajadores y empresarios. Estos cuatro países tienen los niveles más altos de sindicalización de Europa. Históricamente todos poseen sistemas de protección de tipo “Ghent”, con seguros de desempleo voluntarios, pero subvencionados por el Estado y administrados por los sindicatos. Tales sistemas son vistos generalmente como fuente de fuertes incentivos a la afiliación sindical.

Suecia, Dinamarca, Noruega y Finlandia tienen los niveles más altos de sindicalización de Europa

El grupo Central –Alemania, Austria, Suiza, los Países Bajos y Bélgica- poseen una larga tradición de diálogo social, a menudo enmarcada en instituciones tripartitas formales. La densidad sindical es relativamente baja, a excepción de Bélgica (donde el “sistema Ghent” tuvo su origen); pero en general tienen sistemas de negociación colectiva general (en los niveles sectoriales o intersectoriales, o en ambos) combinados con procedimientos para extender los acuerdos a las empresas no firmantes, lo que asegura un nivel más alto de cobertura de la fuerza de trabajo. Los sistemas legales de comités de empresa están normalmente dominados por los sindicatos representativos, incluso en los centros de trabajo en donde sólo tienen una presencia sindical minoritaria.

Los países del Sur –Francia, Italia, España, Portugal y Grecia- tienen una historia de fuertes partidos comunistas y movimientos sindicales ideológicamente divididos, ligada a relaciones laborales disputadas. La regulación del empleo normalmente depende más de la legislación que de la negociación colectiva.

Los países anglófonos, Gran Bretaña e Irlanda, los más próximos a las “economías de mercado liberales”, tienen sólo débiles legislaciones sobre empleo y derechos sindicales. Los sindicatos no están divididos ideológicamente, como es el caso de muchos otros países, pero están relativamente fragmentados a lo largo de divisiones ocupacionales e industriales, con grandes sindicatos generales numéricamente predominantes en ambos países.

El informe también examina los diez de la Europa Central y del Este (ECE) que se convirtieron en miembros de la UE en 2004 y 2007. Hace diez años, Kohl y Platzer (2004) concluían que estos países estaban todavía adheridos a un modelo de relaciones laborales de “transición”, caracterizado por débiles y fragmentadas estructuras de representación de intereses y un papel dominante del Estado en la formulación e implementación de los objetivos de la política socioeconómica.

En la década de los ’90, los tres Estados bálticos -Lituania, Letonia y Estonia– experimentaron una sustancial desindustrialización. El trabajo organizado fue en gran parte excluido de la formulación de las políticas, mientras que las relaciones laborales estuvieron marcadas por una densidad sindical y una cobertura de la negociación colectiva extremadamente bajas.

En cuanto a Bulgaria y Rumanía, los interlocutores sociales rumanos eran más fuertes, y la cobertura de la negociación colectiva superior, que en los países bálticos. En Bulgaria, la densidad sindical es relativamente baja y está disminuyendo aún más.

En el extremo opuesto del espectro, Eslovenia se aproxima más estrechamente al modelo de diálogo social de los países del centro.

Los países de Visegrado -Polonia, Hungría, la República Checa y Eslovaquia- ocupan posiciones intermedias. Al igual que Eslovenia, la mayoría ya habían experimentado con economías de mercado en la época comunista. En los años que siguieron, preservaron en gran parte sus estados de bienestar y lograron atraer – sobre todo, gracias a los generosos subsidios- IED intensivas en capital y de alto valor añadido que transformaron y renovaron su base industrial.

Desafíos y retos del sindicalismo europeo

La disminución de la afiliación también se traduce en un debilitamiento de la influencia política

En el último cuarto de siglo, los sindicatos de toda Europa se han enfrentado a graves desafíos. Estos incluyen un declive de las industrias manufactureras de gran escala en las que los sindicatos siempre tuvieron una fortaleza importante, seguido por las presiones presupuestarias y el impulso a la privatización en otro bastión principal de los sindicatos, los servicios públicos; esto ha dado lugar a la inseguridad del mercado de trabajo y el crecimiento de las diversas formas de empleo "atípico".

Asociado con todos estos desafíos, aunque de manera compleja, está el proceso de la "globalización", que debilita la capacidad sindical para regular el trabajo y el empleo dentro de las fronteras nacionales en la que están inmersos. Un resultado ha sido la pérdida de densidad sindical en las últimas tres décadas. En el Oeste, la disminución en algunos países ha llegado aproximadamente a la mitad, aunque en otros ha sido mucho menos dramática. En gran parte del Este, si el punto de referencia era que lo sindicatos “oficiales” afiliaban a casi el 100% de los trabajadores, las pérdidas han sido aún mayores. La caída de la afiliación induce al agotamiento de los recursos financieros. En algunos países, también ha significado una disminución en la cobertura de la negociación colectiva; principalmente a causa de la existencia de negociación colectiva sectorial, a menudo reforzada por disposiciones legales para la ampliación de los acuerdos a todas las empresas de un sector. Pero si el poder de los sindicatos se reduce, la eficacia de estas instituciones de negociación no puede garantizarse. Casi universalmente, los contenidos de los acuerdos sectoriales están siendo socavados con cambios que llevan la toma de decisiones hacia la empresa individual. La disminución de la afiliación también se traduce en un debilitamiento de la influencia política.

El “modelo organizativo” y la democracia sindical

La densidad sindical varía radicalmente entre países, desde menos de un 8% en Francia hasta (recientemente) más del 80% en Suecia. En algunos países la afiliación ha caído abrupta y casi continuamente en las pasadas tres décadas; en otros el declive empezó más tarde y fue menos severo. En algunos casos el número absoluto de afiliados se ha incrementado pero en menor medida que el número de trabajadores activos. En la mayor parte de los casos, la densidad sindical está alejada de la participación real de los jóvenes en el mercado de trabajo. En algunos países, la mitad de la afiliación se jubilará en el plazo de 10 años; en Italia, el 50% son pensionistas. Esta situación confronta a los sindicatos a dos retos interconectados: el primero, detener y revertir su continuo declive; el segundo, incrementar su afiliación especialmente entre los grupos infra- representados, lo que podría requerir tener más en cuenta sus intereses  específicos.

Con el fin de revertir el declive de la densidad sindical, los sindicatos tienen que mejorar sus técnicas de afiliación o de retención de afiliados (o ambas). Los sindicatos europeos han respondido a la caída de la densidad de muy diferentes maneras. Algunos permanecieron confiados pero en la actualidad la mayoría se toman muy en serio los retos de la afiliación, la representación y la movilización.

Representación de las trabajadoras

La representación (o infra-representación) de los intereses de las mujeres es un asunto controvertido desde hace mucho tiempo para los sindicatos europeos. En la actualidad, de forma generalizada, existen disposiciones estructurales en este sentido. Prácticamente todas las confederaciones tienen una Secretaría de la Mujer, generalmente con sustento estatutario y con incidencia directa en el proceso de negociación colectiva. Más controvertida es la introducción de cuotas o puestos reservados en los órganos de adopción de decisiones. Se han producido también iniciativas con el fin de proporcionar formación específica para incentivar la participación de mujeres en puestos de representación. Una de las más recientes iniciativas ha sido el mainstreaming de género, es decir, la evaluación y –en su caso- modificación de toda actividad sindical desde la perspectiva de género; así lo ha recomendado la CES desde 1999.

Afiliación de jóvenes, migrantes y trabajadores atípicos

Trabajadores jóvenes y precarios son un objetivo principal de afiliación en un creciente número de países

En gran parte de los países los sindicatos también han puesto en funcionamiento estructuras específicas para trabajadores jóvenes. Curiosamente, los representantes de aquellos países donde los jóvenes tenían un puesto garantizado en la comisión ejecutiva eran los menos satisfechos aunque pudiera ser debido a que tenían mayores expectativas. También era frecuente constatar que en la mayor parte de los países la representación de intereses específicos se produjo antes en los sindicatos sectoriales que en las confederaciones.

El reto sindical de responder al trabajo atípico se ha desarrollado de muy diferentes formas, incluyendo la afiliación y la organización, la revisión de las estructuras internas y las nuevas políticas y actividades societales. En primer lugar los sindicatos tienen que decidir representar a los trabajadores precarios. Trabajadores jóvenes y precarios son un objetivo principal de afiliación en un creciente número de países.

Tanto en España como en Portugal, donde el número de jóvenes precarios es excepcional, los principales sindicatos han establecido departamentos específicos para trabajadores jóvenes e inmigrantes.

Democracia sindical

¿Son las nuevas formas de comunicación electrónica una amenaza a los mecanismos tradicionales de democracia sindical o pueden impulsarlos?

Las diferencias nacionales reflejan las distintas concepciones del significado de democracia sindical pero también decisiones adoptadas posiblemente hace más de cien años (por ejemplo, los sindicatos que sufrieron represión política a menudo tienen métodos más centralizados, incluso casi militares). Los sindicatos de algunos países –como Alemania- tienen un alto porcentaje de responsables asalariados de la organización; otros dependen en gran medida de militantes no profesionales (Gran Bretaña o Francia). En la mayor parte de los sindicatos existen estructuras de empresa pero las relaciones jerárquicas entre éstas y las nacionales, regionales o locales son complejas y cambiantes.

Una de las principales novedades acaecidas en bastantes países está en el uso de encuestas a afiliados (a veces ampliadas también a no afiliados) con el fin de identificar sus principales preocupaciones y opiniones de cara a las iniciativas políticas del sindicato.

Es frecuente que los sindicatos sometan a votación entre sus miembros la convocatoria de huelgas (de hecho en Gran Bretaña es legalmente obligatorio desde hace 30 años). En algunos países, además, se ha establecido la práctica de que los afiliados voten la firma de convenios colectivos, especialmente en los aspectos que puedan ser más controvertidos.

Las tecnologías digitales e Internet han revolucionado las comunicaciones sindicales aunque su impacto varía de un país a otro. Tras un comienzo tardío en muchos países –incluyendo el Reino Unido- el uso de las TIC se ha extendido mayoritariamente. En la actualidad el incremento tanto cualitativo como cuantitativo es asombroso: las páginas web sindicales son de fácil acceso aun cuando difieran en su grado de profesionalidad (lo que está en relación con los recursos disponibles).

De forma casi universal los trabajadores pueden ahora afiliarse on line. Muchos sitios web sindicales tienen sus propios vínculos con Twitter o Facebook y algunos secretarios generales tienen sus propios blogs. En general, las páginas web sindicales están bajo el control férreo de los dirigentes al menos en sus partes públicas

Fusiones y reestructuraciones

En todos los países europeos, la mayoría de los sindicatos (aunque no todos por lo general) que tienen alguna relevancia están afiliados a confederaciones de ámbito superior. Sólo Austria, Gran Bretaña, Irlanda y Letonia tienen un único organismo central.

En otros lugares hay una mayor diversidad. En los países nórdicos hay confederaciones independientes para trabajadores manuales, trabajadores no manuales y profesionales. En otros países, la base principal de la división es ideológica.

En todos los países, el cambio en el peso de la afiliación sindical hacia el sector público ha sido una fuente de tensiones. La preocupación por la competitividad determina la política de negociación en las industrias orientadas a la exportación, mientras que las restricciones económicas en los balances públicos hacen que la orientación de la negociación en el sector público sea muy diferente. Hoy en día, los gobiernos de todos los países están imponiendo restricciones -a menudo graves- en el gasto público, tales conflictos asumen nuevas formas. Las confederaciones se enfrentan al reto de mantener un frente sindical común a pesar de estas presiones de división.

Fusiones y reorganizaciones: ¿la unión hace la fuerza?

De modo casi universal, el número de los sindicatos se ha reducido en las últimas décadas a través de procesos de reorganización, absorción o "transferencia de compromisos”; nos referimos a todos estos procesos como fusiones. En la mayoría de los casos esto ha implicado la fusión de pequeñas uniones o la absorción de la organización menor por parte de un socio más grande, teniendo así un pequeño impacto en el conjunto de la estructura; pero algunas fusiones han creado conglomerados o 'mega-sindicatos, con profundas implicaciones.

La negociación colectiva en tiempos difíciles

A pesar de la reducción de los recursos de los sindicatos, la negociación colectiva en la mayoría de los países sigue siendo institucionalmente robusta. Como hemos visto, la regulación por convenio colectivo antes de la crisis era amplia, excepto en los países de habla inglesa y Europa Central y del Este (ECE) donde solo una minoría de la fuerza de trabajo estaba cubierta; en el resto (con la excepción de Alemania), la tasa ha sido de al menos el 80%. La cantidad no es sin embargo lo mismo que la calidad; y un dilema cada vez mayor para los sindicatos es si aceptar una disolución del contenido de los acuerdos, y quizás también una reducción de su ámbito de aplicación, como precio de mantener el ámbito de negociación.

Respuestas a la crisis económica y la austeridad

Uno de los resultados de la crisis ha sido el refuerzo generalizado de la moderación salarial, con los empresarios en algunos casos presionando hacia a la baja la renegociación de los acuerdos salariales existentes. Esto fue particularmente notable en Francia: en 2009, más del 80% de los trabajadores estaban sujetos a congelación de los salarios nominales, y en algunos casos reducciones; en términos generales, los aumentos salariales estuvieron por debajo de la tasa de inflación. Las negociaciones sobre reestructuración y reducciones de empleo, con el objetivo de acordar algún tipo “plan social”, fueron comunes en la mayoría de los países.

Incluso en paralelo con la acción de protesta simbólica, los sindicatos en la mayor parte de los países se esforzaron para gestionar la crisis a través del diálogo social al máximo nivel. En algunos países, sin embargo, no hubo esfuerzos reales para obtener un acuerdo tripartito de respuesta ante la crisis; en otros, estos esfuerzos fracasaron, o provocaron serias divisiones entre las partes involucradas. Incluso en países con una tradición de pactos nacionales, la crisis hizo muy difícil el diálogo social. Dado que en la acción del gobierno subyacían las respuestas nacionales a la crisis, el diálogo fue inevitablemente tripartito en lugar de bipartito. El resultado normalmente implicó acuerdos ad hoc con un enfoque limitado- en caso de darse (véase el capítulo 5 para más detalles).

Sin embargo, en cuestiones más amplias de política salarial y reestructuración de las pensiones y otras prestaciones sociales, el proceso de negociación al más alto nivel se acabo siendo tenso, con una ruptura de las negociaciones en algunos países y en otros con divisiones intersindicales graves.

Conclusión: ¿recuperando la iniciativa?

Los sindicatos han de creer, y demostrar, que un futuro mejor es posible

Los sindicatos requieren una organización estable para ser eficaces, y procedimientos establecidos para ser democráticos; y no pueden ignorar el núcleo básico de sus afiliados que pagan sus contribuciones. Pero los sindicatos requieren recursos de poder de carácter normativo: no son meras compañías de seguros, y sólo pueden sobrevivir si expresan un ideal social y una misión social. 

No hay “arreglos rápidos” a través del cual los sindicatos pueden recuperar la iniciativa: la revitalización requiere estrategia, no sólo tácticas.  Los desafíos materiales para los sindicatos son obvios; pero por encima de todo, en la mayoría de países están ideológicamente a la defensiva. Por lo tanto, necesitan recuperar recursos morales de poder es. Muchos sindicatos han perdido la creencia movilizadora en su propia capacidad para lograr una mejor economía y una mejor sociedad. Lo que se necesita es una nueva, imaginativa y quizás utópica contraofensiva. Los sindicatos han de creer, y demostrar, que un futuro mejor es posible.

Informe completo en PDF


(*) Magdalena Bernaciak, investigadora del Instituto Sindical Europeo (ISE/ETUI) en Bruselas.

Rebecca Gumbell-Mccormic, profesora titular del Departamento de Gestión de la Universidad de Londres, en Birkbeck.

Richard Hyman, profesor emérito de Relaciones Laborales de la London School of Economics y editor de la Revista Europea de Relaciones Laborales.

Los grandes retos del sindicalismo europeo: afiliación, representación y movilización
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