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jueves. 06.10.2022
CHINA: LA 'TORMENTA PERFECTA'

Un verano de pánico

El verano termina con presagios oscuros y una extendida sensación de pánico, debido a la confluencia de crisis internacionales con enorme potencial destructivo.

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Si la locomotora china frena, los vagones que arrastra entrarán en colisión. Los países más perjudicados inicialmente serán los llamados 'emergentes' productores de las materias primas que el gigante asiático demandaba vorazmente hasta hace poco

El verano termina con presagios oscuros y una extendida sensación de pánico, debido a la confluencia de crisis internacionales con enorme potencial destructivo. El encadenamiento de síntomas alarmantes en la salud de la economía china, la segunda del mundo, ha coincidido con otros elementos de fuerte perturbación que evidencian la profundización de crisis locales y regionales con efectos globales.

CHINA: LA 'TORMENTA PERFECTA'

El hundimiento del mercado de valores en China es la última manifestación de la crisis ya inocultable del modelo económico construido tras la muerte de Mao. El 'lunes negro' en las bolsas de todo el mundo capitalista es sólo el primer efecto visible.  Aunque la situación pueda estabilizarse en los próximos días, parece inevitable un nuevo empeoramiento de la economía global, porque los problemas China son enormes y su repercusión mundial es obvia (1).

Los datos son conocidos. China afronta un "aterrizaje brusco" de su economía, como consecuencia de la debilidad de la demanda interna y externa. Pero, además y sobre todo, la deuda del país es pavorosa, por encima del 280% del PIB. Los especuladores que pidieron prestado para acumular acciones se han visto obligados a vender sus paquetes aceleradamente. El prestigioso economista de Harvard  Kenneth Rogoff había anticipado lo que ahora ocurre. En siete años, desde antes de comenzar la actual crisis mundial al pasado año, la deuda china se ha cuadriplicado, pasando de 7 a 28 billones de dólares (2).

Si la locomotora china frena, los vagones que arrastra entrarán en colisión. Los países más perjudicados inicialmente serán los llamados 'emergentes' productores de las materias primas que el gigante asiático demandaba vorazmente hasta hace poco. Brasil es el ejemplo más dramático. El coloso suramericano ya está al bordo de la recesión. Las tensiones sociales, convenientemente manipuladas, ya han alcanzado la calle.

Lo dicho: distintas formas de pánico dominarán la rentrée, el regreso de vacaciones, después de un cálido y turbulento verano

Otras potencias directamente perjudicadas son las exportadoras de petróleo. El valor de mercado del crudo se ha depreciado en más de un 65% en sólo un año. El precio del barril de referencia se fijó el lunes en 42$. Los expertos consideran que si se mantiene por debajo de 45$ durante algún tiempo (meses), se encenderán todas las luces rojas. Y los pesimistas predicen un descenso hasta los 30$, como en 2008, cuando estalló la crisis financiera. Para los países productores, es la catástrofe. Algunos se verán dolorosamente empujados a crisis fiscales y sociales: es el caso de Venezuela, Argelia, Ecuador o el propio Brasil).

Irán, que confiaba en el levantamiento de las sanciones, tras el acuerdo nuclear, para reparar su ya tensada economía, puede verse en una disyuntiva perversa. Si aumenta la producción para hacer caja, puede provocar una depresión aún mayor del mercado por exceso de oferta en un momento de recesión global de demanda de energía. Irak puede despedirse de mejorar su producción para favorecer el despegue económico. Las monarquías petroleras del Golfo Pérsico, que han mantenido la producción en niveles artificialmente altos para proteger su mercado de los nuevos competidores norteamericanos, están sintiendo los estos efectos negativos del mercado y acudiendo a créditos internacionales para financiar sus gastos corrientes. La depresión emergente frenaría en seco la recuperación occidental.

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EL (PERSISTENTE) ARCO DE LA CRISIS

A este panorama depresivo de la economía mundial, se añaden los factores humanos, sociales y políticos. Una situación económica desfavorable agravará, en ningún caso, suavizará, los conflictos regionales con capacidad y dimensión para convertirse en crisis mundiales. ( los mismos que en los setenta Zbigniew Brzezinsky denominó como "arco de la crisis").

Este efecto dominó es ya una realidad. Repasemos los acontecimientos:

- persistencia de los conflictos bélicos en Irak, Siria, Libia, Yemen (corolarios horribles de la malhadada 'primavera árabe'), sin perspectivas de conclusión a corto plazo;

- enquistamiento de la guerra en Afganistán, que la retirada norteamericana, el conflicto interno en el bando talibán y la emergencia del Daesh pueden agravar aún más.

- riesgo de desestabilización creciente en países donde se soportan conflictos  de ésos que impropiamente han sido caracterizados como de 'baja intensidad' (Egipto, Túnez, Pakistán, Nigeria y un desigual pero no reducido etcétera).

- incertidumbre por la suerte del acuerdo nuclear con Irán: de no pasar la prueba del Congreso norteamericano puede abrir nuevos escenarios bélicos y agravar los actuales.

La acumulación de conflictos ha llevado sus consecuencias hasta nuestras propias puertas, como es bien sabido, con el inevitable efecto multiplicador de pánico. Así es cómo se está viviendo, en los despachos, en los medios y en la atribulada conciencia pública la afluencia de refugiados procedentes de aquellas zonas martirizadas. Se cuenta en la actualidad 60 millones de personas desplazadas de su lugar de origen, según ACNUR, la cifra más elevada desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

El análisis de la cifras nos dice mucho sobre el comportamiento de élites y sociedades. De esos 60 millones, más de la mitad (38) se han quedado en sus propios países, aunque fuera de sus hogares. Casi otros 20 se encuentran ya bajo cobertura y protección de las agencias internacionales. La minoría restante, apenas dos millones, son los errantes, los que cruzan o intentan cruzar fronteras terrestres y marítimas para rehacer sus vidas.

En tránsito por el Mediterráneo, bien en dirección a puertos italianos o griegos, se han acumulado un cuarto de millón de desplazados en lo que va de año. Es una cantidad "menor" si la comparamos con el millón y medio que se hacinan en Turquía o el millón largo que acampan en países  pequeños y tensionados  como Líbano o Jordania.

LA RESPONSABILIDAD DE EUROPA

Y, sin embargo, en Europa la llamada de alarma que supone esta tragedia humana, se está viviendo con aires de pánico. La primera reacción es rechazar (o levantar vallas, como el xenófobo gobierno húngaro);  luego, justificar las medidas represivas (caso del Canal de La Mancha); o desviar la responsabilidad hacia terceros  (en el caso de los gobiernos europeos); y, finalmente, hacer grandes protestas de contrición, sin que terminen de concretarse medidas, por miedo al 'efecto llamada', pero también a la negativa respuesta de algunos sectores sociales y de sus altavoces  mediáticos y políticos.

La llamada 'crisis de los refugiados' pone de manifiesto numerosos fracasos europeos, a saber:

1) El inadecuado  tratamiento de los conflictos en el mundo árabe e islámico, con una preocupación obsesiva por el fenómeno del terrorismo y una desatención lamentable por las causas últimas que lo originan, alimentan y contribuyen a su fortalecimiento.

2) El debilitamiento del proyecto europeo de unión, coordinación y solidaridad, que la crisis griega ha puesto al descubierto de una manera lacerante. Los reproches y ataques directos o velados se han convertido en moneda común del diálogo europeo.

3) El empobrecimiento del liderazgo político en beneficio de una visión tecnocrática y reproductora de los intereses exclusivos de las élites. Se invoca la necesidad de políticas comunes, como si los responsables de llevarlas a cabo y hacerlas efectivas no fueran los mismos que las proclaman.

4) La incapacidad para frenar con propuestas positivas e ideología activa el populismo xenófobo, que, lejos de remitir, se refuerza y amplía.

UNA CODA NORTEAMERICANA

Este fenómeno político ya ha encontrado eco y conexión con el otro lado del Atlántico, en la figura de Donald Trump, ya convertido, por cierto, en otro factor de pánico. Los sondeos reflejan la  consolidación del magnate, pese a su desagradable, disparatado y hasta ofensivo discurso. Sus rivales conservadores, paralizados por sus propias contradicciones, se muestran incapaces de neutralizarlo.

En el campo demócrata, el Presidente Obama vive bajo la amenaza, todavía no del todo conjurada, de una revuelta de los "suyos" en el acuerdo nuclear , mientras Hillary refuerza su histórica guardia pretoriana de abogados y asesores para protegerse del potencial daño que puede infligirle el asunto de los correos electrónicos.

Lo dicho: distintas formas de pánico dominarán la rentrée, el regreso de vacaciones, después de un cálido y turbulento verano.


(1) "China hits the Wall. Yen devaluation and the end of the economic miracle". SALVATORE BABONES (Universidad de Sidney). FOREING AFFAIRS, 16 de Agosto.
(2) "A warning on China seems prescient". ANDREW ROSS SORKIN. NEW YORK TIMES, 25 de Agosto.

Un verano de pánico
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