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miércoles. 29.06.2022

Cuando Internet incomoda a algunos gobiernos

En menos de tres años, tras el comienzo de las revoluciones árabes y de las protestas de los indignados, las informaciones sobre esos movimientos han destacado la importancia que han tenido las redes sociales, Internet y las conexiones inalámbricas en el crecimiento y rápida extensión de las manifestaciones y ocupaciones de lugares públicos.

Se ha escrito y hablado sobre la ignorancia que los medios de comunicación tradicionales: prensa escrita, televisiones y radios, mantuvieron sobre esos hechos, en buena parte por estar controlados por el poder y también por ser opuestos a las aspiraciones expresadas por los movilizados.

La comunicación virtual, horizontal y sin centros directores aparecía como la herramienta que podía hacer posible una nueva manera de mostrar que esta realidad llegara a más gente.

Se ha escrito sobre las diversas reacciones del poder a las demandas planteadas, que fueron desde promesas y realización de reformas de mayor o menor calado, a la represión por la fuerza y, en los casos en los que hubo un equilibrio de fuerzas, al comienzo de guerras civiles con distintos resultados.

Sin embargo se echan en falta estudios de lo que se ha hecho para acabar con las facilidades que a estos movimientos les han proporcionado los nuevos medios de comunicación. El libro de Manuel Castells Networks of outrage and hope, del que hay traducción al castellano, es un primer paso en esa dirección [1]. En su libro, el profesor Castells explica cómo en Egipto el gobierno desconectó las redes de telefonía móvil y el acceso a Internet.

La primera protesta en Egipto tuvo lugar el día 25 de enero de 2011, once días después de la caída del régimen tunecino. La censura sobre los medios de comunicación fue inmediata y dos días después, el día 27, Blackberry tenía bloqueados sus servicios de mensajería y los mensajes de texto; para las noches de los días 27 y 28 el acceso a Internet estaba bloqueado casi totalmente.

¿Cómo había sido posible? El gobierno se dirigió a los cuatro principales proveedores de servicios de Internet y les pidió que apagaran sus conexiones. Los proveedores accedieron en los routers  -enrutadores, los que se encargan de dirigir el tráfico de Internet- a las listas de direcciones IP (Internet Protocol, que identifica el equipo) conectadas a través de dicho proveedor y desconectaron a cualquiera que intentara acceder a ellas desde dentro o fuera del país.

La figura a continuación muestra de forma simplificada el camino desde los ordenadores a Internet. Puede actuarse sobre alguno de los eslabones para limitar o poner coto a las autopistas de la información. En este caso la actuación de las autoridades egipcias se centró en el primer eslabón de ella, los routers.

La Bolsa de El Cairo aún siguió funcionando dos días más pero después solamente el 7% del tráfico de Internet se mantenía en Egipto, el correspondiente a algunos proveedores de servicios pequeños más los privados del Ejército y del Gobierno.

Parecía que la información de las protestas y con ellas la posibilidad de organizarse y coordinarse se había eliminado.

Parecía que la información de las protestas, y con ellas la posibilidad de organizarse y coordinarse se había eliminado. En realidad lo que ocurrió fue diferente: la cadena de TV Al Jazira, a la que se le cerró su conexión por satélite, pudo seguir informando gracias a las redes de otras televisiones árabes que le prestaron sus frecuencias y los manifestantes usaron otros medios más primitivos para transmitir información como faxes y estaciones de radioaficionados.

Además, los activistas contaron con la ayuda de proveedores de servicios de internet en otros países que recibían llamadas y las canalizaban hacia los movilizados. El espacio virtual se llenó de información sobre la manera de burlar el apagón con diversos aparatos y además las redes de telefonía fija, que no se habían cortado, pudieron usarse para llamar a números en el extranjero que automáticamente las reenviaban a Egipto, a veces convirtiendo los mensajes de voz en correos.

El 1 de febrero se restableció Internet en el país. Hubo dos razones principales: La primera es que se pretendía normalizar la situación política y económica, el presidente Mubarak había anunciado que no se presentaría a la reelección y se pensaba que ese restablecimiento de las comunicaciones podría contribuir a la recuperación de la normalidad pero es que además, la desconexión había demostrado su falta de eficacia; llegó tarde, cuando la gente ya estaba en las calles y sabía que en otros lugares ocurría lo mismo.

Este ejemplo no quiere decir que ataques a la libertad de Internet no puedan triunfar en otros casos. Estos días estamos enterándonos de que las redes sociales comparten información privada en grandes cantidades con agencias de seguridad al margen del país en el que uno se encuentre, y de que se instalan instrumentos de interceptación de correos y conversaciones incluso en lugares tan protegidos como la sede de la Unión Europea.

La tentación de hacer la Internet que hemos conocido accesible por diversos organismos de seguridad, de espionaje industrial o simplemente de extorsión está aquí y podría acabar con la Internet tradicional. Otras redes Intranet de Club podrían desarrollarse para algunos, agencias gubernamentales, empresas, políticos, magnates, que además tendrían a su disposición la red de todos. Lo que se va sabiendo de la actividad de algunos organismos en China, en el Reino Unido y en los EEUU podría indicarlo así.


[1] CASTELLS, Manuel. Redes de indignación y esperanza. Madrid: Alianza Editorial, 2012.

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