viernes. 29.09.2023

Tea Party: los ultracatólicos más temidos tanto por republicanos como por demócratas

A. M.
Poco a poco se han convertido en un importante grupo de presión. Se amparan en el utracatolicismo, en un Estados Unidos blanco y en un profundo odio a Obama. Sus herramientas para entrar en la política son amenazas de muerte para los demócratas y fuerte presión sobre los republicanos, obligados a ser extrema derecha para mantener sus votos.
NUEVATRIBUNA.ES - 30.08.2010

Si Martin Luther King hubiera levantado la cabeza el pasado domingo, muy probablemente desearía volver a estar muerto. Todo el Tea Party se congregó en el National Mall de Washington, frente al monumento a Abraham Lincoln, coincidiendo con el aniversario del famoso discurso del “yo tengo un sueño” de uno de los líderes más importantes de los derechos civiles de los afroamericanos.

Este grupo de presión que cada vez se acerca más a ser un grupo de poder vive de la provocación. Mediáticamente venden con sus pancartas xenófobas y su discurso ultracatólico de defensa norteamericana.

El domingo quisieron decirle a Obama que tenían más fuerza de la que pueden imaginar los demócratas. Y sin caer en valoraciones cuantitativas, lo cierto es que tienen fuerza, grandes dosis de populismo, a Fox News -uno de los canales de más audiencia de su parte-, y a dos personajes polémicos que enganchan con una gran parte de la población: Glen Beck y Sarah Palin.

LA HERIDA DE LOS WASP

El movimiento Tea Party comenzó a tomar forma en los últimos meses de la era Bush, cuando Estados Unidos se propuso reformular sus políticas económicas ante el debacle que se les venía encima. Una serie de asociaciones ultracatólicas empezaron a reunirse para quejarse de la subida de impuestos, del desempleo, de la decadencia de los WASP (White, Anglo-Saxon and Protestant).

Tomaron prestado el nombre de uno de los acontecimientos más importantes de la historia de los EEUU que desencadenó la Revolución Americana y su sucesiva independencia. Fue en 1773 cuando tuvo lugar en Boston el denominado Motín del té (Boston Tea Party, en inglés), en el que los colonos, en un acto de protesta contra la metrópoli británica y sus impuestos, lanzaron al mar un cargamento de té.

Pero este Tea Party no sólo pide que se bajen las tasas, sino que exige que se supriman las subvenciones de desempleo, quiere que el Estado deje de tener poder para dar rienda suelta al neoliberalismo, siendo la bajada de impuestos una de las herramientas fundamentales en su libro de peticiones.

Su discurso está basado en el racismo, el nacionalismo exagerado dirigido sobre todo a esa clase media blanca conservadora frustrada, que en las últimas décadas ha visto como los derechos civiles se ampliaban a las mujeres, a los negros, a los extranjeros.

Tienen entre su público a esa gran parte de WASP que perdieron el protagonismo del que gozaron en la década de los 50 y a principios de la década de los 60. Por ello en sus discursos disparan –por ahora metafóricamente- contra sus nuevos enemigos, contra los que les han arrebatado el papel protagonista, contra los nuevos ciudadanos estadounidenses, es decir, contra inmigrantes y minorías raciales.

Populismo, bajadas de impuestos, enemigos contra los que ejercer una nueva cruzada política y religiosa, son ingredientes de recetas como el nazismo o el fascismo mussoliniano. Y sin querer caer en paralelismos simplistas, el Tea Party también ambiciona el poder político, tanto que en los últimos dos años se habla de ellos como si fueran un tercer partido en disputarse la Casa Blanca.

UN ARMA DE DOBLE FILO PARA LOS REPUBLICANOS

El movimiento Tea Party empezó a hacerse ver en las manifestaciones que organizaron a lo largo de Estados Unidos, en contra del proyecto de reforma del sistema de salud y sobre todo durante las asambleas ciudadanas del verano de 2009.

El odio a Barack Obama es otro de los vínculos fuertes de su unión: “Si usted toma mil personas que se autodefinan como del Tea Party y le pregunta qué es el movimiento obtendrá mil interpretaciones diferentes. Pero todos estarán ondeando sus banderas estadounidenses y hablando en contra de la galopante agenda socialista” le dijo al diario The Washington Post, uno de los seguidores del movimiento.

La derecha norteamericana está desconcertada. Por un lado hay un importante movimiento ciudadano de perfil conservador que se moviliza contra Obama y por otro lado el Tea Party no sólo le quita protagonismo si no que está obligando a muchos republicanos a situarse en el ala de la más pura extrema derecha para mantener su puesto.

Tea Party no sólo critica a Obama también lo hace sobre todo aquel republicano que quiera ser mínimanente conciliador con los demócratas. Su ideología anti inmigrante se demostró con el fuerte apoyo que le dieron a la Ley de Arizona. Ejercieron tal presión que hasta el republicano John MacCain, conocido por su apertura hacia la inmigración, cambió totalmente su campaña y proclamó aumentar el muro de la frontera y mano dura con los sin papeles.

El verdadero poder del Tea Party medirá en las elecciones legislativas de noviembre. Por ahora las previsiones son desalentadoras, ya que sólo a diez semanas de los comicios una serie de candidatos de la nueva generación, respaldados por la corriente ultraconservadora Tea Party, derrotaron a republicanos de la vieja guardia en las primarias de anteayer.

Cinco estados -Alaska, Arizona, Florida, Oklahoma y Vermont- celebraron primarias para elegir a los candidatos para cargos legislativos federales y de gobernadores.

Si bien el Tea Party no pudo vencer al actual senador republicano John McCain en Arizona, la senadora republicana por Alaska Lisa Murkowski, en el cargo desde hace 10 años, quedó al borde de la derrota frente a Joe Miller, un candidato sin experiencia respaldado por la ex gobernadora Sarah Palin y el Tea Party. Con el 98% de los votos escrutados, Miller superaba a Murkowski por unos 2000 votos, quien sería la séptima titular que pierde este año, en el que el Tea Party se ha anotado grandes victorias en las primarias republicanas para el Senado.

AMENAZAS DE MUERTE

Además de la demagogia y el populismo el Tea Party también se vale de herramientas propias de la mafia, del Ku-Klux-Klan o de una banda de sicarios, para conseguir sus objetivos políticos. Desde hace dos años el FBI tiene que proteger a un buen número de políticos norteamericanos asustados por las amenazas que les ha enviado.

Dos de los ejemplos son el de la líder de la mayoría demócrata en la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, y la congresista Patty Murray, demócrata por el estado de Washington, ambas han sido amenazadas de muerte.

Steve Cohen, congresista demócrata por Tennessee, cuenta con protección del FBI tras haber sido amenazado por integrantes del Tea Party con “quemarlo en una cruz frente a la Casa Blanca”.

Ahora parecen concentrados en el objetivo de lograr, mediante amenazas telefónicas y otros mensajes, que algunos candidatos demócratas cuya reelección se da por segura en las próximas elecciones legislativas, renuncien a presentarse en ellas. Estas elecciones renovarán la totalidad de la Cámara Baja y un tercio del Senado.

“Sabemos dónde vives. Iremos por ti. Estás muerto”, fue la amenaza que formularon al representante demócrata por Michigan, Bart Stupak, para que éste renunciara a su intención de reelegirse en las elecciones intermedias de noviembre, aspiración que tenía asegurada.

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