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jueves. 29.09.2022
VISITA DEL PAPA A FILIPINAS

Tacloban, la ciudad arrasada que ha recibido al Papa Francisco

Por Bernabé Rodes | Tacloban, la ciudad devastada hace catorce meses por el supertifón 'Haiyan', recibió al Papa Francisco.

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Los efectos del tifón 'Haiyan' se siguen apreciando pese a que han pasado 14 meses desde el mismo. (Fotos: Bernabé Rodes)

El 6 de noviembre de 2013, hace un año y dos meses, recaló aquí el mayor tifón que se recuerda

En la region central de Filipinas, las islas Visayas, está la ciudad de Tacloban capital de la Isla de Leyte con 250.000 habitantes, comunicada con la isla vecina, Samar, por el puente de San Juanico, de casi tres kilometros de longitud. A esta zona fue donde llegó Magallanes a principios del siglo XVI y aquí lo mató de un lanzazo el héroe nacional filipino Lapu Lapu.

Tacloban fué capital de Filipinas durante un breve periodo de tiempo, y era una de las ciudades más boyantes del país. Con un índice de pobreza del 8% frente a un 30% de Filipinas, su economía se basaba en el turismo, en el comercio, la agricultura y la pesca.

Pero tenía una debilidad: Imelda Marcos, la esposa del dictador Ferdinand Marcos, era natural de Tacloban, y su nombre de soltera era Imelda Romualdez. El aeropuerto de Tacloban se llama aeropuerto Romualdez. El Mayor de Tacloban es un Romualdez sobrino de Imelda Marcos. Y en el gobierno central, desde la caida del dictador manda la familia Aquino: primero fue Cory Aquino, la esposa del asesinado Benigno Aquino, y en la actualidad, Noynoy Aquino, hijo de aquellos. Esta eventualidad va a ser importante en el destino de los habitantes de Tacloban.

El 6 de noviembre de 2013, hace un año y dos meses, recaló aquí el mayor tifón que se recuerda (y las islas de Samar y Leyte tienen una larga historia de tifones). Se conoció como el supertifón 'Haiyan', o Yolanda aquí en Filipinas. Con vientos superiores a los 250 km por hora arrasó en pocas horas con la fuerza de un sunami, toda la población. Solo algunos edificios quedaron en pié y la mayoría de ellos sin tejado. Hubo miles de muertos y desaparecidos. Aun hoy no se sabe la cifra exacta.

Esta ciudad devastada hace catorce meses, recibió al Papa Francisco en su visita a Filipinas

Esa ciudad devastada hace catorce meses, recibió al Papa Francisco, que en su visita a Filipinas llegó a Tacloban a reunirse con supervivientes, familiares de víctimas y a conocer esta otra realidad tan distinta del Vaticano.

¿Qué se encontró aquí? ¿Cómo fue recibido? Antes de volver a España, he decidido venir tres días a hablar con la gente (conductores de triciclo, taxistas, camareros, vendedoras y cualquier persona con la que me pueda comunicar) hacer un reportaje gráfico y poder conocer la realidad en directo, para contárosla.

Llegué a Tacloban tras un retraso de varias horas en un día lluvioso. Desde el aire no se aprecia la devastación. Acostumbrado a los paisajes de Filipinas con chabolas hechas con cuatro planchas de madera y techo de zinc, nada parece distinto a lo habitual. El aeropuerto lleno de posters relativos a la visita papal. Para ir al hotel, cogí un triciclo, el más popular de los vehiculos de Filipinas: una moto con sidecar cubierto, que te permite hablar con el conductor. ¿De dónde es usted? De España. Ah, es usted 'castila'. Los 'castila' somos los españoles, los castellanos, pese a que la inmensa mayoría de los que vinieron aquí cuando la colonización de Filipinas, eran vascos: Legazpi, Urdaneta y tantos otros.

A los filipinos les han enseñado en la escuela que los 'castilas' son malos, y que vinieron a matar filipinos y a violar filipinas. Y que los americanos son buenos porque liberaron Filipinas del yugo de los 'castilas'. Nadie sabe que uno de los mayores genocidios de la historia fue el que cometieron los americanos aquí, matando a un millon de personas en pocos años, al 15% de la población (cada soldado debía matar 50 filipinos al día sin importar edad, sexo ni condición) bajo el mandato del presidente Mc Kinley tras el tratado de París por el que España vendió a USA Puerto Rico, Cuba y Filipinas, cuando se dio por terminada la guerra de Cuba.

Mal empezamos: soy un 'castila'. Le conté que vivo en Filipinas hace tiempo, que trabajo para una ONG aquí y que cuando Yolanda, estuve recogiendo dinero en España para ayudar a las víctimas. A partir de ahí, mejor. Me contó que las ayudas a la gente habían llegado gracias a las ONG. Que el dinero del gobierno había desaparecido. Le dije que España había sido uno de los países que más dinero habia enviado a través de la AECID (si no el que más). No tenía ni idea. Aquí, el dinero se lo han quedado los que mandan.

En el camino, nos fuimos parando en algunos sitios y me estuvo contando. Estos almacenes son nuevos. Los anteriores, se los llevó Yolanda. Toda esta zona eran casas: ahora no hay nada. De aquella casa voló literalmente todo el tejado hasta estrellarse en aquella otra. En esta calle, ahí a la derecha, apilaban los cadaveres y no se podia pasar por el olor. Y por medio, la pobreza normal en Filipinas. La mayoria de la población, son niños y jóvenes. Apenas se ve gente mayor. Y ¿que venga el Papa? Somos muy afortunados. Que el Papa se haya fijado en nosotros es un gran honor. Estuve llorando de emoción y alegría cuando me enteré de que iba a venir.

Los niños solo buscan dinero. Nuevos esclavos, cuyos amos son los padres

Cenado, estuve hablando con unos filipinos: estaban a mi lado en una mesa corrida, y hablaban buen inglés así que pude entenderme con ellos. Eran de Abuyong a unos 50 km de Tacloban. Allí la destrucción habia sido similar. Pero es una ciudad pequeña y la repercusión de las noticias es mucho menor así que algunos (los de siempre) habían hecho el agosto. De toda la ayuda llegada a Abuyong, habían repartido a cada casa tres kilos de arroz, un cuarto de azucar, leche en polvo, café y unas latas de sardinas (puede suponer unos cuatro o cinco euros como mucho) y alguna ropa usada. Y lo demás, al bolsillo. La gente lo había perdido todo: enseres de casa y cocina, documentos, ropa, todo. La ayuda internacional llegaba en cantidades importantes, pero se quedaba en el camino.

Eso es algo que la gente encuentra normal. No se enfadan. Sonríen incluso diciéndolo. Y si les dices que a esa gente habría que colgarla por aprovecharse de la miseria y la desgracia de los demás, la respuesta es: ¿Y qué le vas a hacer? Vendrán otros y harán lo mismo. Es la resignación cristiana llevada al extremo más diabólico, la sumisión a un orden injusto que, en su opinión, no tiene ninguna posibilidad de cambiar. ¿Y la visita del Papa? Contentísimos de que el Papa nos haya elegido. Estamos inmensamente felices.

A ese restaurante de calle, un barbecue de pinchitos de carne de pollo y cerdo, típicamente filipino, no entran niños de la calle a pedir dinero. Los echarían a patadas. Tanto los camareros como los clientes. Son basura andante. En Colombia, les llaman “los desechables”.

El hotel esta justo al lado de Robinson, uno de los malls filipinos. El equivalente a Alcampo en España. Desayunado en un coffee shop junto al hotel, se acercaron varios niños de la calle pidiendo dinero. Les dije que no pero que les daba mi desayuno de un huevo frito, bacon y tostadas. Renunciaron y se fueron a otra mesa. Un extranjero, sin preguntar, les dio un trozo de pizza. Lo cogieron aparentemente sorprendidos y se fueron; pero ni un mordisco. Solo buscaban dinero. Nuevos esclavos, cuyos amos son los padres.

En muchas zonas, parecía que el supertifón Yolanda hubiera sido ayer

Ya dentro del mall, estuve hablando con una vendedora a la que tuve que comprar algo para tenerla entretenida; ¿que pasó en Robinson cuando Yolanda? Fue como el fin del mundo. La gente entraba a por comida, a por ropa, pero luego, a por cualquier cosa: a por televisores o lavadoras, cuando ni había electricidad ni se la esperaba en bastante tiempo. Robaban de todo. Muebles, cuadros, móviles, lo que encontraban. Era como el día del Juicio Final.

Y me dijo: si quiere conocer Tacloban, vaya al downtown, y suba a la montaña del Via Crucis. No le sera dificil encontrarla porque todo el mundo la conoce. Y allí me fui: en un jeepney de la segunda guerra mundial de los que siguen funcionando por aquí.

Yendo al downtown, me quede sorprendido: en muchas zonas, parecía que el supertifón Yolanda hubiera sido ayer: tejados levantados, árboles arrancados de cuajo, ruinas… Las verjas de la Universidad seguían siendo hierros retorcidos. Otros edificios eran nuevos; ¡Cómo no! Mac Donalds. Estuve haciendo fotos desde el jeepney pero desgraciadamente muchas salieron movidas; necesito cambiar de cámara de fotos.

Y encontré la montaña del Via Crucis. Me habian dicho que desde arriba se podía ver todo Tacloban. Lo que no recordaba es estos días, habían sido declarados festivos en las escuelas y los centros públicos, para preparar la visita del Papa Francisco. Y el monte estaba lleno de niños. ¿Cómo te llamas? ¿de dónde eres? Son algunas de las pocas frases que saben en inglés y que repiten a todo extranjero al que encuentran. Otra es “Give me coins” Dame unas monedas. Ninguno me lo dijo. Bueno, sí, uno de ellos, y los demás rompieron a reír a carcajadas con lo que el chaval no insistió mas.

Me siguieron hasta arriba. Yo llegué axfisiado, pero ellos parecían dispuestos a volver a subir y a volver a bajar las veces que hiciera falta. Y algunos de ellos, no tenían mas de tres años.

Arriba había algunas personas a las que saludé con un “Hello, Good morning”. Evidentemente, era un saludo interesado: intentaba entablar contacto con ellos y que me contaran. Y lo conseguí. Una pareja filipina de mediana edad, se enrolló conmigo y me estuvieron contando. Todo lo que ve de chabolas, no existía despues de que pasara Yolanda. Han sido levantadas de nuevo. Yolanda se lo llevó todo: las personas, las casas, los enseres, todo. Dios nos castigó por algo que hicimos. De nuevo la religión, de nuevo Dios. ¿Y que le parece la visita del Papa Francisco a Tacloban? Viene a reconciliarnos con Dios. A perdonarnos nuestras culpas.

Parecían dispuestos a seguir hablando y les pregunté por las ayudas recibidas y por su distribución.  Tampoco tenían ni idea de que España había enviado una cantidad muy importante. Y de la distribución, me hablaron de la corrupción en Filipinas, de las personas que se habían hecho ricas con sus desgracia. Le saqué el tema de los Aquino y los Romualdez. Bueno, si, algo influye. Si fueran amigos, la llegada y  distribución de ayudas probablemente habría sido más rápida, pero ya sabe, son dos familias enemigas. El presidente Aquino, ni siquiera se molestó en venir.

Bajé del monte de Via Crucis, y pase el día caminando por las calles del downtown de Taclobán, viendo las caras de la gente, (siempre con una sonrisa) fotografiando edificios e imaginando que, solo hace catorce meses, todo aquello estaba lleno de cadáveres. Hoy es una ciudad a la que se le empieza a notar el pulso, pese a que los rastros de Yolanda siguen presentes por todas partes. Y por todas partes, carteles de Bienvenida al Papa Francisco.

Destrucción y más destrucción. Gente viviendo entre ruinas. Casuchas de madera al lado de la playa, junto a árboles caídos, casas destrozadas

Al día siguiente, negocié con un conductor de triciclo para que estuviera conmigo toda la mañana, por una cantidad fija (unos 10 euros) y me llevara a los lugares donde la reconstrucción no había llegado. Y me llevó al infierno. Alli estuvimos dando vueltas, y haciendo fotografías. No tuve estómago de intentar hablar con la gente porque la realidad hablaba por sí misma. Parecía que Yolanda estuviera todavía alli. Destrucción y más destrucción. Gente viviendo entre ruinas. Casuchas de madera al lado de la playa, junto a árboles caídos, casas destrozadas…, incluso algunas casas en ruinas estaban habitadas en condiciones que daba miedo. Podían derrumbarse en cualquier momento.

¿Dónde está la ayuda internacional? ¿A dónde ha ido el dinero? ¿Dónde está la organización para resolver situaciones de cataástrofe? He estado buscando en internet sobre las ayudas recibidas en Filipinas para los damnificados del supertifón Yolanda y la aplicación de estos fondos a proyectos concretos. Muchos de ellos están “en proceso” catorce meses después. Y eso son las cifras oficiales.

¿De qué pasta está hecha esta gente? ¿Cómo no salen a la calle a matar o a morir? Quizá la visita del Papa les haga ser aún más obedientes al poder. O a lo mejor, el mensaje es distinto. En todo caso, Francisco podría quitar de enmedio a toda esa caterva de curas gordos y sebosos, ocupados en el buen comer y el buen beber en las residencias de los poderosos y que cuando un niño de la calle se acerca a ellos, los echan de lado dándoles una patada en el trasero. Quizá se produzca el milagro.


Crónica de Bernabé Rodes | Miembro de la Fundación VIRLANIE

Tacloban, la ciudad arrasada que ha recibido al Papa Francisco