martes 18/1/22

Los sueños de Nassima

Por Mercè Rivas Torres | En el año 2000 Nassima  soñaba con huir de Afganistán escondida en una alfombra de las que fabricaba su padre. Catorce años después sigue luchando.

nasssima

Esta niña de 11 años sólo aspiraba hacer la misma vida que llevaba a cabo su amigo Mohamed: ir a la escuela, poder jugar en la calle, escuchar música, cantar o bailar. Pero eso no era posible. Desde que los talibanes habían tomado el poder las mujeres y las niñas no podían ir solas por la calle, ni estudiar, ni vivir. No existía ningún derecho para ellas.

Su gran sueño era viajar y lanzar cometas por las calles de Kabul (Los Sueños de Nassima. Ed. La Galera), pero se tenía que conformar con vivir entre cuatro paredes y salir sólo a la calle acompañada de su padre.

No podía entender por qué ni las mujeres ni las niñas podían acudir a un hospital cuando estuviesen enfermas, por qué su entrada estaba prohibida.

Por esa razón su abuela Fatuma no había muerto de milagro cuando intentaron ingresarla con un problema de corazón. Recordaba como era feliz en su antigua escuela, aunque se tratase de un edificio destartalado, sin ventanas y con una pizarra que un día sí y otro también se caía al suelo. Quería aprender a leer porque su padre le había dicho que eso era lo más bonito que había en el mundo, que leyendo se puede soñar, se pueden vivir otras vidas, viajar, ser otras personas y eso a Nassima le parecía algo fantástico.

Pero esta niña de Kabul pensaba que “desde que esos hombres barbudos y ojos febriles, llamados talibán, habían llegado al poder, ella había dejado de tener vida”.

Han pasado 14 años y una terrible guerra y pocas cosas han cambiado en Afganistán. Nassima, con 25 años sigue sufriendo todo tipo de discriminaciones. Tras perder el poder los talibanes volvió a la escuela y a pasear con su amigo Mohamed, con el que se acabó casando, pero su vida es una continua lucha. Ahora es una activista de los derechos de las mujeres. Y como tal vivió de cerca en septiembre del año pasado el asesinato de  la mujer policía de mayor rango en el país, la teniente Negar, que se había destacado como protectora de las mujeres que denuncian el uso de la violencia.

El año pasado una representación del Gobierno afgano tuvo que rendir cuentas ante Naciones Unidas de la situación de las mujeres. Intentaron justificar la labor realizada por el gobierno Karzai pero con poco éxito.

El documento hablaba de 167 “incidentes” que afectaban a la educación, de los que el 49% se atribuyeron a grupos armados, incluidas las fuerzas de los talibanes, el 25% a fuerzas progubernamentales y el 26% a autores no identificados.

Diversos grupos armados perpetraron ataques contra escuelas, lo que incluyó la utilización de artefactos explosivos improvisados y el secuestro y la matanza de personal docente, básicamente de las maestras.

Ante estos hechos nos deberíamos preguntar qué ha cambiado en Afganistán en los últimos años. La respuesta es poco, muy poco, a pesar de la dura guerra vivida y de la cantidad de muertos que han caído por el camino.

Los talibanes no tienen el poder pero continúan dominando la calle. Y la pregunta que nos deberíamos hacer  todos es: ¿tanto miedo les dan mujeres que sepan leer y escribir, que tengan formación?

En el único lugar en donde las niñas han visto mejorar algo su capacidad de poder ir a la escuela en dicho país  es en Kabul  pero en las pequeñas poblaciones se las sigue reteniendo en casa.

En Afganistán, la mortalidad materna aumenta. Los hospitales están llenos de mujeres y niñas anémicas y las escuelas secundarias de unos 200 distritos no tienen una sola alumna. Estos no son datos aislados, sino el resultado del mismo problema social: el matrimonio temprano.

En muchas ocasiones son obligadas a casarse con menos de 16 años con hombres mucho mayores que ellas y en otras son “canjeadas” para salvar el honor de la familia o como forma de compensar un delito cometido contra la comunidad  a la que es entregada.

Estos matrimonios forzosos hace que el 82% de las niñas abandone la escuela antes de llegar a sexto grado y lo que es peor, alguna de ellas optan por suicidarse antes de casarse forzadamente.

El gobierno de Afganistán, el tercero más corrupto del mundo, sigue sin llevar ante la justicia a los autores de abusos contra los derechos humanos, sobre todo cuando las víctimas son mujeres.

Existen informes que afirman que 77% de los afganos siente miedo cuando ven que se aproxima el momento de que las fuerzas aliadas salgan del país. Los afganos temen a los talibanes. Las mujeres  saben que son sus verdugos.

Los sueños de Nassima