Los refugiados pagan las consecuencias de la falta de fondos

Con 68,5 millones de personas desplazadas forzosamente a escala global a principios de este año, la financiación por parte de los gobiernos para los refugiados y otras personas en situación de desplazamiento rara vez ha experimentado tanta presión.

Retornados burundeses se reúnen en Higiro Village (norte de Burundi) para esperar la llegada del Alto Comisionado para los Refugiados, Filippo Grandi ©
Retornados burundeses se reúnen en Higiro Village (norte de Burundi) para esperar la llegada del Alto Comisionado para los Refugiados, Filippo Grandi ©

Los fondos para ayudar a las personas desplazadas forzosamente y apátridas son cada vez más reducidos, derivando en que se cubra poco más de la mitad de las necesidades y agravando las dificultades y riesgos para muchos refugiados y desplazados y las comunidades que los acogen. Así lo muestra un informe publicado hoy por el Servicio de Relación con Donantes y Movilización de Recursos de ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados

Con 68,5 millones de personas desplazadas forzosamente a escala global a principios de este año, la financiación por parte de los gobiernos para los refugiados y otras personas en situación de desplazamiento rara vez ha experimentado tanta presión. De acuerdo a las contribuciones recibidas hasta la fecha, ACNUR estima que la financiación alcanzará en 2018 sólo el 55% de los 8.200 millones de dólares necesarios. En 2017 se cifró en el 56,6 por ciento, y en 2016 en el 58%. En definitiva, puede decirse que los fondos provenientes de los donantes caen cada vez más, mientras que el número de desplazados forzosos en todo el mundo aumenta.

Las consecuencias que se desprenden de ello están afectando ya a las personas refugiadas y desplazadas internas. ACNUR está siendo testigo del incremento de los casos de malnutrición, saturación de instalaciones médicas, deterioro de viviendas y refugios, hacinamiento de los niños y niñas en las aulas y descenso de matriculación escolar, al tiempo que aumentan los riesgos para la protección debido a la escasez de personal para atender a los menores no acompañados o víctimas de violencia sexual.

Entre las crisis de refugiados y desplazados, hay seis particularmente afectadas: Burundi, República Democrática del Congo, Afganistán, Sudán del Sur, Siria y Somalia. ACNUR desea manifestar un especial agradecimiento a aquellos donantes que han proporcionado fondos de manera flexible, para que puedan ser destinados allí donde sean más necesarios, un apoyo que ha resultado vital.

Crisis en Burundi

La crisis de los refugiados de Burundi se encuentra en estos momentos en el punto más bajo de financiación de todas las existentes. Sólo se ha recibido un 28% de los 206 millones de dólares que hacen falta, y el impacto sobre las 400.000 personas refugiadas en países vecinos es grave.

La reducción de las raciones de comida ha dejado a muchas familias sin lo suficiente para alimentarse. En algunos lugares, los refugios se hallan en un estado deplorable, los centros de salud tienen dificultades para atender a tantos pacientes, las aulas están saturadas y la capacidad para prestar ayuda a menores no acompañados o víctimas de violencia sexual es muy limitada.

En Tanzania, el 52% de los 232.716 refugiados burundeses viven aún en refugios de emergencia - diseñados para su utilización durante periodos cortos-, incluso años después de haber llegado al país. Ante la ausencia de infraestructuras para dar clase, casi 18.000 niños refugiados dan clase bajo los árboles.

En el campo de Nakivale, en Uganda, miles de familias refugiadas han de usar letrinas comunales saturadas, con el riesgo que ello conlleva de brotes de enfermedades, la falta de privacidad y la mayor exposición a riesgos de protección de mujeres y niños. La educación que se imparte es muy básica, dotada de insuficiente material y en aulas abarrotadas.  

La falta de financiación ha provocado la congelación del programa de asistencia económica en efectivo que se llevaba a cabo para 19.500 familias del campo de Mahama, en Ruanda, afectando severamente su capacidad para cubrir sus necesidades básicas.

Crisis en la República Democrática del Congo

En las zonas de la República Democrática del Congo (RDC) afectadas por el conflicto, así como en aquellos países que acogen a refugiados congoleños, se ha obtenido un 31 por ciento de los 369 millones de dólares necesarios para mantener los programas de ACNUR y de sus socios.

La limitación de fondos está impactando sobre la capacidad de las organizaciones humanitarias para ofrecer medios de subsistencia –especialmente a los jóvenes- , así como al acceso a servicios de salud y educación. En los países de asilo, que acogen a casi 800.000 refugiados, los campos y asentamientos están a plena capacidad pero siguen teniendo que acoger nuevas llegadas.

A menudo es difícil cumplir los estándares mínimos de distribución de comida, salud, nutrición y otros aspectos básicos. 

Asimismo, se requiere financiación urgente en el interior de la RDC para descongestionar los campos para desplazados internos y evitar que se propaguen enfermedades contagiosas.

Situación en Afganistán

Con el conflicto aproximándose a su cuarta década, cerca de 2,4 millones de afganos viven en el vecino Pakistán y en Irán como refugiados, y 1,9 millones están desplazados internamente. Las necesidades de ACNUR para estas tres operaciones de cara a 2018, 304 millones de dólares, están financiadas al 32%.

Dentro de Afganistán, la falta de fondos está afectando a proyectos de ACNUR en 60 ubicaciones, destinados a ayudar a 132.700 familias con labores de construcción y rehabilitación mediante remuneración a cambio de trabajo, suministro de sistemas de iluminación para hogares a través de paneles solares, apoyo a micro negocios y establecimiento de espacios seguros para jóvenes y mujeres.

En Pakistán, que alberga a unos 1,4 millones de refugiados afganos, la carencia de fondos está afectando a la educación primaria para 57.000 niños refugiados y a los servicios básicos de salud en 54 pueblos. La falta de acceso a servicios sociales, como la salud y la educación, y la reducción de las oportunidades formativas para generar medios de autosustento pueden forzar a los refugiados a tener que desplazarse a otro lugar.

En Irán, debido a la falta de fondos son menos los refugiados en situación vulnerable que se benefician de primas bonificadas para el sistema de salud nacional; al tiempo que aquellos en peor situación no podrán matricularse en las escuelas. Un menor apoyo al sistema de salud básico reduce también la disponibilidad de servicios en ubicaciones remotas, mientras que la menor inversión en educación limita el número de niños y niñas afganos que pueden acceder al sistema educativo.

Crisis en Sudán del Sur

El conflicto imperante en el país más joven del mundo ha forzado a 2,4 millones de personas a convertirse en refugiados, y a otros dos millones en desplazados internos. De los 783 millones de dólares necesarios, se ha recibido el 33%.

Sin fondos suficientes, el suministro de comida a los refugiados sufre frecuentes interrupciones. En los países de asilo se reportan altas tasas de malnutrición global aguda y malnutrición severa aguda, agravando los retos en materia de protección que ya afrontaban los refugiados sursudaneses antes de su huida, en particular mujeres, jóvenes y niños.

Únicamente en Kenia y Uganda se han podido distribuirse raciones completas de comida, así como a tres cuartas partes de los refugiados en la República Centroafricana. Sólo el 7% de los refugiados sursudaneses viven en alguna clase de refugio con carácter semi permanente.

En Sudán, cerca de 80.000 personas carecen aún de acceso a letrinas en los diez campos que hay en el país. En algunos casos hay una letrina comunitaria para más de 70 personas. Además, unos 57.000 refugiados que viven en asentamientos informales en Jartum no reciben ningún tipo de ayuda.

En Uganda, la limitación de recursos provoca que no haya suficiente personal para garantizar la calidad de los servicios de protección de menores y un adecuado seguimiento de aquellos que están en acogida. El 63% de los refugiados son menores, y solo hay un trabajador dedicado a ellos por cada 150 niños. Asimismo, la provisión de agua a los refugiados se halla también por debajo de lo que sería necesario. 

Crisis de Siria

El déficit de fondos afecta aproximadamente a unos 5,6 millones de refugiados sirios en los países de la región y a 6,2 millones de personas desplazadas dentro del país. De los 1.968 millones de dólares que necesita ACNUR para la situación en Siria, se ha recibido sólo el 35%.

ACNUR trabaja junto a diversas organizaciones para ofrecer protección y ayuda frente al invierno a 1,3 millones de refugiados sirios y a 1,35 millones de desplazados internos y retornados en Siria. La asistencia en efectivo para hacer frente al invierno es especialmente importante en el Líbano y Jordania, y resulta una forma eficiente y vital de ayudar a los refugiados durante la estación fría.

Sin más fondos, la asistencia económica llegará a su fin en noviembre, lo que puede tener un impacto devastador sobre las familias refugiadas en el Líbano y en Jordania, donde la mayoría vive bajo el umbral de la pobreza. Medio millón de refugiados están muy necesitados de financiación para poder pagar el alquiler, cubrir sus necesidades diarias y mantener el acceso a los servicios básicos.

El alza de los precios de la atención médica incrementa el riesgo de que las familias refugiadas no puedan acceder siquiera a servicios de salud básicos, como las vacunas para niños. Hacen falta recursos para ayudar a 35.000 refugiados sirios en la región que se encuentran en situación vulnerable, especialmente en Jordania y el Líbano.

Situación en Somalia

Más de un millón de somalíes refugiados están acogidos en seis países, y otros dos millones están desplazados de manera interna. Hasta el momento se ha cubierto el 37% de los 522 millones de dólares necesarios.

Tras décadas de conflicto, los somalíes han hecho algún progreso, pero la situación sigue siendo frágil y continúa requiriendo apoyo. El fracaso a la hora de ayudar a refugiados y comunidades de acogida podría deteriorar las condiciones humanitarias, la percepción de falta de apoyo suficiente a las comunidades de acogida, y precipitar los retornos antes de que el gobierno de Somalia esté listo para recibirlos e integrarlos.

Puede acceder a más información sobre las crisis que han recibido menos fondos en este documento.