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lunes. 27.06.2022

Tiene una extensión de 1.240.000 km2. Limita al norte con Argelia, al este con Níger, al sur con Burkina Fasso y Costa de Marfil y al suroeste con Guinea Conakry.

Malí parece apoyarse sobre el macizo de Futa Yalón. Todo el sur del país es una zona de mesetas de origen paleozoico, con algunos afloramientos del zócalo precámbrico, recibiendo toda esta zona el nombre de mesetas de Mandingas, separadas por una serie de unidades unidas entre los ríos. Las mesetas de Kaarta y Tambaura al oeste, la de Kouloub al este, dominando el territorio donde se asienta la capital Bamako.

Por la margen izquierda encontramos la meseta de Skasso. La altura de estas mesetas ronda entre los 200-800 metros. El punto más alto del país es el monte Hombori Tondo con 1.155 m.

Los territorios del norte y centro del país tienen unos terrenos jóvenes. El conjunto de esta parte del país es una gran llanura arenosa, con mesetas bajas, que suben de altitud en el norte, presentando un paisaje sahariano. Por estos territorios discurre el río Níger, que es vital para la vida de Malí. Grandes tramos del recorrido de este río apenas presentan pendientes lo que provoca amplias zonas pantanosas. Además nos encontramos uadis, que son arroyos de cortos recorridos, sin que se distingan bien sus orillas y con un caudal de agua muy escaso.

El clima de Malí varía según la latitud del territorio. En la zona subsahariana nos encontramos temperaturas con una gran oscilación térmica, entre 30º y 60º, con escasas lluvias que presentan una gran irregularidad y donde soplan aires muy secos.

Cuanto más nos vamos hacia el sur del país, los caracteres climáticos se hacen más tropicales, disminuyendo mucho la oscilación térmica y nos encontramos con una mayor regularidad de los días de lluvia, aumentando la cantidad de precipitaciones.

Lo mismo que sucede con el clima de Malí se da en la vegetación. En el norte nos encontramos con un paisaje subsahariano, completamente desnudo de vegetación, para pasar a la zona de Adrar des Iforas donde podemos ver bandas vegetales pegadas a los ríos. En el extremo más meridional nos encontramos con un bosque más o menos denso.


Graneros de la falla de Bandiagara

En su hidrografía destacan dos ríos, el Níger y el Senegal, los dos son muy importantes para la vida y el paisaje de Malí. Suponen para Malí una gran reserva de agua, lo que permite una vida muy activa en sus orillas y son utilizados como medios de comunicación de personas y mercancías. Estos dos ríos permiten en sus orillas desarrollar una importante agricultura.

La parte superior del río Senegal recorre el país y en consecuencia presenta zonas de rápidos y cascadas. Actualmente se está construyendo el embalse de Gouina que permitirá regularizar su navegación y sobre todo generará mucha energía eléctrica. A cambio creará otros problemas medioambientales, de consecuencias imprevisibles, para la vidas de los pobladores de la zona.

El río Níger recibe las aportaciones de las abundantes lluvias de la zona meridional de Sudán. En la región de Tombuctú el río Níger constituye una región de lagos y zonas pantanosas lo que origina que no se distinga bien su cauce. Es un río, que sufre grandes estiajes debido a la época de lluvias en la cabecera del río.

Malí debe hacer frente a graves problemas medioambientales como la desertificación. La deforestación. La erosión del suelo y el agua contaminada.

Malí tiene una población de doce millones de habitantes. El grupo más numeroso es el mandinga que abarca a los bambara, a los malinqué que son los fundadores de Malí, los diula ocupan la zona donde está la capital Bamako y el alto Níger. Los peul que se asientan en las zonas pantanosas del Macina. Encontramos también a los songay que son negros pero mezclados con bereberes y árabes. Los mandes que se dedican al tráfico comercial y su lengua es la que se usa en las transacciones. En el norte del país encontramos los naures, los tuaregs, blancos, caucásicos, los iforas de Adrar que son una tribu morabitica.


Gran mezquita de Djene

Malí tiene una densidad de población muy escasa, rondando los once habitantes por km2. Pero esta tiene grandes oscilaciones, con zonas con apenas población como es en la zona norte del país y mucha en las riberas de los ríos. Su población es muy joven con más del 60% menores de 16 años y con altas tasas de natalidad.

Cerca del 93% de la población femenina se les ha practicado alguna forma de ablación genital y no hay grandes diferencias en esta práctica en el mundo rural del urbano, así como tampoco la existe entre etnias y religiones y como vemos es una práctica muy generalizada

El 90 % de su población son de religión musulmana, mayoritariamente suníes, otro 5% son cristianos, de los cuales dos tercios son católicos y el otro tercio son protestantes. El resto corresponde a religiones de tipo animista.

Malí tiene una constitución que se aprobó en 1992, siendo revisada posteriormente en 1999. En ella hay una división de poderes entre el ejecutivo, legislativo y judicial. Es un régimen semi presidencial.

El presidente es elegido por periodos de cinco años y solo puede serlo en dos ocasiones. El presidente del gobierno lo nombra al primer ministro. La Asamblea es unicameral integrada por 160 miembros con un mandato por cinco años. La constitución consagra la independencia judicial pero esta se ve disminuida, puesto que los jueces son nombrados por el poder ejecutivo.

LA ECONOMÍA EN MALÍ

La agricultura ha sido siempre extensiva, pero desde hace treinta años se ha cambiado y se han plantado nuevos productos, destacando el mijo que es la base tradicional de la alimentación del pueblo. También destacan el cultivo del sorgo y del arroz sobre todo en las zonas pantanosas del Níger. El algodón y el cacahuete son la base de las exportaciones. El trigo. que fue una producción introducida por los bereberes, es un producto de lujos y se cultiva en lugares muy limitados.

Actualmente se están produciendo ventas de tierras por aprte del Gobierno a países y multinacionales en las orillas tanto del río Senegal como del Níger, para la producción de alimentos para esos países.

La ganadería tiene una gran importancia económica con más de cinco millones de cabezas de ganado bovino, siendo también de resaltar la ganadería ovina. Juegan un papel destacado también los camellos.


Los grandes problemas del agua en Malí

Las zonas forestales son importantes en el país para la exportación de madera y de goma arábiga. También cabe destacar la pesca en los dos ríos, como fuente de trabajo y de alimentación de la población.

La sal ha sido un producto de exportación tradicional del país, ésta es transportada en losas a Tombuctú, desde donde se distribuye a los diversos mercados. Cabe también hablar de la exportación de oro y bauxita. El oro se extrae en la zona sur del país, y es el tercer país productor de oro de África tras de Sudáfrica y Ghana

Su falta de salida al mar hace que sus productos pierdan valor, así como que los de importación resulten muy caros. Malí siempre ha sido lugar de comercio y de intercambio de migraciones y casi todas sus ciudades tienen mercados típicos.

Malí es uno de los países más pobres del mundo con una renta per cápita de unos 1.500 dólares por año. Alrededor de la mitad de su población vive bajo el umbral de la pobreza internacional, establecida en 1,5 dólares por día. El 80% de sus trabajadores se dedican al trabajo agrícola y un 15% lo hacen en el sector servicios.

En el año 1998, se pública un informe donde se denuncia el tráfico de miles de niños de Malí, en su mayoría varones, destinados al trabajo en plantaciones de café, algodón o como servicio doméstico en condiciones abusivas en Costa de Marfil.

LA HISTORIA DE MALÍ

En Malí se encontraron restos de piedras pintadas y talladas antes del año 5.000 a.C. También se encontró un esqueleto de esa época en la zona de Tombuctú.

Desde el siglo III existen caravanas de comerciantes, que atravesaban el desierto del Sahara con destino a Marruecos y Argelia y transportaban marfil, oro y esclavos destinados a trabajar en la extracción de la sal.

De los siglos IV al XI, estas rutas fueron controladas por el imperio de Ghana (soninque), que estaba localizado entre los ríos Senegal y Níger. De esta cultura destacan las estatuas de terra cotta en la ciudad de Djenné. A finales del siglo XI, los almorávides que eran una especie de monjes islámicos guerreros y de la dinastía bereber acabaron con el imperio soninque.


Las guerras en Malí

La hegemonía almorávide fue dominada durante el siglo XII por el imperio de Malí, que eran los malinque una etnia negra africana. Desde el centro y norte del río Níger, los malinques dominaron las rutas del desierto. Estos, a mitad del siglo XIII dominaban Senegal, Gambia, Guinea Bissau, parte de Guinea Conakry, la mitad de Mauritania, el sur de Argelia y la actual Malí, como vemos era un imperio muy extenso y poderoso.

A mediados del siglo XV el imperio dominado por los malinques empezó a perder fuerza, debido al ascenso del imperio Songhai que también era de etnia negra. Tuvo gran fuerza en la zona dominada por la actual Tombuctú y la zona de Gao, logrando controlar todo el territorio de Malí durante dos siglos. Durante este imperio florecieron las ciudades de Tombuctú y Djenné, como grandes centros comerciales y académicos dedicados al estudio del Islam.

A finales del siglo XVI, Ahmad al-Mansur procedente de Marruecos dominó el imperio Songhai, imponiendo su autoridad durante otros dos siglos. Fue en este espacio de tiempo donde se asentaron la mayoría de los grupos de bereberes y tuaregs que viven actualmente en el país.

A partir de 1737, los tuaregs lograron imponer su dominio en la zona del río Níger. A partir de mediados del siglo XIX el reino de los fulani de etnia negra, que procedían de la zona de Senegal y de Cote d’Ivore practicaban el islamismo desde hacia poco, expulsaron a los marroquíes y tuaregs. Los fulani eran pastores nómadas.

A partir del siglo XIX asistimos al inicio de la penetración colonial francesa desde la zona del Senegal, al mismo tiempo que se producían guerras entre los distintos grupos islámicos, desde que se implanta un estado teocrático por parte de la dinastía fulani de Macina.

Las fuerzas militares francesas levantaron su primera defensa militar en Malí en el año 1855. Se fueron extendiendo combinando incursiones militares junto a alianzas con grupos locales, hasta lograr el dominio de lo que se denominaría el Sudán francés que se corresponde a Malí, Burkina Fasso, Benin y Senegal.

Tras la Segunda Guerra Mundial se produce un fuerte sentimiento anticolonial que se ve plasmado con la Agrupación Democrática Africana, fundada en la conferencia de Bamako, en 1945, bajo el liderazgo de Modibo Keita.

Desde su independencia pasa por diversos periodos políticos basados en una gran inestabilidad. Se hacen experiencias socializantes hasta practicas neoliberales todas ellas llevan al país a unas situaciones de colapso financiero y político.

En el año 1988, la deuda externa de Malí representaba el 125% de su PIB y el 25% de sus presupuestos estaban destinados a pagar la deuda externa. Interviene el FMI imponiendo un programa de puro neoliberalismo, donde se privatizó a la banca, se le hace disminuir la administración del Estado y se le obliga a la venta de empresas estatales.

Esta intervención del FMI no mejoró la situación de la población y la inestabilidad económica conllevó una inestabilidad política con continuos golpes militares. A partir del año 1992, los tuaregs fueron objeto de una gran persecución política, que provocó el éxodo de más de 120.000 tuaregs dispersándose por Argelia, Mauritania, Burkina Fasso y Níger. Amnistía Internacional había denunciado la ejecución y encarcelamiento de miles de tuaregs sin juicio alguno.

Actualmente asistimos a una guerra entre los tuaregs que están ocupando el norte y la zona centro de Malí y el gobierno de Bamako que se encuentra incapaz de hacerles frente. Vamos a asistir en los próximos días a una intervención liderada por Francia y Estados Unidos para restituir el poder del gobierno de Bamako y la expulsión de los tuaregs a los que se acusan de pertenecer Al Queda, enmarcando esta intervención en la lucha de las potencias occidentales contra el extremismo islámico. En el fondo de la cuestión, se trata del dominio de la zona y el control de sus riquezas y así poder hacer frente al mayor poderío que China está adquiriendo en el continente africano.

Deseo al sufrido pueblo de Malí, que logre la paz y obtenga niveles de independencia política y económica tan necesarios para su desarrollo, impidiendo que las grandes potencias se aprovechen de su debilidad.

Malí, un país asombroso
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