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domingo 22/5/22
EL 6 DE AGOSTO DE 1945, EL PRIMER BOMBARDEO NUCLEAR DE EEUU

Greenpeace pide el desarme y la no proliferación nuclear, con motivo del 66 aniversario del bombardeo sobre Hiroshima

La ciudad de Hiroshima conmemora el 66º aniversario de su día más negro a la sombra de otra tragedia, la de Fukushima, que ha reforzado las advertencias de aquellos que sobrevivieron al espanto de la bomba atómica y a "la amenaza invisible de la radiactividad".

Las bombas lanzadas por EEUU contra Hiroshima y Nagasaki causaron la muerte de más de 240.000 personas.

"Estas escenas las conozco bien", pensó el 11 de marzo Keiko Ogura cuando vio por televisión los efectos del devastador tsunami en el noreste de Japón, con "explanadas en las que no quedaba nada, solo unos pocos edificios en pie", explica en una entrevista la mujer de 74 años.

Las imágenes eran muy parecidas a las que ella vivió con 8 años, cuando el B-29 estadounidense Enola Gay lanzó sobre Hiroshima el primer ataque nuclear de la historia.

La bomba 'Little boy', que cayó a 2,4 kilómetros de la casa de Ogura, acabó con la vida de unas 120.000 personas de forma instantánea y de muchas más por las secuelas.

"Aquel día mi padre nos dijo que no fuéramos al colegio porque tenía una sensación extraña. Yo estaba al lado de la casa cuando vi un fogonazo blanco que me envolvió. Caí al suelo y perdí la consciencia; cuando abrí los ojos todo estaba muy oscuro y oía llorar a mi hermano pequeño", relata.

Al principio no se explicaban por qué un vecindario como el suyo había sido objetivo militar. "Más tarde comprendimos que nosotros no éramos el objetivo, sino toda la ciudad", dice desde el Museo de la Paz de Hiroshima, con el discurso de quien está habituado a repetir su historia.

A diferencia de ella, no todos los supervivientes están dispuestos a contar sus experiencias: "Hubo muchos años en los que pareció que en Hiroshima y en todo el país había alergia a hablar de la radiactividad", asegura esta 'hibakusha', como se conoce en Japón a las víctimas de la bomba atómica.

Los afectados sufrieron durante largo tiempo "la discriminación de los que no conocían la realidad", recuerda, en una época en la que se llegó a pensar que los afectados por radiactividad padecían un mal contagioso.

Ahora, 66 años después, las cosas han cambiado y Ogura insiste en que, pese al carácter retraído de la sociedad japonesa, es positivo que las víctimas de la radiactividad, también en Fukushima, hablen de ello para mantener viva la advertencia del peligro nuclear.

Las noticias sobre lo ocurrido en la central de Fukushima Daiichi, donde unas 80.000 personas tuvieron que ser evacuadas en un radio de 30 kilómetros por la radiactividad, le llegaron como 'un shock', señala.

Ogura afirma que durante décadas en Japón no hubo información sobre el riesgo de las centrales nucleares y que fueron visitantes extranjeros los que le detallaron a ella por primera vez los peligros que entrañaba la energía atómica.

En 1985 publicó su "Manual de Hiroshima", un libro en el que explicaba, entre otras cosas, las consecuencias de la radiactividad y profundizaba en la energía nuclear, sin pensar que las explicaciones sobre los efectos del plutonio o el yodo pudieran volver a las portadas de Japón "tan pocos años después".

El libro de Ogura es uno de los muchos sobre cuestiones nucleares en la biblioteca del Museo de la Paz de Hiroshima, abarrotado casi siempre de visitantes y que hace un escalofriante recorrido por lo sucedido el 6 de agosto de 1945 y sus duraderas consecuencias.

Frente al museo se encuentra el Parque Memorial de la Paz, centro de la ceremonia que mañana recordará ante representantes de unos 70 países a las víctimas del ataque nuclear, con la crisis de Fukushima y el reavivado debate sobre la energía atómica como telón de fondo.

Ante el 'Genbaku Domu' ('Cúpula de la bomba atómica'), el esqueleto de la antigua Cámara de Promoción Industrial que se levanta como símbolo de la devastación, se han congregado varios grupos con pancartas de homenaje a las víctimas y, algunos, con mensajes contra la energía nuclear.

Por allí pasaron desde miembros de la Asociación de Ciclistas por la Paz hasta estudiantes, turistas o incluso un grupo de monjes budistas que, bajo un sol de justicia, recitó sus oraciones ante un pequeño altar y dos grandes pancartas de 'no a la guerra' y 'no más plantas nucleares'.

El alcalde de Hiroshima, Kazumi Matsui, ya ha anunciado que durante el acto de mañana, en su tradicional declaración de la paz, hará además un llamamiento para que el Gobierno de Japón revise su política energética.

NAGASAKI

Tres días después, otra bomba fue arrojada sobre la ciudad de Nagasaki, causando también la destrucción de la ciudad y la muerte de alrededor de 100.000 personas, según recuerda la organización.

"Como consecuencia de las detonaciones una enorme bola de fuego envolvió la ciudad y provocó enormes temperaturas. Algunos edificios se derritieron, muchas personas se volatilizaron, dejando sus sombras pegadas sobre calles o murieron por el extremo calor. Otros lo hicieron a corto plazo, como consecuencia de la radiación, diarreas, hematomas o disminución de glóbulos blancos en la sangre, entre otras cosas", relata Greenpeace.

En este sentido, Greenpeace denuncia que en la actualidad continúan existiendo más de 20.000 cabezas nucleares, de las que unas 4.800 son consideradas operativas. También señala que cerca de 2.000, en Rusia y EE.UU., se encuentran en máxima alerta y podrían utilizarse en un plazo "muy breve".

Con motivo de este aniversario, la organización quiere recordar la importancia de recordar el peligro que supone el armamento nuclear para la supervivencia del planeta y señala que, 66 años más tarde, Japón afronta una emergencia similar, derivada de la energía nuclear de uso civil, tras el accidente ocurrido en la central nuclear de Fukushima.

La responsable de Conflictos y Medio Ambiente de  la organización, Mabel González Bustelo, ha explicado que esta celebración debe servir para "recordar los terribles efectos del armamento nuclear y animar a los responsables políticos a avanzar hacia el desarme y la no proliferación".

Además, el alcalde de Nagasaki ha anunciado que centrará su declaración anual por la paz del 9 de agosto en la reclamación del fin de la energía nuclear y la apuesta por fuentes de energía renovables y seguras, algo que, tradicionalmente, ha tratado acerca de la abolición de las armas nucleares.

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