jueves. 23.05.2024

La política italiana: cuando los pirómanos se visten de bomberos

AGNESE MARRA
La agresión propinada sobre Silvio Berlusconi ha golpeado a toda la sociedad italiana. La violencia continúa en el escenario político, y la prensa y los jueces son dos de las víctimas de difamación de la derecha. En el momento menos oportuno y con mayor ofuscación emergen dos Italias irreconciliables. Y el ministro de Interior, Roberto Maroni, recorta libertades.
> Berlusconi, "mal" por el clima de violencia
NUEVATRIBUNA.ES 15.12.2009

La miniatura del Duomo lanzada sobre Silvio Berlusconi ha desatado una ‘guerra civil’ que asomaba con timidez sobre el país trasalpino. La agresión ha sido la gota que ha colmado el vaso del premier, y también ha sido la señal de alarma que ha hecho ver a los italianos la decadencia que desde hace tiempo caracteriza a su política.

Partiendo de la repulsa sin paliativos que supone un acto violento de esta índole, es inevitable analizar las graves consecuencias que ha generado sobre la sociedad italiana. En unas horas han emergido con más fuerza que nunca dos ‘Italias’ antagónicas, que todavía no perciben que no es el momento más oportuno para hacer balance de los últimos años bersluconianos.

‘Odio’ ha sido la palabra más repetida por los medios de comunicación. El líder del partido de izquierda, Italia dei Valori (IDV), Antonio di Pietro, fue el primero en pronunciarla en plena Cámara de los Diputados y al poco de conocer la noticia. “Las políticas de Berlusconi han suscitado mucho odio. Desde nuestro partido no predicamos el odio al premier, pero sólo porque amamos a nuestro país”. A lo que Di Pietro añadió que no iría al hospital a visitar al agredido porque “sería una actitud hipócrita”. La presidenta del Partido Democrático (PD), Rosy Bindy, después de manifestar su condena a la agresión, recordó que el primer ministro contribuyó "a aumentar la tensión con sus violentos ataques a las instituciones".

Estas críticas, poco después de que el premier fuera ingresado, fue la llama que prendió el fuego de la derecha italiana (que se prende con relativa facilidad), quienes desde el domingo sólo buscan culpables ante la agresión de un enfermo mental. Los primeros en ser sentenciados han sido la prensa y los jueces.

El ministro de Interior, Roberto Maroni, rápidamente acusó a La Repubblica (diario de izquierda muy crítico con el primer ministro) de instigar “conductas violentas” y de promover el “terrorismo” contra Berlusconi. Maroni no se olvidó de los jueces, a los que acusó de “haber puesto cientos de obstáculos al premier creando desconfianza y odio entre los italianos”.

La única voz templada y sabia que se ha escuchado en las últimas horas ha sido la del Jefe de Estado, Giorgio Napolitano, que ha llamado a los italianos a la calma y ha pedido rebajar las tensiones: “Hay que detener la peligrosa exasperación, y se necesita mesura para los políticos y los jueces. Tenemos que evitar que Italia caiga en una espiral de violencia”. El líder del PD, Pier Luigi Bersani, también ha hecho una advertencia digna de anotar: “Hay que tener cuidado con los políticos que son pirómanos y se visten de bomberos. No es el momento de buscar culpables”.

EL FACEBOOK ALTERA A LA POLÍTICA ITALIANA

La “espiral de violencia” a la que se refiere Napolitano, no sólo se juega en el escenario político. La agresividad y la rabia han tomado un papel importante en redes sociales como Facebook. Pocas horas después de la agresión ya se habían creado grupos bajo nombres como 13 de diciembre, fiesta nacional, o Massimo Tartaglia, santo ya que sumaban más de 60.000 socios. Un poco más tarde se creaban otros cientos que manifestaban solidaridad con Berlusconi, y otros muchos que predicaban la violencia contra el líder de izquierda, Antonio di Pietro, con títulos como: Asesinar a Di Pietro.

Ante el incontrolable mundo de Facebook, el ministro de Interior, Maroni, ha mostrado mano dura y ha anunciado la creación de nuevas leyes que permitan cerrar los sitios de Internet “que promueven la violencia contra los políticos”. Por el momento ya ha cerrado una de las páginas en las que se apoyaba al agresor Máximo Tartaglia.

Pero el escándalo de Facebook no viene sólo por las arengas que se pueden leer e la red Cientos de internautas italianos y extranjeros han denunciado la manipulación de sus nombres en los grupos de apoyo a Berlusconi. Ciudadanos que se habían asociado a grupos como Solidaridad con el terremoto de los Abruzzos han encontrado sus nombres en las páginas de apoyo al premier italiano, sin tener la intención de que su firma estuviera allí. Ante este escándalo Maroni no sabe, no contesta.

La miniatura del Duomo ha abierto una caja de pandora con mucho odio acumulado. Sin embargo los medios no pueden permitirse repetir este término aleatoriamente porque podemos caer en esa máxima en la que la repetición termina por convencer. La agresión de Berlusconi no le convierte en culpable de todas las tensiones políticas, pero tampoco le hace mártir. Y mucho menos, se debe dejar de ser crítico con su política por haber sido agredido. Pero el marco en el que se dicen y hacen las cosas tiene un valor importante, y como ya dijo Bersani: “No es el momento de buscar culpables”. Dejemos a los pirómanos a un lado.


La política italiana: cuando los pirómanos se visten de bomberos