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miércoles. 10.08.2022
CRÓNICAS DE AMÉRICA LATINA | JAVIER M. GONZÁLEZ

El movimiento obrero argentino se atomiza por la fractura de la CGT

La central obrera se divide por la ruptura de su secretario general con el gobierno.
Hugo Moyano y Cristina Fernández.

La CGT (Confederación General del Trabajo), debería celebrar su nuevo congreso este jueves, 12 de julio. Pero solo acudirán al mismo los sindicatos fieles a Hugo Moyano, el hasta ahora secretario general, que ha roto con el gobierno de Cristina Fernández y ha provocado un cisma sindical. El ministerio de Trabajo desautorizó la convocatoria del congreso alegando que no es legal por haberse hecho sin el quórum correspondiente. Moyano, no obstante, decidió seguir adelante con el cronograma previsto, con lo que a partir de ahora habrá dos CGTs.

De hecho habrá cinco diferentes referentes sindicales: además de las dos ramas de la CGT, existe la CTA (Central de Trabajadores Argentinos), también divida en dos, una oficialista y otra opositora, y otra CGT llamada Azul y Blanca, que hace tiempo funciona bajo el liderazgo del jefe del gremio de los gastronómicos.

Esta situación no es nueva, aunque sí lo es tal grado de atomización. La CGT, que siempre fue la columna vertebral del peronismo, ya estuvo divida en el pasado, dependiente siempre del grado de enfrentamiento o colaboración con los gobiernos de turno. En 1968, con Perón en el exilio y proscripto, se produjo la primera gran fractura. Es entonces cuando surge la CGT de los Argentinos, con el histórico y combativo dirigente Raymundo Ongaro –tras el golpe del ´76 viviría exiliado en España- frente a la conducción de Vandor, símbolo del sindicalista burócrata que se acomodaba con los gobiernos de turno.

Al final de la última dictadura también estuvo dividida, así como durante el gobierno de Carlos Menem. La unidad volvería con el gobierno de Néstor Kirchner (2003-2007) y se mantuvo hasta ahora, gracias al pacto de los Kirchner con Hugo Moyano, roto en las últimas semanas.

La percepción en la Casa Rosada de que Moyano se pasó al enemigo sentenció su suerte. Pero aunque a partir de ahora encabece una CGT disminuida, seguirá teniendo un alto poder, que no es despreciable. En tanto que líder también del sindicato de camioneros, puede ejercer una presión que paralizaría al país de un día para otro, como quedó demostrado recientemente cuando bloqueó el transporte de combustible.

La CGT oficialista estará encabezada por el dirigente metalúrgico Antonio Caló, apoyado por poderosos gremios industriales, entre ellos los de la construcción, los mecánicos y los textiles. Moyano, por su parte, cuenta con el apoyo sobre todo de sindicatos de servicios.

Una cuestión básica que aún está por resolverse, pero de alto contenido simbólico, es quién se quedará con el edificio histórica de la CGT, en el Paseo Colón, el mismo en el que estuvo Evita entre la fecha de su muerte y el golpe militar del ´55. Previsiblemente se quedará el hombre que lo ocupó hasta ahora, es decir, Hugo Moyano. Y habrá que decidir cómo pasan a denominarse a partir de ahora los dos grupos, más allá de que ambos reivindiquen ser la legítima CGT

La primera elección del gobierno para sustituir a Moyano había sido Gerardo Martínez, líder de la UOCRA (Unión de Obreros de la Construcción), pero sus acciones se devaluaron ante la denuncia de que al final de la dictadura había formado parte del Batallón 601, es decir, de los servicios de inteligencia del Ejército. Aunque su nombre apareció en un listado oficial, fue apoyado por el gobierno, incluyendo el secretario de Derechos Humanos, el recientemente fallecido Eduardo Luis Duhalde. Martínez está ahora en Ginebra, encabezando la delegación argentina ante la OIT y niega tener nada que ver con las acusaciones en su contra.

Con una situación de crisis, sintiendo los coletazos que llegan de Europa y con crecientes dificultades internas, es previsible que este panorama sindical provoque una conflictividad creciente. Según datos oficiales, en los últimos seis meses se destruyeron 328.000 puestos de trabajo. Y la situación puede complicarse aún más si el gobierno no logra salir de la confusión en la que se ha embarcado con la prohibición de comprar dólares –ahora mismo solo es posible conseguir autorización para viajes- y las trabas al comercio que están provocando situaciones perjudiciales para el propio país.

El cepo al dólar, por ejemplo, afectó de manera frontal a la construcción, un sector que en las últimas décadas trabajaba en base al dólar. Las inmobiliarias calculan que su negocio se ha reducido en un 70%, tomando como referencia los datos inmediatamente anteriores a las disposiciones sobre la divisa norteamericana. La construcción era hasta ahora un 12,5 % del PIB.

Hay un parón también en la industria. En el sector automotriz hubo una caída del 34,4 % en junio. Y hay otros sectores que se ven perjudicados porque dependen de la importación de insumos que, al no poder entrar, están paralizando líneas de producción industrial.

Pero donde más se está sintiendo la crisis es en las economías regionales. Hace unos días, el principal productor de aceitunas estuvo a punto de cerrar por las represalias de los brasileños a las trabas impuestas por los argentinos. Solo una intervención del gobierno, después de que el caso saltase a los medios, logró enmendar la situación.

En definitiva, un complicado panorama social y sindical como telón de fondo a esta división de los sindicatos argentinos. Y una historia que recién comienza, con parte del sindicalismo peronista en conflicto con un gobierno del mismo signo. Y con un enfrentamiento personal y político entre Hugo Moyano y la presidente Cristina Fernández, que se disputan algo más que un puesto sindical.

El movimiento obrero argentino se atomiza por la fractura de la CGT
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