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jueves. 01.12.2022

El dilema colombiano: elegir entre un uribista por convicción y un uribista por conveniencia

La definición de los dos candidatos principales que concurren a las elecciones es de un articulista del diario mexicano "La Crónica de Hoy" y resume perfectamente lo que supondrá para el país la victoria de uno u otro. Ninguno de los dos se ha atrevido a romper drásticamente con el legado de Álvaro Uribe, que hubiera ganado por goleada si hubiera podido presentarse.
NUEVATRIBUNA.ES - 28.5.2010

En Colombia, la suerte electoral está echada. Todo indica que los dos principales candidatos a las elecciones presidenciales del próximo domingo llegan empatados a las urnas y que sólo obtendrán el pase a la segunda vuelta que se celebrará el próximo 20 de junio. Según las encuestas, el candidato oficialista del partido de la U, Juan Manuel Santos, cuenta con el 34 por ciento de intención de voto y Antanas Mockus, el carismático ex alcalde de Bogotá del Partido Verde, con el 32 por ciento. Ninguno de los dos alcanza, por lo tanto, el 50% que según la legislación sería necesario para salir elegido en la primera vuelta.

A dos días de las votaciones, observadores y comentaristas hacen balance de una campaña que ha estado marcada en todo momento por la sombra del actual presidente, Álvaro Uribe, que tuvo que resignarse a aceptar una sentencia que le impedía postularse para un tercer mandato a pesar de que todas las encuestas le daban como seguro vencedor. Quizá ese haya sido el motivo de que su 'delfín' Santos haya incurrido en el mismo error que en su día dio al traste con las expectativas del candidato republicano en las elecciones de EEUU, John McCain: no deshacerse a tiempo de la pesada herencia de su predecesor, George Bush. Así lo destaca este viernes Fran Ruiz en "La Crónica de Hoy", donde dice, entre otras cosas, que "Los colombianos eligen este domingo entre un candidato uribista por convicción y un uribista por conveniencia". Y explica que "Santos creyó fatalmente que bastaba con presentarse como el “delfín” del actual mandatario y se estrelló contra las encuestas, que básicamente vinieron a decirle que los colombianos preferían el original o, en su defecto, una versión mejorada", mientras que "Mockus sabe que si quiere ganar las elecciones no puede cometer el error de liberales e izquierdistas de atacar en su totalidad el uribismo. Nada alejaría más al candidato verde del poder que echarse en brazo del enemigo declarado de Hugo Chávez, enemigo declarado de Uribe y amigo de las FARC".

La estrategia para hacer frente a la guerrilla, al narcotráfico y al problema de los desplazados es uno de los puntos fundamentales que marcan la diferencia entre ambos candidatos. Mientras que Santos es partidario de continuar con la política militarista y belicosa de Uribe, caiga quien caiga, Mockus ha basado su campaña en defender que la lucha contra las FARC debe desarrollarse siempre dentro de los estrictos límites que marcan la ley y la Constitución. El candidato verde ha llegado a acusar a su rival de haber estado implicado, cuando fue ministro de Defensa, en un caso de ejecuciones extrajudiciales de civiles por militares. La campaña, además, ha estado salpicada de revelaciones sobre la vinculación entre el actual presidente y su familia con los paramilitares.

No parece, sin embargo, que haya una gran distancia entre Mockus y Santos en lo que se refiere a las líneas maestras de lo que será su política exterior y, más concretamente, sus relaciones con Washington durante los próximos cuatro años. Ambos apuestan por mantener la cooperación antidroga y militar de EE.UU., que desde el 2002 ha significado 6.000 millones de dólares como parte del Plan Colombia.

Santos tiene clara su idea de imprimir un mayor impulso a la relación con la Casa Blanca, que se constituyó en un aliado clave que Uribe privilegió en sus ocho años de gobierno. El ex Ministro de Defensa, quien tiene excelentes relaciones con la Secretaría de Defensa estadounidense, Hillary Clinton, ya ha anticipado que buscará profundizar los vínculos de cooperación en la lucha contra la narcoguerrilla. Por ello advirtió que no cabe ninguna revisión del acuerdo de seguridad que él mismo negoció. Ese convenio permite a soldados estadounidenses el uso de siete bases militares, lo que desencadenó la congelación de las relaciones con Venezuela, así como las críticas de la región.

Por el contrario, el candidato ha prometido preservar el legado de Uribe en esta materia con el objetivo de ampliar la agenda y consolidar las relaciones con Washington. De ahí que ha dejado entrever que Colombia no solo debe limitarse a ser un receptor de cooperación en materia de seguridad, sino que pase a dar respaldo efectivo a misiones de paz y de estabilización. De igual modo, ha dicho que uno de sus retos centrales será profundizar el ‘lobby’ para que el Capitolio ratifique el Tratado de Libre Comercio (TLC), suscrito desde el 2006.

Aunque el candidato ‘verde’ Antanas Mockus también cree que es necesario mantener la ayuda militar estadounidense y permitir el uso de las siete bases colombianas, ha hecho hincapie en que la cooperación debe tener una concepción integral. En especial en el campo antidroga. Si bien el ex alcalde de Bogotá rescata la importancia del Plan Colombia en este campo, también está convencido de que su falta de efectividad se debe a la escasa corresponsabilidad de los países consumidores de droga. Por eso, plantea que los programas de cooperación deben estar atados a un trabajo de cultura y educación ciudadana para que se deje de justificar el uso de la droga. Pero que ese trabajo ciudadano no sea exclusivo a países productores de cultivos ilícitos, como Colombia, Perú o Bolivia, sino que empiece en la propia sociedad estadounidense. “Dichos programas mejorarían si tuviesen un componente integral de pedagogía ciudadana y participación de la comunidad, orientados a la formación en cultura de la legalidad”, sostiene Mockus.

Este tipo de planteamientos del abanderado de la ‘ola verde’ conducen a pensar que en su eventual gobierno la relación con EE.UU. no tendrá mayor diferencia con lo que haría Santos, aunque no estaría exenta de ciertos puntos de desencuentro.

Y, entretanto, ¿qué dicen las FARC? En un comunicado difundido en Internet por la Agencia de Noticias Nueva Colombia, que suele divulgar sus declaraciones, la guerrilla ha hecho un llamamiento a los colombianos para que se abstengan de votar en los comicios porque, a su juicio, lo que todos prometen es "más guerra". En la campaña electoral, dice el comunicado, "las propuestas, programas y compromisos con la nación han sido reemplazados por el ataque grotesco y vulgar, por la propaganda negra en esfuerzo despiadado por presentar a uno u otro de los candidatos como la opción más reaccionaria y autoritaria".

Las Fuerzas Armadas de Colombia ya han entrado en estado de máxima alerta para garantizar el normal desarrollo de las elecciones, sobre las que planea el riesgo de sabotaje en 82 municipios, la mayoría por amenazas de la guerrilla. Históricamente, tanto las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) como el Ejército de Liberación Nacional (ELN) intensifican sus ataques en la época electoral como parte de una estrategia para demostrar poderío militar y ganar protagonismo.

Los planes de la guerrilla incluyen amenazas y ataques a candidatos, a las Fuerzas Armadas y a puestos de votación, en un intento por impedir que los electores ejerzan su derecho al sufragio. Por ello, el Comando de las Fuerzas Militares y la Dirección General de la Policía ha informado de que más de 400 000 efectivos están comprometidos con el Plan Democracia para garantizar el normal desarrollo de las votaciones en todo el país.

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