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sábado. 02.07.2022

"Más tropas, más insurgencia"

AGNESE MARRA
Así lo asevera un informe del servicio de inteligencia norteamericano sobre la presencia de tropas en Afganistán. Obama ha obviado las recomendaciones y ayer anunció el envío de 30.000 nuevos soldados, con el 57% de los demócratas en contra. De este modo triplica el despliegue que heredó de Bush y ‘obliga’ a la OTAN a enviar 5.000 efectivos más.
NUEVATRIBUNA.ES- 02.12.2009

Barack Obama ha tenido que mostrar sus mejores dotes de retórica para defender lo indefendible: el envío de 30.000 nuevos soldados a Afganistán. Ni la oposición (el partido republicano), ni los demócratas se han quedado conformes. Los primeros porque enviarían muchos más, los segundos, porque retirarían las tropas inmediatamente para ser consecuentes con el ideario de su partido.

Sin embargo, Obama no es de la misma opinión y el martes especificó su plan. Una semana antes de Navidades llegarán a la región las primeras tropas. "Si no creyera que la seguridad de EEUU y del pueblo norteamericano están en juego en Afganistán, ordenaría con alegría que cada una de nuestros soldados volviera a casa mañana", se defendía el mandatario. Pero esa preocupación por el pueblo americano y la población mundial, asusta más que tranquiliza.

Los 30.000 nuevos soldados se suman los 68.000 que ya están presentes en la zona. De este modo el nuevo presidente norteamericano, actual Premio Nóbel de la Paz, triplicará el despliegue que heredó de George Bush. También batirá récord en tiempo de intervención, ya que superará los 9 años que estuvieron los norteamericanos en Vietnam, mientras que en Afganistán estarán once.

Una de las grandes diferencias del actual presidente frente a su antecesor, es que Obama sí ha incluido en sus planes un plazo para la salida de las tropas y la cesión del control a las fuerzas afganas. Según sus cálculos en julio de 2011 se iniciaría el repliegue para concluir el conflicto en tres años. A pesar de esta sentencia, el mandatario ha dejado abierta la puerta a una posible ampliación del tiempo en la región: "La transición de poderes se ejecutará de forma responsable, teniendo en cuenta las condiciones sobre el terreno", una forma inteligente de cubrirse las espaldas ante posibles ‘contratiempos’.

EL 11-S COMO BANDERA

El speech de Obama al anunciar el envío de las nuevas tropas se caracterizó por sus inagotables justificaciones. “Combatir la insurgencia”, “derrotar a Al Qaeda” o “acabar con el terrorismo”, son frases que salieron de su boca y que resuenan en los habituales discursos norteamericanos. Pero además de los ‘lugares comunes’, habló de objetivos políticos: “Queremos conseguir un gobierno afgano más eficiente, y menos corrupto, y consolidar un partenariado con Pakistán”.

Teniendo al 57% de los demócratas en su contra, Obama optó por los argumentos más sensibleros, por si tocaba el corazoncito de sus compañeros. No faltaron ocasiones para recordar el 11-S: “No podemos ignorar que la seguridad nacional está en juego, la de de nuestros aliados, y la del mundo entero". Finalizó pidiendo a los norteamericanos que se unieran como lo hicieron unas semanas después del 11-S, cuando se iniciaba la guerra de Afganistán. "Como país, no podemos mantener nuestro liderazgo ni navegar los desafíos importantes de nuestro tiempo si permitimos nuestra división por el mismo rencor y cinismo del partidismo".

A pesar de tantas ‘buenas palabras’, sus argumentos se quiebran con los datos que ha dado su propio Gobierno. Hace menos de un año el consejero nacional de seguridad de Obama, general James Jones, lo dijo bien claro: “La presencia de Al Qaeda en Afganistán ha disminuido considerablemente. El cálculo máximo es de menos de 100 que operan en el país, sin bases, sin la capacidad de lanzar ataques ni contra nosotros ni contra nuestros aliados”. Por si le quedaba alguna duda al Premio Nobel de la Paz, un informe del servicio de inteligencia norteamericano publicado hace tres meses, denunciaba que “el aumento de tropas” en Afganistán, generaba “más insurgencia”.

5.000 SOLDADOS MÁS DE LA OTAN

A pocas horas de que Obama diera su discurso, el secretario general de la Alianza Atlántica, Anders Fogh Rasmussen, anunciaba el envío de 5.000 soldados adicionales de los otros países de la Alianza y advirtió que “posiblemente se podrían mandar todavía un par de miles más”.

El primero en apoyar al mandatario norteamericano fue su homólogo británico, Gordon Brown, quien anunció el lunes el envío de otros 500 soldados. El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, habló la pasada madrugada con el vicepresidente de EEUU, Joe Biden, para escuchar los planes norteamericanos.

Tanto la ministra de Defensa, Carme Chacón, como Zapatero han insistido que no se enviarán nuevas tropas hasta que se discuta la decisión con el resto de grupos parlamentarios: “La respuesta de España se dará después de conversar con las fuerzas políticas”. Cuánto tardará en dar el número no se sabe, pero el envío de efectivos españoles es prácticamente una obviedad. Pero para evitar que ningún país de la OTAN se escaquee de sus ‘deberes’, la secretaria de Estado, Hillary Clinton, viajará a Bruselas esta semana para convencer a sus aliados de las bondades de su estrategia.

REMINISCENCIAS DE IRAK

A estas alturas, sería cínico seguir insistiendo en que los soldados de la OTAN y de EEUU llevan a cabo misiones humanitarias. Barack Obama fue claro y ayer dijo en alto la palabra “guerra”. Sus homólogos la escucharon y asintieron. Sin embargo Zapatero y otros mandatarios insisten en las diferencias que esta causa tiene con la tan criticada guerra de Irak.

Está claro que las formas y el aspecto de Obama es bastante más agraciado que el de su antecesor. Pero ¿qué sucede con el contenido de sus acciones? El premio Nóbel de la Paz, envía más tropas que nadie, amplia el periodo de intervención, y utiliza un vocabulario muy parecido a su predecesor: “Acabar con el terrorismo, el peligro de Al Qaeda y armas atómicas escondidas”….etc.

A Estados Unidos esta guerra ya le ha costado la vida de 918 soldados. Para el Reino Unido las pérdidas humanas ascienden a 229 militares, mientras que en España son 88 efectivos los que han fallecido en esta ‘misión humanitaria’.

La población norteamericana y británica hace casi dos años que lleva a cabo movilizaciones solicitando el regreso inmediato de sus tropas, pidiendo que sus países abandonen una invasión cada día más irracional. Y además una invasión cara. Los 30.000 nuevos soldados norteamericanos le costarán al Gobierno un total de 35.000 millones de dólares.

El pasado fin de semana, en España se llevaron dos acciones de protesta con el mismo objetivo: la retirada de Afganistán. El sábado, 15 antimilitaristas ocuparon la base militar de la OTAN en Valencia; el domingo, cientos de ciudadanos salían a las calles para manifestarse en contra de esta guerra. Esperemos que esta vez el ‘No a la guerra’ se tenga en cuenta.

"Más tropas, más insurgencia"
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