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NUEVATRIBUNA.ES / AGENCIAS - 2.6.2010

“Esperábamos que dispararan a las piernas o al aire, pero fueron directo a la cabeza de los pasajeros.” Son palabras de la cineasta brasileña Iara Lee, que viajaba en la flotilla solidaria y con quien consiguió contactar la red brasileña de televisión Globo mientras se encontraba detenida, a la espera de ser expulsada. Al testimonio de Lee sobre la brutalidad de los soldados israelíes se suma el de la activista turca Nilufer Cetin, que nada más llegar a Estambul, este martes, con su hijo en brazos, contó que "primero usaron bombas de humo y gas lacrimógeno. Luego comenzaron a descender desde helicópteros. Entonces el choque fue brutal. El barco “Mavi Marmara” se volvió un baño de sangre. Me oculté con mi bebé de un año en el baño del camarote.”

El escritor sueco Henning Mankell, uno de los 11 suecos que se habían incorporado a la tripulación de la 'Flotilla de la Libertad', al ser interrogado por el diario 'Expressen' sobre si tenía algún tipo de remordimiento por formar parte de la misión, ha sido claro: "No. Absolutamente ninguno". "Lo que pretendíamos los integrantes de la flotilla era llamar la atención sobre lo que está ocurriendo en Gaza". El autor sueco, autor de las novelas sobre el inspector Kurt Wallander, cree que ha llegado el momento de aplicar sanciones a Israel: "Hemos intentado muchas otras cosas, pero los israelíes no quieren escuchar". Y ha añadido: "Creo que deberíamos usar nuestra experiencia de Sudáfrica. Sabemos que las sanciones tuvieron un gran efecto allá. Llevó bastante tiempo, pero dio resultado".

Una portavoz de la cancillería sueca ha explicado que siete de sus nacionales permanecen en una cárcel al sur de Tel Aviv, pero es probable que algunos firmen sus órdenes de deportación y abandonen Israel el miércoles o durante los próximos días.

Edward Peck, ex embajador de Estados Unidos, quien iba a bordo de uno de los barcos de la flotilla y que regresó al país tras ser expulsado de Israel, participó el martes en una protesta frente a la Casa Blanca para condenar el asalto a la llamada "Flotilla de la Libertad" y para pedir a Barack Obama una respuesta contundente y que exija el desloqueo israelí de la Franja de Gaza. En el curso de la manifestación, Peck contó a la prensa que "es una tragedia. Fui en este viaje por esperanza más que creencia de que Israel podría ver las ventajas potenciales en permitir la entrada de estos materiales no amenazantes en Gaza".

Entre los activistas apresados por Israel había decenas de franceses, entre ellos Yussef Benderbal, miembro del Comité de Beneficencia y Socorro a los Palestinos (CBSP), que ha contado que a bordo del barco “no había ningún tipo de armas”. Según este activista, el argumento esgrimido por Israel y según el cual en los barcos había armas tiene un solo objetivo, que consiste “en desacreditar el convoy humanitario”. Yussef Benderbal ha aclarado que desde el principio se dieron instrucciones precisas para que no hubiese “ninguna provocación, incluso si los israelíes subían a abordo. Nosotros no buscamos la agresión, fuimos agredidos”.

El activista francés ha explicado en París que los organizadores de la flotilla habían decidido agruparse y que los israelíes les habían pedido que “dieran media vuelta”, lo que “era inaceptable para nosotros”. Cuando los soldados abordaron el barco desde los helicópteros les pidieron a gritos que se sentaran. “Teníamos la consigna de dialogar con los israelíes y proteger la cabina del capitán con nuestros cuerpos. Un soldado le dio un golpe en la mandíbula a un pasajero y le puso su arma en la garganta". Nadel el Sakka, una representante de la comunidad palestina en Alemania, ha admitido que “nos esperábamos muchas cosas, pero no la brutalidad a la que nos enfrentamos. Esperábamos que hubiese presiones, obstáculos, pero no este estado de guerra”.

Norman Paech, un ex diputado de 72 años del partido alemán Die Linke, que se encontraba a bordo del “Mavi Marmara”, ha comparecido en rueda de prensa para negar las acusaciones israelíes sobre la presunta existencia de armamento en los barcos de la flotilla. Incluso ha rechazado que se utilizaran cuchillos para repeler la agresión de los soldados: "Nunca vimos un cuchillo utilizado como arma. Nos defendimos con palos”. (...) “Fue un ataque contra una misión pacífica en aguas internacionales. Los israelíes pueden defender su zona de defensa militar, pero nosotros estábamos fuera de esos límites. Teníamos derecho a defendernos.” Otras dos diputadas del partido Die Linke, Inge Hoeger y Anette Groth, han corroborado estas afirmaciones: “Nadie estaba armado”. Matthias Jochheim, un médico miembro de la asociación contra las armas nucleares Ippwn, ha asegurado que "los soldados dispararon con balas reales, no con balas de caucho”.

Michalis Grigoropolus, un integrante de la tripulación del barco “Eleftheri Mésogeio”, ha dado más detalles sobre los métodos empleados por los comandios israelíes: "Dispararon gases lacrimógenos y balas de caucho”. Según su relato, las picanas tampoco fueron ajenas a los métodos empleados para reducir a los activistas, a algunos de los cuales, según Grigoropolus, se les “aplicaron electroshocks”.

En cuanto a las condiciones del arresto en el centro de detención en el que han permanecido los activistas, Michalis Grigoropolus ha narrado que "eran miserables". Su relato es el siguiente: "Los policías filmaban videos, nosotros estábamos sentados en el suelo y los policías nos amenazaban con sus armas. Nos hicieron firmar papeles sin que yo supiera qué decían esos papeles, porque no tenía derecho a contar con un traductor, de tener un abogado o comunicarme con mi familia”. Aris Papadokostopolus, otro integrante de la tripulación del mismo barco, ha asegurado que “dos griegos detenidos fueron golpeados porque se negaron a que se les tomaran sus huellas digitales”.

Las intenciones de los soldados al abordar los barcos de la flotilla estaban claras, según la diputada israelí Hanin Zoabi, que viajaba en el Mavi Marmara, la embarcación escnario del mayor grado de violencia. Zoabi ha dicho, en una conferencia de prensa, que resultaba evidente que el propósito "no era detener el bargo, sino causar el mayor número de bajas para impedir futuras iniciativas similares. Nuestro objetivo era romper el bloqueo. No teníamos planes para un enfrentamiento. Israel efectuó una operación militar provocadora".

"Esperábamos disparos al aire o a las piernas, pero fueron directo a la cabeza"