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martes 24/5/22

"En Colombia el cuerpo de la mujer es territorio de guerra"

AGNESE MARRA
Jorge Rojas lleva luchando toda la vida por el cumplimiento de los Derechos Humanos en Colombia. Es consultor para UNICEF, pero su mayor trabajo lo ejerce como presidente de CODHES, Consultoría para Derechos Humanos y Desplazamientos de Colombia. En una visita a Madrid, Jorge Rojas, se entrevistó con nuevatribuna.es en la Casa de América, e hizo una radiografía de la guerra interna que sufre su país desde hace más de 40 años.
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NUEVATRIBUNA.ES - 29.05.2009

La realidad colombiana es un fuego abierto, un tajo en el corazón de Latinoamérica, una pesadilla para millones de colombianos y un enriquecimiento indigno para parte de los actores implicados. Más allá de los mediáticos secuestros de las FARC, o más bien de las, mediáticas liberaciones como la de Ingrid Betancourt, la violencia y la guerra civil de este país andino, son desconocidas por gran parte de la sociedad española.

Como dice Rojas, “Colombia es un país de récords negativos”. Es el segundo estado con mayor número de desplazados en el mundo después de Sudán, y han tenido que abandonar sus casas más de 4 millones de colombianos. También es el país en el que se exterminan más sindicalistas, tres de cada cuatro son asesinados. Las violaciones a mujeres campesinas o indígenas están a la orden del día y desde hace un tiempo hasta el propio Gobierno de Uribe ha ordenado más de 1.500 asesinatos extrajudiciales “presentándoles como si fueran guerrilleros muertos en combate para mostrar resultados y cobrar recompensas”, denuncia Jorge Rojas.

Pero el nacimiento de todo este caos dantesco, se remonta a los años 60. “En medio de la euforia de la revolución cubana” explica Rojas, nacieron dos guerrillas en Colombia, por un lado las FARC de tendencia más pro soviética y por otro el ELN de tendencia más pro cubana. El objetivo de ambas era plantear reformas políticas sociales y económicas: “Su mensaje era el de luchar por la reforma agraria, para que los campesinos tuvieran sus tierras. Hubo un momento que algún sector del país compartía la idea de estas guerrillas con cierto romanticismo revolucionario, hoy hay una reacción muy negativa frente a esta forma de lucha”. Dentro de las reivindicaciones de las guerrillas estaba una muy simbólica para la historia de este país, que era la falta de un espacio político para actuar en democracia porque quienes actúan de este modo decían desde las FARC- son asesinados, “lo cual ha sido cierto-dice Rojas- pero si bien esa democracia no se abre, si bien la democracia es muy precaria, no sé justifica armarse, matar civiles, secuestrar personas en nombre de una revolución que nunca llega”.

PARAMILITARES: “EL DESENGRE NACIONAL”

Entre “los 20 años de guerra y los otros 20 intentando buscar la paz” emergió en el escenario uno de los actores claves para la continuidad del conflicto: los paramilitares. “Surgió esta fuerza ultraconservadora y desde el primer momento fueron aupados, promovidos y permitidos por el Estado, aunque ahora éste haga esfuerzos para negarlo”. Al hablar de este grupo Rojas se muestra más tajante que nunca:“A estas fuerzas se le debe buena parte del desangre nacional, porque decidieron dirigir sus armas contra todo el que pensara distinto. Por esa regla mataron a niños bajo la idea de que podrían llegar a convertirse en guerrilleros cuando fueran grandes, así tuvieran un año y medio”.

Según el activista colombiano, los paramilitares “llevaron al país al peor horror de la historia reciente de esta parte del mundo”. Rojas se pregunta cómo verán en España que uno de los paramilitares que ahora vive en Estados Unidos confesara que habían construido dos hornos crematorios para hacer desaparecer los cadáveres para que no se aumentara el número de muertos porque eso iba en contra de los resultados de las fuerzas armadas: “Entonces metieron lo cadáveres en el horno dice Rojas indignado-, y dicen que contaron 85 pero podían ser más. Ahora vienen a contar esta verdad tan dura, me asombra, porque es muy parecido al fascismo pero la reacción internacional no tiene punto de comparación”.

LA TIERRA: LA PARADOJA DE LA GUERRILLA

Entre los primeros sueños revolucionarios de las guerrillas y sus denuncias para llevar a cabo una reforma agraria, no estaban la aparición de los paramilitares. Estas fuerzas, además de aniquilar a cualquier persona ‘afín’ a la guerrilla, “defendieron los intereses de los terratenientes, de los narcos y han coaligado su acción con la fuerza pública”, explica Rojas, que señala así la ‘paradoja de la guerrilla’: “Las FARC se armaron para reclamar una distribución de la tierra, pero al final lo que tenemos es una reconcentración, porque en medio de la guerra, los terrateniente han ampliado su capacidad de tenencia. Hoy el 0,4% de los propietarios posee el 60% de las mejores tierras del país, y en ese desequilibro está buena parte de la confrontación armada, pero es una paradoja porque intentando luchar por el reparto de tierras se ha producido el efecto contrario”.

Los señores de la guerra, abanderados como paramilitares y otras mafias, ya han expropiado cinco millones y medio de hectáreas a los campesinos e indígenas: “Se las roban para producir palma, caña de azúcar destinada a los agrocombustibles, para sembrar coca o simplemente para imponer un dominio militar”.


¿ESTADO FALLIDO?

A pesar de que Rojas asegura que las fuerzas de seguridad colombianas son más fuertes que nunca (Estados Unidos acaba de ofrecer una ayuda de 6 billones de dólares para defensa) y que se ha pasado de 220.000 efectivos a 450.000, estas atrocidades no cesan de cometerse. Los paramilitares ejercen su control y mando y las guerrillas mantienen sus secuestros. El conflicto no da muestras de cansancio y la pregunta de diversos analistas políticos siempre es la misma:
  • ¿Es Colombia un Estado fallido?-
  • “Más que un estado fallido es una democracia precaria y muy inequitativa en la redistribución del ingreso. Todavía hay unas instituciones que funcionan, hay elecciones que se cumplen periódicamente, nos asusta que la reelección indefinida del presidente pueda acabar con esa precaria institucionalidad. A pesar de esta institucionalidad, hay una Corte de Justicia que siguió la investigación de los políticos que apoyaron a los paramilitares, llevamos 80 políticos, de los cuales el 83% pertenecen a partidos que apoyan al Gobierno y están siendo llevados a la cárcel. Pero por otro lado si vemos que la Fuerza Pública permitió los ‘falsos positivos’ -ejecuciones extrajudiciales- eso mina la credibilidad del Estado. Si cada vez hay más corrupción en la familia de presidente y en su gobierno, se mina la credibilidad del Estado. No digo que seamos un estado fallido pero no vamos por el mejor camino que nos impida no serlo”.


Ante tanta violencia y muerte, gran parte de la sociedad colombiana “está aletargada” dice Rojas, para explicar que una buena parte del electorado de Uribe “no quiere ver la realidad, les han dicho que las cosas están mejor y necesitan creerlo. Pero la verdad finalmente la están sabiendo los jueces, la comunidad internacional, y lamentablemente la política del somnífero no nos ayuda. En Bogotá, Cali y Cartagena la gente está más contenta pero al otra lado lo que se encuentra es mucho odio”.

Los responsables de esta guerra eterna “son todos los que han cometido atrocidades, unos más que otros, pero su gran coincidencia dice Rojas- es que han convertido a la población civil en su objetivo militar, el cuerpo de las mujeres en territorio de guerra, niveles tan bajos de degradación que deberían avergonzarnos ante el mundo”.

AYUDA MANCHADA DE SANGRE

En los últimos meses diversos sindicalistas colombianos han solicitado al Parlamento Europeo que piense muy bien qué tratados firmar con Uribe y qué ayuda ofrecer a Colombia.

Las presuntas vinculaciones del presidente colombiano con paramilitares, así como escándalos de corrupción con su familia no son una buena carta de presentación: “La cooperación en Colombia tiene que ver con la realidad política, hay una crisis humanitaria impuesta por una guerra. Estados Unidos ya ha recortado la ayuda militar, antes ofrecía el 80% y ahora el 50%”.

Pero lo que realmente le preocupa al director de de CODHES es que se “trate de usar la cooperación” internacional para que los militares hagan una suerte de control social y territorial: “Esto puede resultar muy negativo porque no estamos en post conflicto y porque hay una profunda desconfianza de esta fuerza pública. Por eso los gobiernos tienen que revisar a fondo la situación de derechos humanos para pensarse muy bien el tipo de apoyo que requerimos para resolver esta guerra”.

EN MANOS DE LOS JÓVENES

Erradicar el conflicto armado colombiano es una tarea que se hace más que difícil: “Lo primero que tenemos que saber es qué camino queremos reconstruir”. Según Rojas la izquierda “está atomizada y los sindicatos difícilmente sobreviven”. Sin embargo señala al movimiento indígena como “un ejemplo” de resistencia, autonomía y capacidad de movilización: “Creo que sería un buen espejo donde mirarnos”. Pero los que están haciendo más ruido y aportando aire fresco son los jóvenes: “Para mí el sujeto social que puede transformar esa realidad son los jóvenes, y ellos sí que lo están pensando en las universidades, están intentando hablar de dignidad ahora, como una forma de decirle a todos los adultos ‘nosotros no queremos este país’. Se manifestaron por la séptima papeleta que cambió la Constitución, participaron en el mandato por la paz y es un momento idóneo para que rehagan propuestas, aunque mientras se mantenga la guerrilla, los cambios son muy difíciles”, apunta Rojas, para concluir: “La verdad es que no tengo la fórmula pero sí las ganas”.

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