miércoles. 28.02.2024

Dice el artículo 2.4 de la Carta de la Organización de las Naciones Unidas, a la cual no solo pertenece la Federación Rusa, sino que es uno de los miembros permanentes de su Consejo de Seguridad, que “los Miembros de la Organización, en sus relaciones internacionales, se abstendrán de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier otro Estado”.

Es, por lo tanto, evidente que Rusia ha incumplido esta obligación y ha vulnerado el derecho internacional al invadir Ucrania. Razón por la cual, sus principales contrincantes geopolíticos, la triada Estados Unidos-OTAN-Unión Europeaestán buscando su aislamiento en el concierto internacional de las naciones, como complemento y justificación de sus cada vez más amplias medidas de boicot comercial y financiero.

¿Lo están consiguiendo? Me parece una pregunta pertinente, porque su respuesta, por supuesto junto a las respuestas a otras preguntas, nos permitiría intuir quien está apuntándose un tanto en el complejo contencioso geopolítico entre ambos adversarios. Contencioso del que la guerra en Ucrania y la consiguiente confrontación comercial y energética entre la Unión Europea y Rusia son solo episodios. Indeseables y perjudiciales, pero episodios concretos.

La propaganda (gubernamental y mediática) occidental nos asegura que sí, que Rusia se está quedando internacionalmente aislada, como demostrarían, entre otros parámetros, las Resoluciones votadas en la Asamblea General de las Naciones Unidas referentes al asunto desde que se inició la guerra: una (de 2 de marzo, a solo seis días de la invasión) de condena de la invasión, instando a Rusia a retirarse inmediatamente y sin condiciones; una segunda (22 de marzo, veinte días más tarde) exigiendo a Rusia el cese de hostilidades; y una tercera (12 de octubre) declarando como ilegales los refrendos de incorporación a la Federación Rusa llevados a cabo en cuatro zonas ucranianas. En las tres, de los ciento noventa y tres países que componen la Asamblea General, aprobaron las Resoluciones 141, 140 y 143 países respectivamente. Rechazándola cinco: Rusia, Bielorrusia, Corea del Norte, Siria, las tres; Eritrea, dos de ellas y Nicaragua la otra.

El resultado de este análisis cuantitativo induce a deducir que sí, que efectivamente, Rusia ha quedado internacionalmente aislada como consecuencia de su invasión de Ucrania; pero faltaría un análisis cualitativo

El voto negativo de Bielorrusia, Corea del Norte y Siria no parecen exigir demasiada explicación ni análisis; los de Eritrea pueden explicarse por su histórico enfrentamiento (incluido el eterno problema de los tigrinos) con Etiopía, uno de los principales protegidos de Estados Unidos en África y por la protección oficiosa que actualmente le presta Rusia a través de la compañía militar privada Wagner; y el de Nicaragua puede considerarse más bien un voto contra Estados Unidos que a favor de Rusia.

Queda claro, por tanto, que el resultado de este análisis cuantitativo induce a deducir que sí, que efectivamente, Rusia ha quedado internacionalmente aislada como consecuencia de su invasión de Ucrania.

Pero, permítasenos ahora completarlo con un análisis cualitativo, porque en esas mismas Resoluciones hubo, en cada una, una treintena de abstenciones (35, 38 y 35 respectivamente) y una decena de no presentes o no votantes (12, 10 y 10 respectivamente). Y abstenerse, no asistir o no votar en una sesión de un órgano de la categoría de la Asamblea General y para condenar o absolver a una potencia de primer orden es una decisión política que ilustra sobre la posición que el país correspondiente tiene o quiere tener en el tablero internacional. Porque abstenerse o no votar es también una forma de no aceptar la condena o exigencia que se le está haciendo al país al que se refiere la Resolución.

Abstenerse, no asistir o no votar en una sesión de un órgano de la categoría de la Asamblea General y para condenar o absolver a una potencia de primer orden es una decisión política que ilustra sobre la posición del país

Desde este punto de vista, ciertas abstenciones o ausencias son relevantes y rebelantes. Por ejemplo, las de tres países, China, India y Sudáfrica (abstención en las tres Resoluciones), miembros del informal quinteto conocido como los BRICS, junto a Rusia y Brasil. No creo que se pueda dudar de la importancia internacional de China en estos momentos, en los que ya parece de generalizada aceptación que se ha convertido en la segunda potencia económica y financiera mundial con aspiraciones a serlo también militar y diplomáticamente, en definitiva, geopolíticamente. Y no creo que se pueda dudar, tampoco, en consecuencia, de lo que sus votos pueden significar. 

No yéndole demasiado a la zaga India, con su mercado de mil trecientos ochenta millones de habitantes (a solo sesenta millones de China), con una economía en crecimiento constante y una potencia militar puesta al día como consecuencia de su secular enfrentamiento con Paquistán; por cierto, otro país que se abstuvo en las tres Resoluciones, a pesar de su teórica dependencia de Estados Unidos.

Y constituyendo, junto a Sudáfrica -el país más económicamente desarrollado de África y árbitro tradicional de los conflictos del África negra, por lo que su influencia es considerable en esa amplia área subsahariana del continente- una especie de adalides, representantes o portavoces de aquello que se conocía como “el tercer mundo” (ahora “sur global”).

Expresión, “sur global”, que, como su antecesora “el tercer mundo”, solo es una fórmula poco comprometedora de denominar al “resto del mundo” que no son las grandes potencias y sus respectivos “bloques de aliados incondicionales”, es decir, los que no cuentan, pero de los que no se puede prescindir; ni de sus materias primas, ni de su mano de obra, ni como mercados de excedentes…. ni de sus votos en las grandes organizaciones internacionales en las que se les deja entrar. 

De los cincuenta y cuatro países soberanos del continente africano, veinte se han abstenido en al menos dos de las tres votaciones

De los que el continente africano es paradigmático. Y revelante, porque su dependencia económica, y en gran medida también política, de sus antiguos colonizadores sigue siendo vital para ellos y su futuro. De sus cincuenta y cuatro países soberanos, veinte se han abstenido en al menos dos de las tres votaciones y, de ellos, trece en las tres. Pero si nos centramos en la geopolíticamente más conflictiva zona saheliana, en la que se dirime actualmente una fuerte competición occidental-ruso/china, seis de los ocho países que la componen, se abstuvieron o no votaron.

En Asia, por su parte, miremos en primer lugar lo que podríamos llamar el espacio asiático postsoviético, es decir, los países que, en Asia, además de la propia Rusia, formaron parte de la Unión Soviética, sobre los cuales podemos oír y leer con frecuencia que están intentando aprovechar esta circunstancia de la guerra en Ucrania para desligarse y desprenderse de la tutela rusa. Pues bien, los siete (ocho si quisiéramos incluir a Mongolia) se abstuvieron/ausentaron en las tres votaciones: Kazajistán, Turkmenistán, Uzbekistán, Kirguizistán y Tayikistán, pero también Armenia y Azerbaiyán; ésta a pesar de su supuesto enfriamiento con Rusia debido a su apoyo a Armenia en el contencioso de Nagorno-Karabaj.

Países asiáticos a los que se añaden otros de también cierta importancia por su posición geográfica en las riberas del Índico: Vietnam, Laos (en el sudeste asiático), Pakistán o Indonesia; o, desde diferente área geográfica, Irán o Irak.

Un análisis cualitativo que, si bien no anula las conclusiones del puramente cuantitativo no parece autorizar la conclusión de que la Federación Rusa haya quedado internacionalmente aislada

Por otra parte, no parece haber síntomas de que la posición rusa se esté debilitando o esté siendo puesta en cuestión en importantes organizaciones internacionales, de algunas de las cuales Rusia fue, en su momento, su promotora, como la Comunidad de Estados Independientes (CEI), la Unión Económica Euroasiática (UEE), la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), la Organización del Cooperación de Shanghái (OCS) o la Organización de Países Exportadores de Petróleo ampliada (OPEP+), la cual, incluso, recientemente y en plena guerra en Ucrania (octubre del actual año 2022), ha decidido -precisamente cuando se le estaba solicitando lo contrario (recientes visitas a Arabía Saudí del presidente estadounidense Biden en julio y del canciller alemán Olof Scholz en septiembre- recortar la producción de crudo en unos dos millones de barriles diarios, lo que puede llegar a producir una segunda oleada de inflación en todo el mundo y especialmente en Europa y un importante enfriamiento de los tradicionalmente buen entendimiento, lazos diplomáticos y alianza estratégica entre Arabia Saudí y Estados Unidos. Enfriamiento, en principio, aparentemente contrario al propio interés mercantil y geopolítico de Arabía Saudí, a pesar de lo cual…. (¿otro 1973?). 

Con el apoyo que supone el no rechazo de los BRICS (cuatro de cinco); de su tradicional área de influencia en el espacio asiático postsoviético; de la zona (aunque sea solo parcial) de mayor competición actual con Occidente, el Sahel; de importantes países asiáticos con riberas en el Índico; y de los principales países exportadores de petróleo (aunque también solo parcial). ¿Puede decirse que Rusia esté, esté en camino de o exista la posibilidad de que llegue a estar internacionalmente aislada

Un análisis cualitativo que, si bien no anula las conclusiones del puramente cuantitativo de rechazo mayoritario a la invasión de Ucrania en las Naciones Unidas, como no podía ser de otra manera, dado el explicito incumplimiento del artículo 2.4 de la Carta de la Organización de las Naciones Unidas cometido por Rusia al invadir Ucrania, no parece autorizar la conclusión de que la Federación Rusa haya quedado internacionalmente aislada, con todas las consecuencias que ello conllevaría en el ámbito de las relaciones internacionales y la geopolítica mundial. 

¿Está Rusia internacionalmente aislada?