sábado. 25.05.2024
Alejandra Valverde Alfaro

Alejandra Valverde Alfaro es de profesión filóloga, vecina de Sarchí, una comunidad rural en el centro de Costa Rica. Desde hace algunos años trabaja en su pueblo para crear y darles seguimiento a espacios culturales inclusivos. Ha participado en diferentes espacios de poesía, como el I Encuentro de la Espera Infinita (Honduras, 2019) y el II Festival Centroamericano de Poesía en Chiquimula (Guatemala, 2018). En 2016 fue coganadora en el concurso para poetas menores de 30 años en el Festival Internacional de Poesía de Costa. “Días sentados” (2016) es su poemario publicado con el Proyecto Editorial La Chifurnia, en El Salvador; sus textos también se encuentran en otras antologías nacionales e internacionales.

La poesía de Alejandra Valverde, está escrita desde la hermosa voz de la ternura. En cada línea que escribe, el lector se reencuentra con metáforas que presagian lo venidero de la vida y lo hermoso del día a día. Ella agrega, desde el compromiso con la palabra; imágenes impensables y pasajes cercanos a la memoria. La autora, se asume y reconoce que es necesario, a la brevedad, recomponer desde la poesía; los parajes extraños que se nos presentan, como efímeras catábasis en la vida. Entonces, desde la intimidad de su obra, la poeta nos dice:

Textos
Yo podría ser esa ave
Que vos dejás posar
Sin que te cante el tiempo.

La soledad en su nido
Es la misma que yo
Aun en verano
Y con vuelo ancho
Revivo a través de las ventanas.

La poesía de Alejandra Valverde, está escrita desde la hermosa voz de la ternura

La figura de mamá y de papá es vital en el andar diario. Sabemos que, de no ser por ellos, lo que vamos logrando en el camino que lentamente trazamos, sería semejante a un vacío gigantesco dentro de nosotros; en un mar abierto, con barcos a la deriva. La lectura sigue y la escritora, desde la ternura nos dice:

Fotografía con mi padre
En el más frío enero
Vino al mundo mi padre
Cubierto de aserrín
Y serpentinas
Cuando los pájaros
Cantaban una octava justa
A seis tonos de su llanto.
No le conozco tristeza
Solo un atardecer amplio
Unas manos
Que esculpen vida
Cada vez que calla el mundo.
Sonríe
Con la misma intensidad
Que la que busca a dios
Con aquella mirada
Que lo sabe todo
Y sin el prejuicio
De la absurda existencia.

Mi padre es un hombre feliz
Heredero de la gracia
Hacedor de fantasías
Es el cantor de las noches
Un camino amplio
Lleno de viento
Capaz de silbar sin miedo
Aunque los días pasen.
Tengo su arpegio escrito
Al lado de la cama
El silencio y el recuerdo
La calidez de sus colores
Y una inmensidad
De junios acumulados
Resueltos en un verso.

La memoria, tiene un lenguaje que se manifiesta de maneras inusuales. A veces, lo hace como filigrana, en algunas ocasiones; decide aparecer como fuego arrasador, y en otras, pareciera ser un bien logrado y antiguo ritual. Para finalizar, la poeta nos deja este hermoso poema:

Qué lugar tan triste
Puede llegar a ser la memoria
Si se le canta a la luna
Y se riegan las flores muertas
De las que bostezan por la espera
O se desarman ante el viento.
Cuánta soledad habita en los áticos
Insuperables cavernas de tiempo
Que uno se guinda en el alma
A la espera de que todo crezca
Desde lo más profundo.
Lo pasado ronda a su antojo
Se impone a veces.
Un recuerdo puede revivir los trillos
Repasar lo inconcluso
Quedarse inmóvil
Inhabitado.

Alejandra Valverde Alfaro: desde Costa Rica hasta las profundidades de la ternura