lunes. 26.02.2024
Reunión de la Comunidad Política Europea, en Granada
Reunión de la Comunidad Política Europea, en Granada

Pasan cosas. Las negociaciones para formar Gobierno ya están en marcha a pleno rendimiento, con el sobreentendido general de que van a llegar a buen puerto a pesar del estrépito. La cumbre de Granada de la Unión Europea es un éxito -y un éxito para España- a pesar de que Hungría y Polonia nos recuerden en el último momento lo peligroso que es ampliar el club si no se fijan normas mejores que las actuales, que permiten a algunos bloquear avances a la vez que a ellos no les impiden los retrocesos. El mundial de fútbol que dará inicio a la próxima década recae en España, Portugal y Marruecos y nos olvidamos entre la euforia de que dos de esos tres países son democracias respetuosas de los derechos humanos y el tercero no: quizá sería el momento de aprovechar bien el tiempo que queda hasta 2030. El Miura 1 despega desde Huelva y España entra en el mundo de la investigación autónoma del espacio exterior, pero lo hace una empresa privada…

La ultraderecha repetirá que se rompe España mientras, según todos los indicios recientes, lo que se rompe es la ultraderecha

Nadie es perfecto, decía aquel personaje de Billy Wilder, y no es tan solo una frase hecha. Es algo que tendríamos que repetirnos con cierta frecuencia para que demagogos, trileros y falsarios no sacaran partido, como lo están sacando, del peligroso síndrome de la insatisfacción. Con la insatisfacción en la mano, personajes oscuros llevaron a la democracia norteamericana a su actual callejón con salida, y convencieron a los británicos para que cambiaran la insatisfacción por el caos. Debemos evitar que los personajes no menos oscuros que tenemos aquí se sirvan de estrategias parecidas. 

Nos acercamos a un acuerdo que satisfará las necesidades de este país. Que es lo que nos importa a los que las tenemos

Durante las semanas que quedan hasta la investidura, el señor Feijóo multiplicará sus “inexactitudes”, y nos inundará con sus lamentos, que me recuerdan cada vez más a aquel personaje infantil llamado Calimero que se quejaba todo el tiempo de que todo era una injusticia. Salga del cascarón, señor Feijóo, que ya es mayorcito. La ultraderecha repetirá que se rompe España mientras, según todos los indicios recientes, lo que se rompe es la ultraderecha, donde últimamente dimite todo el mundo, demostrando el axioma de que la derrota es un tremendo ácido para ella (y, dicho sea de paso, también el mejor de los antídotos que los demócratas tenemos que aplicar a ese veneno). Los nacionalismos ocultan su decadencia bajo una parafernalia de exigencias en las que no cree nadie. 

Pasan cosas, y no nos gustan todas porque nadie es perfecto, mientras nos acercamos a velocidad de crucero, con un rumbo que parece marcado con firmeza, a un acuerdo que sin duda será insatisfactorio para los de siempre, y que, como todos los buenos acuerdos, no será tan satisfactorio como quisiéramos, pero satisfará las necesidades de este país. Que es lo que nos importa a los que las tenemos.

Pasan cosas