miércoles. 21.02.2024

“Lo que se queda quieto lo cubrirá la nieve” (Louise Glück)
“Siempre parece imposible hasta que se hace” (Nelson Mandela)


Regreso de la estupenda y solidaria manifestación: Paz para Palestina. Abro, y me encuentro a mí mismo, esperándome en el salón de mi humilde morada. Me miro con sorpresa, pues me siento completamente melancólico, apático, negligente como quién ha perdido todo atisbo de apelación a una resistencia desolada, sin posibilidad de herir, ni responder a las continuas amenazas.

Estoy en cuclillas, todo el comedor está cubierto por un polvo denso, incluso intuyo una cortina de humo blanco –¿fósforo blanco? – que incendia cuanto toca y hace aullar de dolor a mis vecinos. Alrededor mío cascotes enormes dan fe del destrozo causado, hay vainas de fusiles de asalto todavía calientes. Observo con horror los destellos de las balas trazadoras, las roderas de las cadenas dejadas por los carros de combate. Me cubro la cabeza, en un intento vano de protección inútil.

Mi alter ego, que entra por la puerta, es un hombre prudente, comprometido, sutil, hecho a sí mismo, de un realismo intachable. Parece haber cumplido una abnegada promesa de responsabilidad, o deber sincero y clarividente. Se sienta a leer poesía, ha decidido no visionar hoy el telediario. Será por su salud mental, por una higiene que hunde sus raíces en los recónditos saberes de su conocimiento amplio y verdadero de lo que es deletéreo para sus estructuras neuronales –hipocampo, amígdalas, corteza fronto-temporal–. Estoy seguro que rememora los versos de gran poeta portugués, Fernando Pessoa: “Não sei quantas almas tenho. Cada momento mudei. Continuamente me estranho”. Piensa, acertadamente, que estas disociaciones o esquizofrenias son algo frecuente, habitual; no en todos los momentos de la peripecia vital de un individuo pueden considerarse unas entidades nosológicas, enfermas sin remedio. A veces, son tan necesarias, dentro de un ámbito no patológico, significativamente en coyunturas ocasionales críticas, que nos va la vida en ello. Sí, en ser otros, para seguir siendo nosotros.

Alrededor mío cascotes enormes dan fe del destrozo causado, hay vainas de fusiles de asalto todavía calientes. Observo con horror los destellos de las balas trazadoras

Entonces, mira hacia mí, después de cerrar la puerta. Observa con estupor mi cara desencajada, mi perturbación corporal repleta y consumida por una irritabilidad mal disimulada, excéntrica, obsesiva. La intemperancia maldita, la irascibilidad cruel ascéticamente mostrada sin ninguna cautela; esa rabia insaciable, ese deseo inconfesable de matar, de juzgar y sentenciar en un solo y abominable acto. Un ser humano agreste, selvático. Bestia feroz con apetito de venganza sin ánimo de remordimiento. Me considera un pobre hombre ahíto de crueldad, rodeado de cadáveres de niños, víctimas inocentes, destrucción planificada, ambulancias que paran en todas las aceras, gritos de madres, sangre mezclada, horror de cautivos, rehenes y sacrificados en atentados aterradores. Furia contra fuerzas de ocupación, ejércitos sin leyes de guerra –¿acaso la guerra tiene leyes?–, genocidas aberrantes conocidos por todos, malditos bastardos que intentan justificar los crímenes que perpetran.

Mi alter ego se apiada de mí, se pone de rodillas, me abraza –contaminándome de oxitocina, dopamina, endorfinas y serotonina, a fin de intoxicarme con su bien–, me cubre con la pequeña manta que sirve para calentar el ánimo, mientras uno ve “Roma città aperta”, en una reposición milagrosa de la inmaculada película. Habla con sus ojos, me reclama la rabia, la ira, el desahucio de todo un pueblo oprimido, de los palestinos aturdidos y desmayados por la mentira de huir a ningún sitio seguro. Me incita: ¡clama, grita, llora, blasfema! Al final no hay otra solución, lo pensamos los dos; que la de recurrir, para comprender o aprehender estas tribulaciones, que recurrir a dos ejercicios aparentemente heterogéneos. Por una parte, y por enésima vez a los nefastos efluvios y principios de la alienación ideológica –intelectual y mora–, de los medios de comunicación de masas: las acertadas críticas intelectuales de Noam Chomsky, con la enumeración de sus diez estrategias de manipulación mediática; además de a los vomitivos, pero eficaces once principios de propaganda nazi redactados por Goebbels.

¡Qué hablen los poetas, mientras yo me deshago en lágrimas calientes, humores desmedidos, afasias recurrentes!

La otra es la poesía. Su sensatez me inunda, me desborda y me pongo, ni corto ni perezoso, a recitar a dos excelentes poetas, para que la rabia exorcizada pueda reconciliarse conmigo. ¡Qué hablen los poetas, mientras yo me deshago en lágrimas calientes, humores desmedidos, afasias recurrentes!

SOLO CUERDA

Estoy pidiendo una maroma que llegue hasta las nubes.
Una soga fuerte para empaparla en saliva
por si hubiera de sujetarme con los dientes.
Fauces de anea trenzadas de bramante y callo.
Como una fiera. Todo un hombre rebenque.

No quiero escala de seda, ni escalar por el lino,
ni bramar por la era, ni tocarme de terciopelo.
Ni colchón de plumas esperando mi caída. Quiero fuego.
Me asiste la fuerza. Mis manos son de esparto.
Mi cuerpo una liana, los recuerdos de mimbre,
los escalones de espanto y de las nubes al sol…
…tan sólo tengo un salto.

(José Miguel Molero Cid. Poemario, abril y esparto)

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DÍAS Y FLORES

La rabia simple del hombre silvestre
La rabia bomba, la rabia de muerte
La rabia imperio asesino de niños
La rabia se me ha podrido el cariño
La rabia madre, por Dios, tengo frío
La rabia es mío, eso es mío, solo mío
La rabia bebo, pero no me mojo
La rabia miedo a perder el manojo
La rabia hijo, zapato de tierra
La rabia dame o te hago la guerra
La rabia todo tiene su momento
La rabia el grito se lo lleva el viento
La rabia el oro sobre la conciencia
La rabia coño, paciencia, paciencia
La rabia es mi vocación.

(Silvio Rodríguez. Canción del álbum homónimo)

 ¿Te sentaron bien estos poemas? ¡Ahora es tarde, vámonos a la cama! Me inocula, esa personita feliz, mi otro yo; la necesidad de utilizar como lenitivo, para mi maltrecho ánimo el último recuerdo – nestas passadas Boas Festas de Natal -, relativo al último y magnífico viaje na Cidade da Luz de eléctrico 28 (tranvía). Era pronto, en la mañana, casi no había usuarios de ese singular medio de transporte lisboeta: Praça Martim Moniz, Almirante Reis, Bairro de Graça, Alfama, San Vicente da Fora, Sé, Praça Luis de Camões, etcétera. ¡Piénsalo bien, eres como un niño disfrutando en un parque temático cultural! Palestina en el corazón, Lisboa en la cabeza.

Es verdad, me siento atrás, miro por la ventana. Veo pasar tanta hermosura, que termino declamando estos versos: “Si te detienes el tiempo suficiente en un lugar, / pasará ante ti el mundo entero”.

Tiene razón, mi hermano el alter ego, buscaré el sueño para que me descalifique. Mañana pasadme tarde diana; estoy soñando con versos palestinos:

HOMENAJE A LAS VÍCTIMAS DE GAZA

Cadáveres anónimos.
Ningún olvido los reúne,
Ningún recuerdo los separa...
Olvidados en la hierba invernal
Sobre la vía pública,
Entre dos largos relatos de bravura
Y sufrimiento.
"¡Yo soy la víctima!". "¡No, yo soy
la única víctima!". Ellos no replicaron:
"Una víctima no mata a otra.
Y en esta historia hay un asesino
Y una víctima". Eran niños,
Recogían la nieve de los cipreses de Cristo
Y jugaban con los ángeles porque tenían
La misma edad... huían de la escuela
Para escapar de las matemáticas
Y la antigua poesía heroica. En las barreras,
Jugaban con los soldados
Al juego inocente de la muerte.
No les decían: dejad los fusiles
Y abrid las rutas para que la mariposa encuentre
A su madre cerca de la mañana,
Para que volemos con la mariposa
Fuera de los sueños, porque los sueños son estrechos
Para nuestras puertas. Eran niños,
Jugaban e inventaban un cuento para la rosa roja
Bajo la nieve, detrás de dos largos relatos
De bravura y sufrimiento.
Luego escapaban con los ángeles pequeños
Hacia un cielo límpido.

(Mahmud Darwish.Traducción: María Luisa Prieto. Del poemario no pidas perdón 2004)


¡Viva la resistencia del pueblo palestino! ¡No a la ocupación! ¡No a la guerra y a la discriminación!

No es tierra para resignados e indolentes