lunes. 20.05.2024
Elly Schlein
Elly Schlein

Si hay un partido capaz de perder hasta sus primarias internas, ese es el Partido Democratico de Italia. Quizás alguién recordará como Pedro Sánchez consiguió revalidar su candidatura a la secretaría en 2020, pese a la contra llevada por los barones. Algo parecido ha pasado en Italia este domingo con Stefano Bonaccini, gobernador de la Regione Emilia-Romagna, que se ha visto derrotado en las urnas por su propia exvicepresidente en Emilia-Romagna, Elly Schlein (ya eurodiputada entre 2014 y 2019 en el grupo de los socialistas), a pesar del apoyo (casi) total de la directiva del partido y de las secciones locales y regionales.

Las primarias del Partido Democratico prevén un proceso electoral sui generis. En primera vuelta, hay más de dos candidatos (este año eran cuatro) y el censo electoral está conformado por los inscritos al partido (es decir, por la base militante). Los dos candidatos más votados llegan así al balotaje en segunda vuelta. Ahí, el voto se abre a todo el electorado italiano. Una decisión que se remonta a la idea original del PD de ser "el partido de todas y todos". Si en primera vuelta Bonaccini acabó con 18,5 puntos de ventaja sobre Schlein, en el balotaje se cumplió la magia: Bonaccini consiguió 505.000 votos (46,25%). Elly Schlein, alcanzó los 587.000 (53,75%). Puesto en términos de porcentaje, se trata una remuntada en que, posiblemente, creía tan solo el equipo de trabajo de Schlein y el highlander Dario Franceschini (el ministro de Cultura en casi todos los gobiernos del PD).

Lo más llamativo es que lo que quiere el partido, no es lo que quiere el votante de izquierda

El proceso –y no sólo el resultado– ofrece indicaciones muy relevantes sobre el estado de salud de la izquierda en Italia.

En primer lugar, lo más llamativo es que lo que quiere el partido, no es lo que quiere el votante de izquierda. El Partido Democratico se ha colocado en el centro del tablero, buscando ser el perno de un eje transversal que va desde el centro-izquierda hasta el centro-derecha. Detrás de ello hay una lógica aritmética que, en política, simplemente no funciona: el 1+1 nunca es igual a 2 (pregunten a Iglesias y Garzón y recuerden el pacto de los botellines). Los últimos dos Secretarios, Nicola Zingaretti y Enrico Letta, han buscado cautivar el electorado más moderado, tranquilizándolo, evitando usar un rojo demasiado fuerte para pintar la agenda social, y recordando que el PD era "la única alternativa" y "el único freno" a la ola negra surfeada por Giorgia Meloni y Matteo Salvini. Esta posición de medio, ni carne ni pescado, ha decepcionado tanto el electorado más izquierdista, cómo los segmentos más populares. No es un caso que el voto del PD se haya afianzado en las grandes ciudades y en las zonas de altas rentas per cápita, mientras se haya derrumbado en el Sur de Italia (a costa de un Movimiento 5 Estrellas que ha interpretado el papel de principal partido de izquierda). Esto les llevó al peor resultado de su historia en términos de votos absolutos (5,3 millones, con un 19,07% de las preferencias).

Si la derecha consiguió mantener sus votantes, el golpe sobre la mesa lo dieron los ausentes, los que no participaron. La abstención ha alcanzado niveles record (casi el 36%, nueve puntos más respeto a las elecciones de 2018) y mucho se debe a esa diáspora sin rumbo de ciudadanos decepcionados por el Partito Democratico. Tras las elecciones, el secretario Enrico Letta dimitió sin más resistencias. El nombre más acreditado era, ya por entonces (septiembre/octubre 2022), Stefano Bonaccini. Con un perfil centrado en "el buen gobierno", sin particulares rasgos ideológicos y con guiños al centro liberal ocupado por Renzi y Calenda, Bonaccini representaba una continuidad perfecta con el trabajo de Zingaretti y Letta. Algo que venía bien a toda la directiva de partido y a los gobernadores locales y regionales y, en particular, a los dos gobernadores del PD más importantes del Mezzogiorno: Vincenzo De Luca (Campania) y Michele Emiliano (Puglia). Bonaccini contaba con un apoyo masivo al interno de la estructura, lo que demostraba –una vez más– la lejanía de los dirigentes respeto a la sociedad.

Elly Schlein es la secretaria más joven en la historia del partido (37 años) y la primera mujer en el cargo más alto del Partido Democrático

El segundo punto a destacar tiene a que ver con los desplazamientos en el gran tablero de la política italiana. Elly Schlein ha ganado su partida poniendo en la mesa cuatro grandes temas: introducción del salario mínimo, ampliación de los derechos cíviles, recuperación del estado de bienestar (con inversión en Sanidad y Educación) y aplicar una "huella ecológista" en todas las políticas económicas y sociales. Schlein se coloca idealmente más a la izquierda que Bonaccini y eso dejaría campo libre a los liberales Renzi y Calenda para ocupar el centro. Eso significa que, en el lado izquierdo, habrá cierto hacinamiento, considerando que el PD podría ocupar ese espacio en que se está afianzando el Movimiento 5 Estrellas. Considerado el actual sistema electoral, lo más probable es que M5E y PD busquen un diálogo y se posicionen como co-protagonistas del nuevo polo progresista. Esto podría marginalizar ulteriormente los bandos de la izquierda extraparlamentaria (que ya de por sí no alcanza ni el 2%).

El tercer y último punto a destacar es la resignificación de la mujer y la renovada centralidad de la agenda feminista. Estos van a ser dos elementos claves en la contienda política, siendo elementos estratégicos y que, ahora, se concretan a través el contraste de las dos figuras más importantes del Gobierno (Giorgia Meloni) y de la oposición (la nueva Secretaria del Partido Democratico). Meloni y Schlein representan dos modos antitéticos de concebir la mujer. No es un caso que al eslógan de Meloni "Soy mujer, soy madre, soy cristiana", le respondió Schlein con "No soy madre pero sí soy mujer". Por primera vez en la historia de la "Segunda República" (la Italia post-tangentopoli, desde 1993 para adelante), el feminismo y sus conceptos clave podrían volverse un campo de lucha extremadamante sensible y, consecuentemente, volverse el eje de nuevas narrativas políticas.

El feminismo y sus conceptos clave podrían volverse un campo de lucha extremadamante sensible y volverse el eje de nuevas narrativas políticas

Este giro inesperado conllevará, naturalmente, oportunidades y desafíos. El Partito Democratico puede finalmente estirarse esas arrugas con que había nacido. Como por Benjamin Button, el PD nace viejo, una herencia de la tradición democristiana y de las corrientes más moderadas del Partito Comunista Italiano que se unen para hacer frente a los desafíos de la Seconda Repubblica. Elly Schlein es la secretaria más joven en la historia del partido (37 años) y, como dicho anteriormente, la primera mujer en el cargo más alto del PD. Además, la nueva secretaria es abiertamente bisexual: esto también es inédito, considerando que solo hubo un líder de partido abiertamente homosexual (Nicola Vendola de Sinistra, Ecologia e Libertà). Estas caractéristicas corresponden a un mensaje que se vehicula a prioriy que facilita la impresión de que habrá un cambio de rumbo. También, esta novedad podría reactivar la base militante y, en general, crear revuelo y motilidad al interno del variegado mundo de la izquierda italiana. Es evidente que se trata de una ocasión histórica para cambiar algo –aunque uno no se atreva a decir cuánto y cómo– y habrá fermento. Esto podría ayudar a llevar el foco sobre la oposición y, con ello, aupar una narrativa alternativa a la dominante (de derecha). El correspondiente desafío será conseguir aglutinar narrativas y perspectivas diferentes, buscando un horizonte común. Además, Elly Schlein tendrá que lidiar con el ardua tarea de mantener unido el partido, evitando escisiones sangrientas, y a la vez encontrar puntos de encuentro con otras fuerzas políticas que, hasta la fecha, han identificado el PD con el area liberal (y con razón).

La partida más importante empieza ahora y habrá tiempo de sobra, para la nueva Secretaria, para prepararse a las próximas elecciones políticas (que se celebrarán en cuatro años). No cabe duda de que, vaya como vaya, se trata de una ocasión de cambio totalmente inesperada.

Una oportunidad inesperada por la izquierda italiana