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viernes. 19.08.2022
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Giorgia Meloni, lider de Fratelli d'Italia

La campaña electoral italiana avanza con la definición de alianzas y coaliciones. La incógnita principal a considerar era la fractura entre el principal partido de centroizquierda, el Partito Democrático, y el Movimiento 5 Estrellas, liderado por el ex primer ministro Giuseppe Conte.

Las posibilidad de conformar un nuevo eje progresista se desvaneció por completo tras el "no" del PD. Así, el segundo partido de Italia ha buscado –y encontrado– el pacto con el centro liberal de Carlo Calenda (Azione), ex íntimo de Matteo Renzi. Además, parece ya muy probable que la izquierda parlamentaria, representada por Liberi e Uguali, vaya a sumar fuerzas con este nuevo cartel electoral.

Estos acuerdos dejan fuera al Movimiento 5 Estrellas que se va a presentar, para esta campaña, como "el tercer polo de la contienda y el único realmente progresista". Queda la duda sobre dos de los hombres políticos más controvertidos: el primero, Matteo Renzi, el principal king slayer de la política itaiana. El ex secretario del Partito Democratico podría abogar por una carrera en solitario, a pesar de balancearse sobre el inestable hilo del umbral electoral, fijado en el 3%. El segundo, Luigi Di Maio, encarnación del transformismo de una parte del Movimiento 5 Estrellas. Tras cortar el cordón con Giuseppe Conte, Di Maio ha operado una escisión para dar luz a "Insieme per il Futuro", encontrando el apoyo organizativo de Bruno Tabacci, hombre de la primera República y líder de Centro Democrático.

El escenario preanuncia una vuelta al tripolarismo, que se manifestó por primera vez en 2013 tras el gran éxito del Movimiento 5 Estrellas. Los partidos del centro liberal, que miran con más simpatía a la derecha que a la izquierda podrían, una vez más, ser los actores claves para determinar las mayorías parlamentarias.

Actualmente, las fuerzas históricas de la derecha (Forza Italia de Berlusconi, la Liga de Salvini y Fratelli d'Italia de Meloni) se presentan compactas ante la cita electoral del 25 de septiembre. Aún más, ya se consiguió llegar a un acuerdo para determinar quién va a ser el próximo primer ministro: lo decidirá el partido que consiga más votos.

Este acuerdo hace disparar las ya muy altas posibilidades de Giorgia Meloni de llegar a ocupar la silla más importante de Palazzo Chigi. Meloni, "hija" del Movimento Sociale Italiano, heredero del partido fascista, se prepara a una cita histórica con declaraciones de corte oficialista, aupando el atlantismo y subrayando la importancia que tiene –y que tiene que mantener– Italia en el tablero mundial.

El escenario político, en la actualidad, ve un probable declive numérico de la izquierda en el futuro arco parlamentario. En las últimas elecciones, el cartel electoral de Liberi e Uguali superó, por pocas décimas, el umbral electoral, consiguiendo alrededor de unos veinte escaños.

Tras la reducción del numero de parlamentarios (de 915 a 600), la lucha para mantener una delegación se presenta aún más dura que la de hace cuatro años. Es también por esto que el Movimiento 5 Estrellas busca hueco en el espacio dejado por el PD –que ha abogado para el centrismo– y por los partidos minoritarios de la izquierda.

La alternativa socialdemócrata, por lo menos en términos de narración, se podría encontrar en el partido liderado por Conte. Tras la salida de Di Maio y muchos históricos, el primer ministro que tuvo que guíar Italia tras los meses más duros de la pandemia busca dar un giro hacia las reformas sociales, abogando por la introducción del salario mínimo, el ecologismo, las políticas en favor de jóvenes y la lucha en contra de la pobreza.

Deslizándonos hacia el centro, el acuerdo alcanzado in extremis entre Enrico Letta (PD) y Carlo Calenda (Azione) prevé el seguimiento de la denomida "Agenda Draghi". Es fácil intuir como el continuar con los objetivos del ex número uno del Banco Central Europeo no vayan precisamente en una dirección progresista y de reducción de las desigualdades.

Por último, desde el bloque de la derecha la receta parece la de siempre: reducción de los impuestos (Salvini y su medida estrella, la flat tax), subida de las pensiones (un clásico del patriarca Silvio Berlusconi) y lucha firme en contra de la inmigración, hasta por medio de bloques marítimos (Giorgia Meloni, posible primer ministro mujer de la historia de Italia).

Considerando la anemia de la izquierda italiana y tras la decisión del Partito Democrático de abrazar el centro liberal (es decir, una derecha con ligeros tintes progresistas en lo de los derechos civiles), cabría espacio para un nuevo sujeto político o, en todo caso, para una reflexión profunda interna al espacio progresista italiano, siempre más marginal y que, en cierta medida, se autoexilia de la contienda para preservar un purismo ideal. Todo ello, mientras los ultra-conservadores y nostálgicos ponen el champán en la nevera, para que esté bien fresco para la noche electoral del 25 de septiembre.

La ultraderecha prepara el champán