lunes. 15.04.2024

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El abajo firmante es partidario del pensamiento incómodo, del que incomoda a quienes desde sillones de altas patas nos hacen la vida difícil a la gente de a pie sin pretender pelea, sino claridad y verdad. ¿Es esta la forma de proceder de quienes se sientan en los sillones de poder? ¿O estos eligen la pelea y la mentira para ejercerlo? Me temo que lo último. Tenemos un monstruo en la habitación cargado de uranio presto a estallar. Se nos anuncia que lo tenemos, y a continuación se pretende distraernos con rifirrafes en el Parlamento, festivales, concursos y muchos mensajes publicitarios. En uno de ellos puede leerse con grandes letras “Rusia es un peligro para Europa”, firmado por la señora ministra del ejército. Este mensaje, compartido ampliamente con fuentes oficiales europeas, se repite a intervalos calculados y prensa, televisión y el mismo Estado Mayor del ejército lo cuentan a intervalos y dosis adecuadas para no crear más alarma social que la conveniente. Es natural, porque “Rusia es un peligro para Europa” altera la paz de las gentes: crea inquietud, miedo, y no por último fuerte rechazo a Rusia, a la que se ve como país enemigo y una amenaza demasiado próxima, y el caso es que ni somos Ucrania -lo que justificaría ese mensaje- ni Rusia ha empezado a amenazar hasta que no se ha sentido amenazada en la puerta de su casa por la expansión de la OTAN tomando posiciones en sus fronteras. No se trata de defender la posición rusa, con el último zar absolutista al frente, pero tampoco podemos estar de acuerdo con el acoso a ese país que no ha hecho nada -hasta ahora- a ninguno de la OTAN, España incluida.

Los gobiernos de Europa y la OTAN se declaran a favor de la paz, pero nos mienten con respecto a eso y nos mienten con el argumento de que Putin quiere invadir Europa

Europa, al servicio de los Estados Unidos, aparece como una potencia ahijada amenazada por el monstruo cargado de uranio para justificar la ayuda OTAN. Y los EEUU, encantados, ya que son los que han iniciado el juego del acoso con sus imprevisibles consecuencias. Ahí tenemos la espiral de la violencia activa. Y ¿qué se puede esperar cuando la tensión no para de acrecentarse repitiendo el mantra del peligro del otro? ¿Una guerra? Grosso modo, esto último es lo que al parecer se está gestando a pasos de gigante con tantas declaraciones sobre la maldad de Putin, tantos ejercicios militares y tantos efectivos militares en suelo europeo. Tampoco tranquiliza ver cómo crecen velozmente la fabricación de armas, los gastos militares, los pequeños detalles de aparente inocencia como mostrar al mundo el submarino más mortífero en caso de guerra, y otras inquietantes pistas que forman en conjunto un clima prebélico altamente tensionado del que el Parlamento español no parece haberse enterado, empeñado en luchas entre familias, amnistía, tú más, y otros asuntos muy urgentes y vitales.

Oficialmente, los gobiernos de Europa y la OTAN se declaran a favor de la paz, pero nos mienten con respecto a eso y nos mienten con el argumento de que Putin quiere invadir Europa como parte de una política expansionista sin límite, cuando ni siquiera es capaz de conquistar más allá del 20% de Donetsk y Lugansk después de dos años de guerra. ¿Entonces? ... Claro que no hay que confiarse teniendo en cuenta que Rusia es una potencia nuclear que si se ve seriamente amenazada o agredida puede pulsar el botón rojo. Y más vale que eso no ocurra. 

De mal en peor: un clásico

Por su parte, el “amigo americano”, ha okupado Europa elegida como su nuevo patio trasero de lujo para continuar con su expansión geoestratégica, sus negocios armamentistas y su insaciable sed de riquezas ajenas. Pero debemos preguntarnos seriamente: ¿qué ventajas tiene para nosotros, los europeos, la presencia militar y la política agresiva de la OTAN? ¿Alguien lo sabe? Porque hace 10 años estábamos viviendo en paz con Rusia, pero desde el golpe de estado en Ucrania en 2014 del que los EEUU y Alemania no eran ajenos, todo ha ido de mal en peor: petróleo y gas más caros que el ruso, y los países de la Unión Europea conminados por Trump a invertir el 2% de su riqueza anual en las armas que el Tío Sam fabrica, mientras se nos impone de facto una economía de guerra que supone más gasto militar a costa del gasto social, aumento del número de familias pobres, del desempleo, de los precios de los alimentos, de fondos buitre expropiadores , y otras cosas de esa bondad. A la vez, las empresas de armamento, las empresas del IBEX y los bancos obtienen beneficios insultantes en tiempos de crisis. ¿A costa de qué y de quiénes? Se supone la respuesta.

Quisimos cambiar España -y hasta el mundo- y este es el resultado:

Los jóvenes europeos, y en especial los españoles, no encuentran empleo o malviven sin poder abandonar el hogar familiar para independizarse. ¿Cómo hacerlo con contratos basura, alquileres inaccesibles y con esta falta de estabilidad laboral y salarial que les impide formar una familia y vivir al menos con una solvencia como la de sus padres? ¿Es esto de recibo?

Las cosas han cambiado tanto para mal desde el 2008 hasta hoy, que son muchos los padres y madres que se ven obligados a formar parte de las colas del hambre degradados con sus hijos e hijas a pedigüeños sociales, mientras muchos de sus nietos apenas pueden comer algo en cuanto cierran en vacaciones los comedores escolares. ¿Debe ser Rusia, entonces, la mayor de las preocupaciones para los españoles, por ejemplo? ¿Debe serlo cuando vemos a diario la repugnante corrupción en la que andan inmersos muchos de los que alientan guerras y se enriquecen con ellas sin que la llamada Justicia consiga detenerla? ¿Debemos los españoles poner orden en Europa yendo contra otros europeos si se nos pide por Tio Sam, o debemos poner orden en nuestra propia casa?... Bajen, señorías, de sus altos sillones y vengan a las plazas públicas. Las del mercado y las del ágora: donde la gente de a pie. A ver si nos tranquilizamos, señorías.

¿Nos tranquilizamos?