viernes. 12.04.2024

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No quiero señalar a nadie, pero según un estudio realizado por la revista Journal of Basic and Applied Social Psychology, por término medio, las personas mentimos dos o tres veces al día. Este dato se queda corto comparado con otro estudio realizado por la Universidad de Southampton, que reveló que en una simple conversación de diez minutos, lo normal es decir alrededor de tres mentiras. Aquí entran referencias inventadas o falsas, omisiones y exageraciones. Pero vamos, que tanto si nos quedamos con lo que dice esa revista de nombre tan largo, como si nos fiamos de la universidad de Southampton, somos todos unos mentirosillos.

Aquí hay que hacer una valoración cualitativa. No es lo mismo que yo mienta en una conversación con mis amigos, a que lo haga el presidente del gobierno a todos los ciudadanos o que sean los medios de comunicación los mentirosos. Voy a excluir al presidente de cualquier gobierno y a mí mismo de estas reflexiones y me voy a centrar en los medios informativos.

Lo primero que yo les pediría a todos los periodistas del mundo es que tomen conciencia de lo importantísimo que es en su oficio elegir bien la palabra para representar las ideas. La exactitud del lenguaje radica en la correcta elección de los términos utilizados para dar una noticia. Fallar en esa labor conduce a mentir. No de forma deliberada, pero es mentir. Es una forma de mentira involuntaria, evitable, es una mentira fruto de no haberse detenido un momento para buscar la palabra correcta y utilizar la que les resulta más cómoda y la que todo el mundo se ha puesto de acuerdo para seguir utilizando.

Hasta ahora la cifra de muertos en Gaza casi llega a 33.000 personas más una cantidad incontable de heridos. Y no solo mueren por los bombardeos a sus casas, también mueren de hambre

Me estoy refiriendo a la llamada guerra de Gaza, o guerra entre Israel y Gaza. ¿Guerra? ¿Qué clase de guerra es aquella en la que todas las muertes se producen cuando las víctimas de uno de los bandos están en su casa, preparando la cena (ya improbable) o yendo al trabajo? (también ya improbable).

En cualquier guerra, los soldados tienen asegurado un rancho, pero las víctimas de esta guerra, no tienen asegurado nada, porque para empezar ni siquiera son soldados. Mueren porque se les cae la casa donde viven encima, mueren de hambre, mueren bombardeados yendo al hospital, o directamente en el hospital porque también se bombardean los hospitales. Mueren sin luchar, sin poder defenderse. ¿Qué clase de guerra es esa? La única lucha que libran es contra sus vecinos para ver quién se lleva un saco de harina, y aún en ese momento han sido ametrallados por el ejército contra el que nadie lucha.

Una guerra implica la existencia de dos ejércitos, como mínimo. Normalmente también hay un campo de batalla y soldados en ambas partes. En Gaza no mueren soldados, mueren mujeres, mueren niños, viejos, adolescentes, civiles todos, y esporádicamente un terrorista de Hamás. Tan esporádicamente, que cuando ocurre es noticia. También mueren soldados israelíes, pero no por los disparos de la población que muere a causa de los suyos.

Hasta ahora la cifra de muertos en Gaza casi llega a 33.000 personas más una cantidad incontable de heridos. Y no solo mueren por los bombardeos a sus casas, también mueren de hambre.

Y no, no soy antisemita, ni amigo de los terroristas ni defiendo a Hamás. Hamás es un grupo de gentuza repugnante que cometió una salvajada contra ciudadanos inocentes y desarmados. Más de mil ciudadanos fueron vilmente asesinados. Eso es inaceptable. Ante ese acto terrorista hay que enfrentarse a los responsables. 

Pero es que los que están muriendo no son los responsables. Y lo que está ocurriendo no es una guerra. 

Esto no es la guerra